Autonomía y retorno voluntario a clases presenciales

Martes, Octubre 12, 2021 - 07:39

Es urgente resolver los criterios que debemos considerar para decidir el regreso a las aulas

Licenciada en Filosofía por la UAP con mención honorífica. Realizó la Maestría en Filosofía por la UNAM y la Maestría en Ciencias del Lenguaje por la UAP. Es candidata a doctora en Filosofía por la UNAM. Se desempeñó como coordinadora del Colegio de Filosofía y del posgrado en Ciencias del Lenguaje en la BUAP, donde se ha desempeñado como docente en nivel licenciatura y posgrado. Es la primera mujer en asumir la Secretaría General de la BUAP.        

Según declaraciones hechas públicas, pronto se emitirá la convocatoria para elegir un nuevo consejo universitario, recuerden que el actual es ilegal.

El hecho de que se hayan desechado los amparos presentados, según informó la administración de la BUAP, no vuelven legales las acciones llevadas a cabo por el consejo universitario ni tampoco se detiene el curso de las acciones jurídicas emprendidas. Mientras éstas se resuelven definitivamente, la vida universitaria sigue su curso y los universitarios debemos participar de tal manera que los órganos de decisión incluyan las voces de quienes estamos por democratizar y devolver el ejercicio de sus derechos a todos los universitarios.

Ya hemos señalado los males que aquejan a nuestra universidad, pero también hay necesidades muy urgentes de resolver. Me refiero específicamente a los criterios que debemos tomar en cuenta para decidir el regreso a clases presenciales.

¿Hasta cuándo mantendrá la administración el pretexto de la pandemia para manipular los procesos de elección y seguir conculcando los derechos políticos de los universitarios?

Para nosotros la pandemia no es un pretexto; es un mal que ha puesto de manifiesto y ha profundizado las condiciones de desigualdad entre los estudiantes, docentes y trabajadores no académicos. Preguntémonos: ¿Es justo reprobar a un alumno en las condiciones excepcionales en que cursa una materia? ¿Es justo evaluar negativamente el desempeño de un maestro o maestra que tiene que adaptarse a una enseñanza virtual para la que no fue contratado(a)? ¿Es justo exigir al personal no académico el desempeño de sus funciones a cualquier hora del día?

La enseñanza virtual se instauró como una necesidad, pero sabemos ya del atraso irreversible provocado, de la falta de aprovechamiento de los alumnos, ya no digamos del incremento alcanzado en el nivel de deserción. ¿Cómo enfrentar el rezago? El confinamiento no sólo hizo visibles las carencias de la infraestructura educativa, sino que mostró que el paradigma de la enseñanza es presencial: el estudiante requiere socializar con sus compañeros y compañeras y el docente requiere interactuar con sus alumnos y alumnas a fin de conocerlos realmente y poderles la atención personalizada que ellos y ellas necesitan. Es un hecho que el aislamiento ha provocado una serie de desequilibrios emocionales que el retorno a clases presenciales podría paliar en alguna medida.

Aunque el retorno a clases presenciales podría ir acortando los desfases académicos y emocionales, a nadie se le debe obligar. El regreso debe ser voluntario, como lo ha sido la vacuna. Y ahora que ya se han empezado a vacunar en nuestro estado a las personas de 18 a 29 años, con mayor razón estamos en condiciones de perfilar un regreso a clases presenciales. Es el caso de los estudiantes del nivel superior, cuya edad promedio de ingreso es de 18 años.

Cada docente y cada estudiante tiene derecho a decidir si regresa o no a clases presenciales. Y en cada salón de clases se deberán observar obviamente las medidas sanitarias: uso de mascarillas, sana distancia, toma de temperatura, y se tendría que guardar cuarentena en caso de que se presentara un enfermo de Covid. Este procedimiento es el empleado en todas las instituciones educativas nacionales y extranjeras. ¿Por qué no podríamos aplicarlo también nosotros?

Así como mis alumnos me han planteado esta posibilidad y nuestro coordinador ya nos había dado la opción cuando iniciamos el semestre de otoño, seguramente están en similares condiciones miles de universitarios más. ¡Lo que necesitamos es que la universidad abra sus puertas!

Claro, para nosotros, los que vemos la actividad política como parte esencial de nuestro quehacer universitario, la pandemia ha sido el pretexto ideal para manipular el reciente proceso de sucesión rectoral y cualquier elección venidera. Pero es importante recordarles a nuestros estudiantes que si bien sus deseos se vieron truncados en los casos del nombramiento de la dirección de su unidad académica, para la definición de sus consejeros universitarios únicamente ustedes van a votar. Aquí no hay voto ponderado. Los estudiantes votan por los estudiantes. Los docentes por los docentes y los trabajadores no académicos por los trabajadores no académicos.

No necesitan la bendición de nadie para registrar sus fórmulas. Sólo tienen que cumplir con los requisitos que marque la convocatoria. Tampoco necesitan la franquicia de ningún movimiento. Sólo necesitan plasmar en su plan de trabajo las demandas estudiantiles más sentidas por su comunidad. Su representante no necesita ser alguien especial, sino alguien dispuesto a mantener la comunicación con ustedes a fin de garantizar que su voz llegue al consejo.

Lo mismo funciona para los docentes. Sólo necesitamos que se registren compañeros o compañeras cuya trayectoria hable por ellos y ellas como personas íntegras y solventes académica y moralmente; dispuestos a representar los intereses de su comunidad y no los del director o directora en turno.

Es claro que los trabajadores no académicos buscarán el mismo tipo de representantes, comprometidos con sus necesidades y no con los intereses de la administración.

¿No les parece a ustedes de la mayor importancia llevar con nuestro voto a los mejores consejeros universitarios en aras de la conducción colegiada más congruente con el ejercicio de una auténtica autonomía universitaria?