Opinión
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El burro, apreciado y maltratado…

Jueves, Noviembre 11, 2021
Leer más sobre Rafael Alfaro Izarraraz
Hace falta que gobiernos municipales apoyen a las comunidades donde el burro es muy importante
Doctor en Ciencias por el Colegio de Postgraduados-Campus Puebla. Profesor del Doctorado en Ciencias Sociales de la UATx. Coeditor de la revista científica Symbolum, de la FTSSyP.
El burro, apreciado y maltratado…

El burro ha sido adoptado por las familias cuyos ingresos son de los más bajos en el país. La opción del burro es una opción económica que les permite ahorrar dinero y contar con un medio de transporte que adaptan a las condiciones orográficas del lugar y que les permite ahorrar debido a que su costo y mantenimiento es menor que al de un caballo. Lo que en cierto modo también ha impactado su existencia, pues en no pocos lugares se le exige demasiados sacrificios, como la carga y las distancias que recorre diariamente.

En las comunidades existen burros asociados a “familias con escasos recursos y como animales de trabajo que les brindan un apoyo esencial. Son animales rústicos, poco exigentes, robustos, sobre todo con relación a su tamaño corporal relativamente pequeño, y son baratos. Su carácter es dócil y son muy inteligentes; son animales muy sufridos y de gran resistencia. Esta combinación de características hace del burro un animal de trabajo excepcional” (J.C. Chirgwin, P. de Roover, J.T. Dijkman, 2000, III).

El caballo, por su peso y tamaño, es difícil que se pueda adaptar a condiciones en donde la orografía juega en su contra. Y precisamente debido a sus características, resulta un gasto que solamente entre las familias de ingresos medios para arriba, de algunos lugares lo logran. No asociados a la producción y reproducción de las familias sino a su uso como símbolo de poder local y “estatus” social. Sobre todo, en comunidades y pueblos en donde existe un núcleo pequeño de campesinos con ingresos por encima de la media.

Se puede observar la presencia del burro en el centro y sur del país, principalmente, su presencia es más escasa hacia el norte. Se adaptó a ambientes serranos en donde su tamaño y fortaleza constituyen sus cualidades principales. Donde vive la población de origen mesoamericano. Curiosamente adaptado a los clasificados como pobres. Siguen siendo muy importantes a pesar de la presencia de vehículos automotores, como la moto fundamentalmente que lo ha desplazado en algunos sitios.

En las comunidades más apegadas al mundo rural y alejadas de las cabeceras municipales, el caballo nunca ha sido objeto de aprecio por razones histórico-culturales. El burro se ha ganado un lugar por sí mismo y sin competir con el caballo porque el caballo nunca ha tenido un lugar en estas comunidades de origen mesoamericano, salvo algunas excepciones. Con el burro se ha conformado un sistema de movilidad local adaptado a las condiciones de comunidades productoras de pulque, leña, artículos de madera, tierra para jardines y carbón.

En esa microeconomía pulquera y no pulquera, por ejemplo, prevalece esa actividad asociada al burro por su importancia para los ingresos de las familias. Lo anterior, a partir de su adaptación (en una relación recíproca) entre los burros y las condiciones ambientales locales, la relación que guardan en su interior, así como con respecto al mundo externo y sus vínculos socio-históricos. En estas comunidades es común escuchar todo el día los rebuznos de estos animales. Es una peculiaridad de estos lugares escuchar esos sonidos.

El nombre de “burro” tiene diversos orígenes, uno de ellos es el que se cuenta en algunas comunidades con influencia del catolicismo. Dicen que el “señor” estaba llamando a los animales por su nombre uno a uno, cuando llegó el momento de llamar al “asno” este no hacía caso y se encontraba distraído mientras el señor le llamaba una y otra vez. Cansado, le dijo algo así como: burro, te estoy hablando a ti”, y cuando dijo esto el señor, entonces el asno volteó y de esa manera se le quedó el nombre de burro. En algunos lugares se le conoce como asno.

En el mundo son muy importantes los animales (300 millones se calculaban J.C. Chirgwin, P. de Roover, J.T. Dijkman, 2000) para numerosos segmentos de la población que ha clasificado como marginada y excluida o como desvalida y con ello también se descarga al clasificarla, una imagen simbólica que se traduce en considerar a estos grupos como inferiores en la escala jerárquica de las valoraciones sociales que inferiorizan a estos grupos. Sobre los animales de trabajo, dicen J.C. Chirgwin, P. de Roover, J.T. Dijkman (2000, III):

“Los servicios que prestan estos animales son rara vez apreciados por los dirigentes oficiales de territorios, naciones o de regiones. Por otro lado, las personas que se benefician directamente y en forma cotidiana de su ayuda no disponen de los medios para dar publicidad a estos hechos; y aquellas tampoco reciben programas de asistencia técnica para poder hacer un mejor uso de estos animales. Se estima que hoy que, en el mundo y cada año, no menos de la mitad de las labores de preparación para cultivar la tierra y la mayor parte del transporte de corta distancia se efectúan con animales de trabajo”.

También entre los animales existe cierta preferencia porque de alguna manera unos animales y no otros, se pueden adaptar mejor a ciertas circunstancias geográficas, climáticas y sociales. De manera particular, como animales de trabajo se destaca la labor de equinos y bovinos, para el caso de Europa y América. Camellos, búfalos y yaks en Medio-oriente, África y Asia. Perros y renos son preferidos en regiones árticas; pero, generalmente, los burros no son considerados con el mismo interés de otros animales (J.C. Chirgwin, P. de Roover, J.T. Dijkman, 2000).

Lo anterior se debe al hecho de que la actividad de los burros está vinculada a grupos que, parafraseando a Frantz Fanon, son fieles representantes de los “los condenados de la tierra”. Y en este caso de comunidades fuertemente arraigadas en formas de reproducción locales, cuyo vínculo con el mundo exterior ha sido permanente, pero en una relación en la que los vínculos de las comunidades, de sus integrantes, se establecen con la sociedad periférica no central de las grandes o medianas ciudades o de manera total con ciertos pueblos.

En algunas comunidades se puede observar que el burro ha sido poco a poco sustituido por la motocicleta. Lo anterior debido a que su uso permite mayor velocidad en los desplazamientos, cosa que el burro no puede. Se puede observar en jóvenes no tan vinculados a labores tradicionales. El uso de la moto, más barata que el auto, permite desplazarse con cierta rapidez, cargar objetos de mayor peso, trasladar un enfermo de manera urgente, determinadas circunstancias a las que el burro no se adapta. En las familias más arraigadas en ciertas formas de subsistencia la moto no tiene cabida.

El burro en tanto adaptado a un segmento bastante amplio de la población que recibe una renta menor, también vive circunstancias difíciles que hacen que su vida esté por debajo de la normal que establece, debería vivir. Por ejemplo, el promedio de vida de un burro es de cuarenta años, pero en las comunidades el burro no llega a esa edad, ni siquiera a los veinte años, según encuestas que se realizaron en algunas comunidades del sur del país.

Hace falta que los gobiernos municipales apoyen a las comunidades en donde el burro es muy importante. Se pueden hacer campañas de sanidad animal, cuidados, alimentación, usos del mismo burro, cuidados que se le deben prestar, recuperando la tradición local y experiencia obtenida en su trato, por supuesto.

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