Opinión
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Mujeres empoderadas por el narcotráfico

Miércoles, Diciembre 1, 2021
Leer más sobre Laura Liliam García López
Mujeres con espacios de liderazgo al interior de los cárteles, a costa de la violencia de género
Presidenta de Paritè emprendimiento de género. Doctora en Derecho-CONACYT. Abogada y Maestra en Derecho Constitucional y en Ciencias Políticas BUAP. Doctorante en Estudios Legislativos de Género y Paridad CONACYT  
Mujeres empoderadas por el narcotráfico

La presencia de las mujeres en el narcotráfico cada vez es mayor. Desde la perspectiva de género, la participación femenina en el mundo de las drogas desafía los estereotipos y los códigos que rompen con el pacto patriarcal al interior de las mafias del narco. Partimos de que el narcotráfico es la actividad ilegal en el cultivo, fabricación, distribución, venta, control de los mercados de la droga ejercida por los hombres “capos de la mafia”, sin reconocer el papel que las mujeres han jugado en el proceso de crecimiento y expansión de la economía ilegal del narcotráfico.  

Género y drogas

El género hace referencia a las diferencias de comportamientos entre hombres y mujeres, y en su relación con la actividad del narcotráfico, hay que destacar que es una práctica machista en la apología de la masculinidad, que ponen en juego capitales de poder, económicos, sociales, bélicos y simbólicos, centrados en los códigos de honor y respeto de los Señores del Narco. Todos los narcos quieren ser reconocidos como figuras carismáticas con poder adquisitivo, hipermasculinizados que tienen la capacidad de producir violencia a una sociedad y en especial, una violencia de género hacia las mujeres.

En cuanto a las mujeres y las feminidades en el crimen organizado de las drogas, representan una dualidad, una dinámica de la exacerbación de la violencia de género producida por el narco, y del otro lado, el empoderamiento económico de las mujeres, a través de la complicidad en el negocio de las drogas. Las mujeres en las altas esferas del narco sufren violencia familiar y económica, y miles son violentadas si llegan a tener alguna participación; muchas otras son producto de la violencia del ejercicio del narco y se refleja en las desapariciones forzadas y feminicidios como en los casos de las ‘Muertas de Juárez’.

En el proceso del empoderamiento de las mujeres al incorporarse a esta actividad ilegal, se ejerce violencia de género y machismo por parte de los líderes de los cárteles. Esto se explica con la teoría de Queer, que observa que el narcotráfico es un dispositivo de poder sexo-genérico, en el que el poder de los hombres hacia las mujeres es una plataforma de proyección en la industria del narco que construye su capital económico, social y simbólico. Sin embargo, muchas mujeres buscan el poder, el enriquecimiento y la fama, a cambio de entrar en el mundo de la delincuencia organizada.    

El empoderamiento de las mujeres en el mundo de la droga cada vez es más visible. Las mujeres han sido utilizadas por muchos años como agricultoras de plantas de la droga y mulas, pero cada día claman por mayores espacios de participación y liderazgo en los cárteles. En la actualidad los principales cárteles de la droga han reclutado a mujeres entre sus filas para realizar diversas actividades, desde el empleo para ser administradoras de los recursos hasta las posiciones de líderes de jefas de las plazas. Visibilizadas como mujeres del negocio del narcomenudeo hasta llegar a ser las jefas del cártel, en series de narcos como “La Reina del Sur” “Las Muñecas de la Mafia”, y en los narcocorridos “Camelia, La Texana” y “Victoria, La Mala”.

Las mujeres del narco legitiman su influencia con poderío; ejemplo de ello es María Eva Ortíz, “La Mamá Eva”, quien representa al Cártel de Santa Rosa de Lima, las Cachorras de Los Zetas, grupo de mujeres sicarias, familiares de dicho cártel, o las Panteras, que trabajan para diferentes organizaciones como el Cártel de Jalisco Nueva Generación, Cártel de Sinaloa y Cártel de los Hermanos Beltrán Leyva. Estas mujeres están al mando de estructuras criminales de los cárteles de las drogas, y han asumido el control de liderazgo en operaciones de alto riesgo.

Es común decir que el narcotráfico es un asunto de hombres, sin embargo, la red del narcotráfico, involucra a las mujeres en su producción y distribución. Las mujeres están vinculadas directa e indirectamente en esta actividad ilícita, desde su procesamiento hasta su comercialización, ya sea como líderes de los cárteles, cultivadoras de las plantas, trabajadoras de las maquiladoras de los productos, mulas, contadoras, representantes legales de las compañías y jefas de las plazas, lo que ha llevado a pronosticar que más del 35% del trabajo de los cárteles es ejecutado por mujeres que realizan estas actividades delictivas.

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) y el Gobierno de Colombia, realizaron en septiembre de 2021, el foro ‘Intercambio de Experiencias Nacionales e Internacionales sobre Mujeres y Narcotráfico’, para reflexionar sobre la situación de las mujeres con relación a la producción, comercialización, tráfico y consumo de drogas, en el que invitaron a diversos países miembros de la ONU a debatir, y concluyeron que las mujeres que participan activamente en el narcotráfico están tomando fuerza y representan de un 25 a 30%  en el negocio.

Algunas mujeres se han empoderado a través del narcotráfico y han manejado los hilos de las organizaciones dejando de ser “la mujer de” para combinar con soltura dos realidades paralelas y ser las “líderes de” los negocios del tráfico de drogas. Estas mujeres han sido capaces de dirigir organizaciones multimillonarias y negocios ilícitos por décadas, entre ellas se encuentran Ignacia Jasso, La Nacha, primera narcotraficante que logró establecer su organización con los cárteles más importantes de México; Sandra Ávila Beltrán, La Reina del Pacífico, una de las grandes narcotraficantes mexicanas, enlace de los capos colombianos y cárteles de Sinaloa y del Golfo. Leticia Rodríguez Lara, Doña Lety, tuvo bajo su liderazgo a tres carteles, el del Golfo, Los Pelones y Los Zetas.

Hay otras mujeres que también han ascendido hasta lo más alto de las estructuras de los cárteles como Griselda Blanco, “La Viuda Negra”. En Cartagena, Colombia fue la pionera en activar a las mulas, Enedina Arellano Félix, “La Narco Mami” del cártel de Tijuana, quien heredó de sus hermanos el mando de la organización, y Marllory Chacón, La Reina del Sur, traficante de cocaína en Centroamérica. Todas ellas han sido investigadas, procesadas y condenadas por sus actos delictivos al igual que los hombres líderes del narcotráfico; sin embargo, en su momento vivieron “poderes de la sombra”, participando como trabajadoras, compañeras sentimentales y como miembros de las familias.

Muchas otras también se han capitalizado en la esfera del narco. Las llamadas narcoinfluencer, buchonas, narcoesposas y novias del narco, han tenido un rol activo en los cárteles. Su propósito es el de expandir el estilo de vida de los narcotraficantes, todo con el fin de incluir a más mujeres en el gusto de la narcocultura, y del hiperconsumo de movimiento del narco; es decir lo que se proponen es desviar el contexto social del crimen de la droga, y justificar mediante la naturalización de la actividad económica, que provee exaltación de poder, lujos, opulencia, derroche, poderío económico, etc., que son las necesidades y aspiraciones de una sociedad que vive en el consumismo.

Un caso de analizar es Emma Coronel, primera esposa de un narco condenada por el delito de narcotráfico, que rompió con el statu quo asumiendo el control de su proceso legal, dejando de ser la “esposa de” para defender sus derechos, sentenciada a tres años de cárcel por la Corte Federal de Estados Unidos. Emma, es culpable por tres delitos: conspiración para distribuir drogas, lavado de dinero y de involucrarse en transacciones y negocios del cártel, lo que concluye su función de liderazgo y participación dentro de la organización del Cártel de Sinaloa.

Otros casos de narco fashion y construcción de sentidos de vida por la narcocultura es Lorraine Cutier, “la influencer de día y traficante de noche, una joven millonaria de Brasil, procesada por vender droga en Cracolandia. Otra la influencer Keilanny Boo, relacionada por ser pareja sentimental de uno de los líderes del Cartel de la Unión Tepito; la narcodiputada Lucero Sánchez, expareja del Joaquín Guzmán Loaera, El Chapo Guzmán; la Miss Narco de Sinaloa, pareja sentimental del Indio, y una más Kate del Castillo, quien después de su reunión con El Chapo produjo su serie “Cuando conocí al Chapo”. Sin embargo, las narcoseries y el narcomarketing son una proyección fuera de la realidad, que sólo promueven el estilo de vida de los narcotraficantes, sin entrar a la ola de criminalidad.

Nadie lo puede explicar mejor que la experta y reconocida en temas de narcotráfico, Anabel Hernández, en su libro Emma y las otras señoras del narco”quien una vez más pone a la luz la relación de los capos de la droga con la participación de las mujeres en el mundo del narco a través del poder, dinero y relaciones personales. La autora resume grosso modo, cómo diversas mujeres públicas, han asumido un rol dentro del narco para empoderarse en el negocio del crimen organizado.

En conclusión, hay que analizar la investigación periodística de Anabel Hernández, la cual es reveladora, porque nos señala el machismo estructural en las organizaciones del narcotráfico, y también el grado de complicidad de las mujeres al participar activamente para empoderar el negocio criminal, a cambio de prebendas y posiciones de liderazgo dentro de los cárteles a las cuales califica como“Las mujeres de los narcos son mucho más que muñequitas de la mafia”.

 

 

 

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