¿Por qué somos pobres?

Miércoles, Septiembre 15, 2021 - 06:03

El problema de fondo es la corrupción de los gobernantes, no la mala suerte de los pueblos

Diletante. Apasionado del ensayo como género político-literario, liberal de 24 horas con estudios en Antropología Social. Líneas de interés: las desigualdades y pobreza, aderezadas con una pizca del papel de los intelectuales en sociedades democráticas.

Con esa lucidez tan suya, en Problemas de interpretación, Soledad Loaeza abre su comentario con un párrafo redondo: “Todo gobierno para ser exitoso tiene que leer la realidad con tanta precisión como le sea posible. Sólo así puede acomodar sus recursos y sus restricciones a los objetivos que persigue; sin embargo, ese propósito no es tan fácil de cumplir, primeramente, porque el gobierno puede haber errado en su evaluación de los medios de los que dispone para gobernar. Si llega al poder con los prejuicios que articularon su campaña política o con un ideal que no tiene forma ni dirección, no sabrá interpretar el contexto.”.

Si nuestros gobernantes leyeran correctamente nos habríamos ahorrado por lo menos una crisis económica. Dice que entre el país en la cabeza de los políticos y el que se vive en la vida real hay una gran brecha, que se ensancha con el paso de los años y los sexenios (Nexos, septiembre). Es la incompetencia de los gobernantes, no es la mala suerte de los pueblos, lo que tiene a la nación en el último peldaño.

Octavio Paz ve en el patrimonialismo el origen de todos los males nacionales; esa costumbre endémica en la que el gobernante no distingue entre el patrimonio personal y el público: entre lo suyo y lo ajeno. Trata los asuntos y recursos del Estado como suyos. Entre el dinero público y su bolsillo no hay distinción. Al patrimonialismo le debemos muchas cosas abominables, dice el poeta. Entre las primeras enlista la corrupción, el nepotismo, el espíritu cortesano, las camarillas, el compadrazgo, y otros vicios de la vida pública. Es la expresión del Estado providencia, el que lo mismo redime que mata. Todo en función de los deseos del Príncipe.

El patrimonialismo se origina y arraiga en la Colonia con la venta a particulares de los puestos públicos. Hoy se compran entregando financiamiento a campañas. El destino de un país sujeto a los humores del gobernante. No es la Constitución que en acto solemne juran cumplir y hacer cumplir, son las obsesiones individuales y de grupo. Ninguno se toma la molestia de entender los problemas para implementar remedios. Por ejemplo, todos están obligados a gobernar con base a un plan de gobierno, previa consulta a la población (artículo 26, CPEUM). Todos se limitan a cumplir con el requisito legal y se olvidan de él. El patrimonialismo lo tenemos de vuelta con los gobiernos de Morena. ¿Cómo se explican el cacicazgo de la familia Monreal en Zacatecas, o de la familia Mier en Puebla, con hijos en puestos de representación popular, sin que ninguna logre hilar dos ideas seguidas de bien común?

El eminente Gabriel Zaid en uno de sus libros más ponderados y más traducidos, El progreso improductivo, denuncia (me parece la palabra mejor ajustada) que el Estado no actúa como instrumento de la sociedad. Para muchos es el principal obstáculo para el desarrollo. El Estado actúa “como si fuera una persona: como un fin en sí mismo, como alguien cuyo verdadero fin fuera existir, crecer multiplicarse, entregado a su vocación, que es la totalidad”. Dice que al Estado le conviene que haya males sociales que remediar y que nunca se acaben, como a los médicos les conviene la enfermedad y a los enterradores la muerte: para darle sentido a su existencia, venta a sus servicios, demanda a su oferta (p. 237; edición 2009). En otra parte del libro refiere la deliberada polarización política de los mercados: un psicoanalista no es más eficiente que un curandero, ni produce más curaciones ni lo hace en menor tiempo. Pero el psicoanalista puede cobrar cien veces más por hora que su contraparte, el curandero.

¿O de qué otra manera se pueden entender las declaraciones de la todavía presidenta municipal de la ciudad de Puebla del lunes, la señora Vivanco? Cuestionada por la prensa por el asco en el que ha reducido la ciudad, respondió cosas tan insulsas y fútiles como que “deja un Centro Histórico con cerca de 2600 inmuebles, entre estos la Catedral y el Palacio municipal (e-consulta, 14 09 21). Muy seguramente y por lo dicho, en su concepto patrimonialista del gobierno, el Centro Histórico y la misma Catedral los considera monumentos de su propiedad, y la población debe estar agradecida que no se los lleve a su casa. La señora que en mala hora fue electa sigue en la curva de aprendizaje y desaira su responsabilidad constitucional que la obliga a rendir cuentas de sus actos.

Chayo News

El tema de la cultura no tiene que ver con entregar becas a los amigos y a los amigos de los amigos; tampoco es montar exposiciones de los cuates y para los cuates, tampoco tiene que ver sólo con hablar de lo importante de nuestras tradiciones; y relegar a los indios al último peldaño como manda la costumbre. Tampoco tiene que ver sólo con la parte económica y su aporte a la riqueza nacional, pues según INEGI la industria cultural aporta más del 3 por ciento al PIB. Sí y no. Durante la inauguración del Consejo para la Cultura y las Artes, esa noble institución desaparecida en este gobierno, Octavio Paz recordó que la historia de la cultura moderna de México comenzó el 1 de marzo de 1691, fecha de la carta de Sor Juana Inés de la Cruz a un prelado defendiendo el derecho de las mujeres al saber y la libertad del escritor (marzo de 1989).

La cultura es la conciencia crítica de la sociedad, tiene que ver con la gobernabilidad, la tolerancia, el ejercicio de la crítica a las costumbres, al Estado, a los gobernantes, al Estado propietario. La crítica es la gran aportación de la Conquista al Nuevo Mundo. Tuvo su primera expresión en los alegatos a favor de los indios de fray Cristóbal de las Casas en contra de Ginés de Sepúlveda (el autor de la guerra justa contra los indios), en la primera mitad del siglo XVI.

Y ya que hablamos de cultura, semanas atrás anotábamos por acá acerca de la importancia de que el próximo titular del Instituto Municipal de Arte y Cultura del gobierno de Puebla capital sea una persona sin mácula, hasta donde esto sea posible, y con buenas relaciones con todos los grupos y creadores. De no ser, se corre el riesgo de que la comunidad cultural nuevamente se levante. La que a diferencia de otros sectores, es la más sensible, y tiene la mayor fuerza en los medios de comunicación, en las redes sociales, en las universidades, escuelas, periódicos, grupos especializados. Por naturaleza son una poderosa fuente de opinión pública. Además, es el sector más liberal si por liberal entendemos la defensa de las libertades por encima de todo lo demás, y porque su trabajo es imaginación y la imaginación es creación artística, y para alcanzarla el creador necesita de libertad como su principal insumo.

Octavio Paz escribió que la imaginación es la facultad que descubre las relaciones ocultas de las cosas. La evidencia demuestra que se trata de la comunidad que ejerce a plenitud sus derechos ciudadanos. Esa fue la primera experiencia amarga de Moreno Valle; de la exgobernadora Marte Erika y del mismo Miguel Barbosa. El primer descalabro del finado lo padeció antes de protestar el cargo, cuando anunció la desaparición de la Secretaría de Cultura. Marta Erika Alonso anunció su reposición con la esperanza de ganarse el reconocimiento y la simpatía, pero resultó al revés por su propuesta para el cargo, y de nuevo el gremio se le fue encima. Igual ocurrió con Miguel Barbosa, el ahora gobernador literalmente fue obligado a comprometerse públicamente a no ratificar en el puesto de cultura a Anel Nochebuena. Uno de los grandes aciertos de Eduardo Rivera, sino el que más, fue que todo el proceso de campaña estuvo dominado por la sobriedad y la reconciliación. Evitar pugnas innecesarias. Se limitó a decir que habría corrección, punto. Evitó tocar a Morena, al presidente López Obrador, al gobernador Barbosa y mucho menos a sus contrincantes. La señora Vivanco se quedó con las ganas de ser tocada para subirse al alegato pelado y visibilizarse ante los electores. Volviendo al tema. No es el nombre, es el perfil. Y si hay un buen perfil es el de Pedro Ocejo Tarno. El mejor promotor cultural en toda la historia moderna de Puebla. Del mismo modo veo a Víctor Marín Meléndez, el más aventajado discípulo de Pedro, pues fue quien se encargó de la operación de los programas. Tiene un trabajo de gran reconocimiento en Guanajuato. Pero en esa misma tesitura podemos citar el nombre de Fabián Valdivia. En este caso particular, más que el proyecto, es el nombre.

@ocielmora