La democracia no termina en las urnas

Jueves, Junio 10, 2021 - 08:11

La presión es clave para que las gestiones de los políticos sean más que propuestas sin claridad

Poblana, estudiante de Comunicación, fotógrafa, egresada del Bachillerato Internacional 5 de Mayo, creadora del blog El Centinela Journal,  https://elcentinelajournal.wixsite.com/elcentinela Amante de descubrir nuevos lugares, lectura, música y Fórmula 1  

El domingo 6 de junio, México vivió el proceso electoral más grande de la historia, en el cual aproximadamente, el 53.15% de las personas en la lista nominal salieron a ejercer su derecho a escoger a sus representantes, legisladores y legisladoras. A pesar de que votar es la forma más directa en la que se puede participar, no es la única forma de ejercer la democracia.

La democracia por definición comprende que el pueblo o la ciudadanía tiene derecho de elegir y controlar a sus gobernantes. En la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se refiere en el Artículo 21 que: “La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público”.

De esta manera, los gobernantes son contratados para legislar en favor de las necesidades y demandas de la sociedad, por lo que se encuentran al servicio de ella, no al revés. Las personas encargadas de legislar y representar son elegidas para administrar lo que sucede en el entorno para propiciar una vida digna para todas las personas.

A pesar de lo que muchos políticos prometen en campaña, la cultura política que se vive en México actualmente no respeta en su totalidad los principios, ya que los gobernantes no velan por los intereses de las personas, sino por los de ellos mismos; de esta forma, el sistema democrático que rige el país se debilita.

En una democracia que se encuentra debilitada debido a factores como la corrupción, impunidad, abuso de poder; son necesarios los contrapesos, es decir, aquellos actores sociales que contribuyan a la vigilancia y ejercer presión para que los gobernantes cumplan con su deber.

Dentro de estos contrapesos, se encuentran el periodismo, organizaciones civiles, instituciones autónomas, opiniones que abran puntos de reflexión en temas que conciernen a la sociedad y una de las más importantes: la participación ciudadana.

La responsabilidad de la ciudadanía no se limita a ir a las urnas cada vez que se tenga que cambiar a los representantes, sino también mantenerse informado sobre la gestión de cada uno de ellos, pedir rendiciones de cuentas y exigir que las peticiones o necesidades de la sociedad sean tomadas en cuenta.

Existen múltiples formas de realizar estas actividades de exigencia o vigilancia, por ejemplo: consejos ciudadanos, colectivos, peticiones escritas, e incluso contactando directamente con el o la gobernante a quien se desea dirigir una petición o consulta.

Durante el proceso electoral se observó una tendencia de inconformidad de los ciudadanos hacia las candidaturas, donde ningún candidato parecía lo suficientemente bueno para darle el voto. Muchos de los y las votantes ejercieron su voto bajo la frase “el menos peor”.

Sin embargo, sin importar el partido que cada persona haya escogido dar su voto, quien gana un cargo público tiene la obligación de administrar para todos y todas, sean simpatizantes o no. Por lo que el deber de la ciudadanía es externar y exigir que cumpla correctamente sus obligaciones.

 La situación en el país en cuanto a cultura política no es la ideal, por lo que es sumamente importante que las personas se involucren para verificar que se gobierne tomando en cuenta a todos y todas, no sólo unos pocos.

La presión sobre quién está en el poder es clave para que las gestiones de los políticos sean más que propuestas sin claridad y promesas de campaña sin cumplir.


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