Y nos quedamos sin ustedes

Martes, Abril 13, 2021 - 10:35

El proceso de duelo, historias que añoran las familias

Doctor en Administración Pública. Profesor investigador del instituto de Ciencias de Gobierno y desarrollo estratégico de la BUAP Miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel 1 del CONACYT. Autor de 5 libros

Entramos a la casa, y ya no había el mismo olor de siempre, todo era opaco, quizá era polvo que ya se había acumulado en la mesa, en el librero, en la chimenea.

El gato que siempre le acompañaba nos lo habíamos llevado desde el primer día que ellos nos lo pidieron.

¿Cómo será la nueva normalidad? si lo normal era llegar y ver como ella estaba en la cocina, me invitaba siempre un vaso de leche, me platicaba cuando mis tíos eran niños y llegaban a medio día según ellos muertos de cansancio -cuando llegaron a la universidad, supieron lo que es estudiar, mis hijos salieron muy bueno- decía suspiraba y se sentaba en la mesa.

Al fondo del patio y allí estaba el, siempre con su mismo carro, decía que un día compraría el motor, ese motor que por 25 años un día me dijeron siempre faltaba y como siempre la pintura lucia impecable.

-Creo este nunca volverá a caminar, un día cuando estaba a punto de comprarlo, tu tío se quebró el brazo y la prioridad ya no fue el motor-.

Suspiro –otro día, Edith se fue becada, pero necesitaba dinero para completar su estancia, otra mas cuando tu naciste y mira creo que para diferentes cosas este motor me obligaba a ahorrar y siempre encontré un buen uso a estos anhelos y este carro no volverá a andar-.

-Pero ¿para qué lo quieres reparar si tienes tu un auto casi nuevo? Y le señale ese carro rojo que me encantaba tanto.

Fui al final del patio y allí estaban los dos carros, uno se lo llevaría mi tío así lo acordaron, el del motor seria vendido y se aprovecharía el dinero para cualquier emergencia, luego supe que ese carro valía más que la propia casa, era de colección por eso el motor era tan valioso, debido a que los fabricaban a mano, por pedido a Italia donde entraba a lista de espera de dos años.

Los ecos de las risas fue lo único que estaría en esos corredores, sin nosotros, sin los nuestros, sin la vida.

 

El estratega anhela: el precio de la vida es lo más valioso que tenemos, hasta que nos toca pagar nos damos cuenta de lo que perdimos.

Twitter: @romansanchezz

 


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