A lo largo de los años las dinámicas y la percepción en que los seres humanos concebimos al mundo han germinado una problemática en común de suma importancia que es “el cuidado del medio ambiente” y esta radica principalmente en la necesidad de evitar un punto de no retorno en el deterioro ambiental que constantemente crece de manera acelerada.
Aunque anteriormente la lucha ambiental era en su mayoría por parte de organizaciones privadas, ha sido tanto el impacto ambiental que se han organizado eventos a nivel mundial para buscar propuestas en pro del problema en cuestión y con ello como posible solución se originó la Educación Ambiental a partir de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano celebrada en Estocolmo, Suecia en junio de 1972; posteriormente la UNESCO (2002) plantea que la “Educación Ambiental ya no debe ser vista como un fin en sí misma, sino como una herramienta fundamental para realizar cambios en el conocimiento, los valores, la conducta, la cultura y los estilos de vida para alcanzar la sustentabilidad”.
La creación de la Educación Ambiental muestra una ardua tarea por evitar un punto de no retorno en el deterioro ambiental, lo que nos lleva a cuestionarnos sobre su aplicación en aquellas zonas vulnerables y de bajos recursos económicos del país en que la educación por sí misma presenta fuertes carencias. En consideración al contexto en el que la educación ambiental se desenvuelve para posibilitar o no una mejor calidad de vida y/o supervivencia, estas zonas vulnerables presentan restricciones en cuanto a la dotación de oportunidades, inclusión y educación.
En dichos espacios donde las personas realizan prácticas de supervivencia utilizando los recursos ambientales existentes en su medio para cubrir las necesidades básicas de vida, es necesario analizar la formación académica que han tenido o no en cuanto a la educación ambiental. Por ello, es conveniente resaltar que la enseñanza de las prácticas sustentables con el medio ambiente en las escuelas repercute de manera directa en su contexto próximo y en la sociedad.
A la par, es necesario referir que ante la presencia de un modelo educativo con destellos de una educación ambiental en potencia se requiere de la presencia de un profesor capacitado como mediador de la misma con características específicas que le permitan desarrollar su labor frente al aula, como “un profesor competente en conocimientos pedagógicos, capaz de relacionar los objetivos educativos con los de la Educación Ambiental; un profesor que domine los contenidos de la Educación Ambiental en materia ecológica; un profesor competente en metodología ambiental, en planificación y en evaluación” (Richard J. Wilke, 1995, p.5).
Desde esta perspectiva resulta conveniente que los profesores tengan una formación que favorezca las características anteriormente mencionadas, lo cual requiere una sistematización curricular con un análisis profundo por parte de expertos en la materia para así beneficiar a la educación ambiental desde las escuelas normales. Cabe destacar que la formación de los docentes no será el único pilar que consolide a la educación ambiental; sin embargo, es un elemento principal de cambio que puede propiciar la transformación de la educación en zonas vulnerables y de escasos recursos económicos donde se posee poco conocimiento de la existencia de las políticas públicas que tienen como fin regular nuestras prácticas para el cuidado del medio ambiente.
Aún queda la impresión de que la educación ambiental es una utopía para las zonas vulnerables en nuestros tiempos; sin embargo, cada uno de los actores que formamos parte de la sociedad debemos actuar en forma consciente y apropiarnos de la educación ambiental como una forma de vida que posibilita el vivir de forma sustentable con nuestro medio y que a pesar de las diferencias contextuales, el problema es de todos y así mismo recordar que la educación ambiental no es meramente académica sino formativa.
Los docentes que trabajamos en zonas vulnerables tenemos el compromiso ético de favorecer ambientes de aprendizaje que posibiliten brindar las herramientas necesarias para que los educandos sean agentes activos, agentes de cambio y agentes transformadores de su medio, pero se requiere el apoyo de todos para enfrentar los retos ambientales emergentes que el siglo XXI nos demanda.
Es importante señalar que el factor de cambio está en nosotros, el momento es ahora y el cambio es para siempre.
Sus comentarios son bienvenidos