Una de las imágenes más significativas y valoradas de la ciudad de Puebla es el Señor de las Maravillas, no solamente por su carácter religioso y el arraigo popular, sino por la joya arquitectónica y artística que le enmarca, así como por la historia que le ha dado valor desde el siglo XVII.
En ese entonces era la periferia de la ciudad donde se emplazó lo que sería el convento de Santa Mónica (18 poniente y 5 de Mayo) a cuyo costado oriente se encuentra la Capilla del Señor de las Maravillas.
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En 1600 el canónigo, Francisco Reynoso y el presbítero, Julián López establecen en esta casa un centro de recogimiento para mujeres de vida errada y arrepentidas, bajo la denominación de ‘Recogimiento de Santa María Magdalena’, de acuerdo con las investigaciones realizadas por Adriana Alonso.
Agrega la historiadora que Manuel Fernández de Santa Cruz (nombrado obispo de Puebla en 1676) inicia un nuevo colegio reformado de niñas dedicado a Santa Mónica en 1680, obteniendo la licencia para convento de agustinas recoletas cuatro años más tarde.
Debido a las Leyes de Reforma el edificio se vendió a particulares, aunque secretamente siguieron habitándolo las monjas, quienes al ser descubiertas fueron expulsadas definitivamente en 1934.
En cuanto a la imagen del Señor de las Maravillas se trata de una talla de facturación desconocida, evidentemente no es académica, posiblemente del siglo XVII. Se cuenta que las monjas se la sacaron en una rifa.
Cuenta la leyenda que una noche una de las novicias escuchaba gritos y gemidos. Dio aviso a la madre superiora y entre ambas fueron a ver y al asomarse a la capilla vieron que se trataba de la pasión y martirio de Nuestro Señor Jesucristo a manos de celadores romanos, quienes le azotaban. Y es que la imagen del Cristo de la Caída venía acompañada de las imágenes de dos soldados romanos. Este hecho se dio a conocer, razón por la cual quemaron las figuras de los romanos y el Cristo de la Caída empezó a adquirir más y más devoción, y se le vistió.
Cuenta otra leyenda que en 1680 una mujer que era devota del Cristo de las Caídas en el convento de Santa Mónica acudía a venerarle y orar por su esposo, quien se encontraba prisionero en San Juan de Dios (lo que era el Hospital de San Juan de Dios), cárcel que se ubicaba enfrente del templo. Visitaba y le llevaba comida a su esposo. En una de sus visitas conoció a otro recluso, quien no tenía quien lo visitará. A partir de entonces la mujer decidió visitarlo y llevarle comida también a él. Tiempo después salió en libertad el esposo, por lo que la mujer solo regresó a llevar comida al reo solitario, lo que provocó los celos del marido, quien se decidió a confrontar a su mujer, lo que hizo cuando esta llevaba una canasta con comida al preso. Al increparla ella contestó que llevaba flores maravillas al Cristo de la Caída, destaparon la canasta y para sorpresa de ella vieron flores en la canasta. Ambos quedaron sorprendidos y conmovidos, por lo que -una vez expuesta la verdad- se dirigieron a ofrecer las flores maravillas al Cristo de la Caída, de ahí el nombre de Señor de las Maravillas.
La noche del martes 1 de enero de 2013 hubo un incendio. Se extendieron las llamas por el interior de la capilla donde se encuentra el Señor de las Maravillas, siniestro provocado por las veladoras que se quedaron encendidas toda la noche; el humo no encontró salida, y el fuego alcanzó una puerta de madera y un lienzo pintado al óleo. Se trata, a decir de la historiadora Alonso de una apología de la orden: preside la Virgen de la Consolación, quien da la correa a Santa Mónica y a San Agustín, al tiempo que el Santo Niño extiende la regla de la orden a San Agustín. La firma descubierta por la investigadora pertenece a Villalobos. Este cuadro está dañado en una tercera parte, misma que no pudo ser restituida después del mencionado incendio.
En esta capilla también se encuentra la representación en escultura de Zerón Zapata, gran benefactor de la orden.
El emplazamiento del ahora museo de arte está dentro de los límites del Barrio de San Antonio, uno de los barrios más controversiales de la ciudad. Recordemos que estos asentamientos surgen de la urgencia por generar espacios de segregación socio-racial en una Puebla colonial en construcción, por lo que las costumbre y las tradiciones que se van generando en este contexto se afianzaron por una creciente necesidad de pertenencia e identidad, hasta el punto de promover la visita desde otras regiones cultivando y multiplicando la tradición religiosa que gira en torno al Señor de las Maravillas, quien visita las calles de Puebla en procesión los Viernes Santos de cada año.