No hay causa más legítima y honesta que la de personas jóvenes exigiendo justicia, en especial los estudiantes. El sentido de equidad y la pasión por la resolución de los problemas colectivos junto con la valentía, hartazgo ante situaciones indignantes y pensamiento crítico obtenido en las aulas, hace de los estudiantes el grupo perfecto para defender los derechos.
En reiteradas ocasiones a lo largo de la historia los movimientos estudiantiles han tenido un impacto importante en la lucha por los derechos y la defensa de la educación libre ante intereses políticos. En cada ocasión, observando el compromiso de la juventud con su lucha.
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Las universidades y centros de estudio debido a su importancia en la formación de la ciudadanía han sido objeto de intento de manipulación política e incluso fuente de intervención del Estado en la forma de educar a estudiantes. Por lo que este grupo se ha visto en la necesidad de defender una educación libre y de calidad.
Durante las últimas semanas, en la Ciudad de México, la comunidad estudiantil del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) ha protestado y tomado las instalaciones de su campus como muestra de inconformidad e indignación ante la imposición de José Antonio Romero Tellaeche como director ilegítimo, siendo esta la decisión de la directora del Conacyt, María Elena Álvarez-Buylla Roces.
Esta decisión fue tomada ignorando los procesos internos del centro de investigación y las voces de la comunidad universitaria ante su negativa por una imposición de un director; lo cual contrasta con la información dada por el Conacyt, donde se afirma que “todas las voces fueron tomadas en cuenta”.
Sin embargo, la actitud de Álvarez-Buylla y Romero Tellaeche ha sido de negativa ante el diálogo; a pesar de las peticiones de los y las estudiantes en el pliego petitorio, el diálogo se ha visto condicionado a la entrega de las instalaciones.
Después de días de protesta, Álvarez-Buylla accedió al diálogo; sin embargo, con la condicionante de negociar ciertos puntos que no incluyen la remoción de Romero Tellaeche, argumentado que, para negociar, los estudiantes también necesitan ceder. Lo que remite a una pregunta importante: ¿Por qué se tendría que negociar la ilegalidad e injusticia?
Más de una vez en la historia se ha escuchado de estudiantes luchando por libertad y justicia, elementos fundamentales para el funcionamiento en centros de educación superior. Y más de una vez se han politizado sus movimientos, descalificando sus motivos y ligándolos con los intereses de otros.
Sin embargo, la vista política no alcanza y no quiere a comprender las motivaciones honestas y legítimas de aquellos que tienen el espíritu de lucha y empatía con las necesidades colectivas; donde se tacha de manipulables a quienes, al contrario, protestan desde el conocimiento de lo que sucede, como resultado del pensamiento que se ha desarrollado en las aulas.
La sociedad es el reflejo de la educación, y la educación superior se encarga de formar personas con pensamiento crítico que puedan salir al mundo con una visión donde al construir su futuro, también contribuyan al desarrollo de la sociedad.
En un artículo de la revista University World News, Patrick Blessinger y Mandla Makhanya refieren que: “la sociedad recibe muchos beneficios de la educación superior, no sólo en términos de crecimiento económico, innovación y mayor calidad de vida, sino también en términos de fortalecimiento de la democracia, desarrollo de la sociedad civil, forjando una cultura compartida e inculcando hábitos mentales y de corazón necesarios en una sociedad contemporánea.”
La educación no fue hecha con el objetivo de crear personas sumisas, sino de fortalecer el conocimiento y pensamiento de personas que cuestionen y critiquen fuertemente al poder, que causen reflexiones incómodas porque es la única forma en la que se puede mantener la democracia.
Así, de ninguna manera y en ninguna circunstancia, la educación debe ser objeto de intervención política para los intereses de personas determinadas. La ciencia y la educación deben estar al servicio de la sociedad no de políticos.
El resultado de una formación universitaria de calidad es una comunidad estudiantil decidida a no aceptar aquello que es injusto, tanto para el presente como el futuro. Los movimientos estudiantiles desde las protestas del 68, pasando por los paros estudiantiles en Puebla el año pasado y hoy, el paro del CIDE, tienen un común denominador: la pasión por la justicia, la imposibilidad de manipulación y la negativa a la obediencia y sumisión.
La educación superior es un pilar para la sociedad, por lo que su lucha no sólo implica su formación como estudiantes, sino la de futuras generaciones y por ende de la sociedad misma. Por lo que defender y apoyar su lucha también es un deber colectivo, proteger a los y las futuras líderes que son clave para el progreso del país.