Miércoles, 20 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

¡Basta de la indiferencia gubernamental!

En tanto los gobernantes no escuchen, la violencia y desigualdad de género seguirá agravándose

Samantha Vásquez

Poblana, estudiante de Comunicación, fotógrafa, egresada del Bachillerato Internacional 5 de Mayo, y creadora del blog El Centinela Journal. Reportera de Fórmula 1 en Corner Mx. Amante de viajar, descubrir nuevos lugares, la lectura y la música.

Jueves, Septiembre 30, 2021

El día de ayer en la conferencia mañanera, el presidente Andrés Manuel López Obrador realizó nuevamente declaraciones que estigmatizan y demeritan el movimiento feminista, donde señaló que: “Los veo muy conservadores estos movimientos, muy conservadores.”

“Es un error el demandar un derecho con el uso de la violencia, todas las protestas deben ser pacíficas, no a la violencia. Ahora se han venido dando estos actos de violencia que antes no se presentaban; es un fenómeno nuevo que tiene que ver con el inicio de nuestro gobierno, por eso desconfío de su autenticidad. En vez de ayudar a las causas, las afecta”

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Todo este discurso contrasta con la situación actual del país, donde de acuerdo con datos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana se reportó que en agosto de 2021 se registraron 107 feminicidios, mes con más casos en lo que va del sexenio.

Además, los datos arrojaron que de enero a agosto hubo un aumento del 8% de estos delitos con respecto al mismo periodo del año anterior; lo que refleja que la situación de los feminicidios sigue agravándose.

Desde el discurso gubernamental no es nuevo que el presidente se refiera como opositores a personas y movimientos que visibilizan la situación real del país. Tampoco que llame conservadores o conservadoras a quien critica su gestión y exige resultados en cuestión de violencia o equidad de género.

Sin embargo, la gravedad de sus declaraciones no sólo se limita a lo discursivo, sino que resalta el poco interés desde el nivel más alto de gobierno en poner atención al verdadero problema.

Además, es un reflejo de la gestión que tiene el gobierno para solucionar el problema de violencia y desigualdad de género, donde si bien, sus políticas públicas prometen resultados que reviertan el problema, la mayor autoridad dentro de estas no parece interesarse por hacerlo.

Por otro lado, el presidente vuelve a llamar “nuevo” al movimiento feminista, afirmando y dando por hecho que en sexenios anteriores no existía; cuando en realidad es un movimiento social mundial que lleva años exigiendo sus derechos.

Una característica que se repite en el discurso de AMLO, es que como personaje toma el papel de víctima para ignorar el hecho de que es el primer responsable en implementar medidas efectivas que tengan como resultado la mejora de las condiciones de vida de las mujeres y niñas del país.

Por lo que dirige la atención a una pregunta clave: ¿Cuál es el verdadero problema que ve el gobierno? ¿Se trata de un problema de imagen que se puede resolver ignorando las exigencias sociales?

En el marco del aumento de los feminicidios, es una necedad seguir desviando la atención a un problema que no existe e ignorar las causas por las cuales las mujeres salen a luchar y exigir sus derechos.

Otro de los aspectos del discurso del presidente es el énfasis en la forma de protestar, donde refiere que las protestas deben ser de forma pacífica. También, comparando a mujeres de la historia de México como Josefa Ortiz de Domínguez o Carmen Serdán con las mujeres que salen hoy a marchar a las calles.

Estas declaraciones llevan a una reflexión acerca del papel que tuvieron las mujeres mencionadas en la historia, donde Josefa Ortiz de Domínguez conspiraba contra el virrey de la Nueva España y Carmen Serdán trasladaba armas bajo su vestido para el movimiento revolucionario en Puebla.

Ninguna de las mujeres mencionadas buscó agradar y la simpatía de otras personas para su movimiento, sino que recurrieron a la acción -no pacífica- para hacer un cambio en las condiciones de vida para ellas y las personas, quienes en ese momento eran reprimidas.

Hace unos días, el presidente desde Palacio Nacional celebró la Independencia de México, un movimiento armado que duró once años, los cuales no estuvieron llenos de negociaciones pacíficas.

Por lo que se vuelve un acto de incongruente celebrar la historia que, explícitamente, está llena de cambios revolucionarios por medio de batallas -no pacíficas- que fueron resultado del hartazgo por las condiciones de vida, y exigir que los cambios necesarios hoy en día se hagan de manera silenciosa y buscando la simpatía.

Demeritar las formas de protesta de quienes luchan por sus derechos es un retroceso para garantizar el derecho de las mujeres a tener una vida digna. Es un error pensar que los actos violentos son salir a protestar y no recordar los 11 feminicidios que ocurren diariamente o los casos de niñas acosadas y abusadas, que es la verdadera violencia.

En tanto los gobernantes no escuchen las exigencias sociales, ni estén abiertos a dejar de ignorar la situación, implementar medidas eficientes y trabajar en conjunto con las mujeres que están alzando su voz; el problema de la violencia y desigualdad de género seguirá agravándose.

¿Es conservador pedir justicia por aquellas que no volvieron? ¿Es conservador cuestionar la muerte de decenas de mujeres al día? ¿Es conservador protestar y hacer escuchar su voz porque de las formas pacíficas no fueron escuchadas? ¿Es conservador cuestionar un gobierno que no tiene resultados en cuestión de violencia y equidad de género?

No se trata de lados, de opositores o conservadores que buscan dañar la imagen del presidente, se trata de mujeres hartas de la situación de violencia, hartas de la desigualdad y hartas de la injusticia e impunidad; se trata de mujeres que luchan por los derechos de todas.

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