Aunque duele decirlo, pero no hay democracia sin partidos políticos. Lo digo porque se trata de la institución política más desacreditada, equiparable incluso con los policías de crucero, que es decir lo más corrupto de todo lo corrupto. Sin embargo, su participación es fundamental. Es el principal insumo de la democracia. Ellos son las partes que fundan y organizan el todo. En teoría, son por excelencia la expresión de la pluralidad política: los anhelos locales y regionales. Aunque en los hechos ninguno de los partidos suele atenderlos.
He aquí una de las razones del desprestigio. La representación política es una simulación. Pero está en el ánimo de lo deseable para la gente del común y los especialistas. Los partidos son las partes en disputa. Sin partido no hay organización política ni orden y consenso en el acceso a los puestos de gobierno. Destruir los partidos es destruir los cimientos de la democracia. Recuerdo que antes de ser gobernador, Rafael Morena Valle pedía que sólo hubiera dos partidos y un periódico. Los partidos eran el PRI y el PAN y el periódico, El Sol de Puebla. Lo demás era gula política y por lo tanto prescindible. El presidente López Obrador descree y combate la pluralidad política. Como Moreno Valle, es partidario de dos partidos: Morena y el PAN (él y los otros). El periódico -qué duda cabe-, es La Jornada.
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Por eso es digno de ponderación la experiencia del domingo del partido Acción Nacional. Se trata de una lección ejemplar de democracia interna para el resto de los partidos políticos, que sobreviven montados en la insubordinación. En particular lo es para Morena y el PT, la coalición dura en la Presidencia de la República. Son partidos que dicen promover la democracia pero que ellos distan mucho de ser ejemplo de lo que pregonan. Sus instituciones y órganos de gobierno son pura simulación. Los tienen sólo para acreditar el registro, pero en los hechos no tienen ningún valor, y no son acatados, salvo cuando se trata de combatir adversarios por instrucciones de mero arriba. La principal característica de ambos partidos es su nula democracia interna. Dudo mucho que Morena y el partido propiedad del señor Alberto Anaya alguna vez lleguen a celebrar elecciones para nombrar a sus dirigentes. Morena cuantas veces lo ha intentado tantas veces ha fracasado. El caso es que la democracia no es lo suyo. De allí la denominación de tribus. En referencia a su condición salvaje. Incluso en algún momento se llegó a decir que el PAN se había perredizado y que de sus filas habían emergido tribus. Pero ahora sabemos que es un partido con instituciones y órganos de gobierno. Y lo verdaderamente importante: que esas instituciones y esos órganos son acatados. Al final del día, el PAN ganó mucho más de lo previsto, y se colocó como partido moderno, democrático y decente.
Chayo News
Urge que haya presión de la comunidad académica y universitaria, pero de manera primordial del INAH para presionar a los gobiernos de los tres niveles y salvaguardar el patrimonio nacional (me refiero los archivos históricos de los pueblos), sometido a las peores inclemencias, en mucho por ignorancia, pero también porque no es redituable ni económica ni políticamente para los alcaldes. Sin pasado no hay presente ni futuro que valgan. Sin esas imágenes que son el cemento de nuestra cohesión social, acabaremos como zombis flotando hacia la medianoche. Documentos de finales del siglo XVII, la independencia, la reforma, el liberalismo, el porfiriato, el constitucionalismo y la posrevolución, literalmente devorados por la humedad de la Sierra. Cartas firmas por Maximiliano y Carlota, organización de los comités de reelección de Porfirio Díaz, y las hazañas de los llamados Tres Juanes de la Sierra. La irresponsabilidad es sucesiva, pasa de una administración a otra.
Nota. Ya habrá tiempo de contar sobre una experiencia comunitaria social y ambientalmente responsables de un grupo de jóvenes de la comunidad de Acapalapa, entre Tlacuilotepec y Pahuatlán en la Sierra Norte.