El país oriental de Bután al sur de Asia, es el único en el mundo en medir el bienestar y desarrollo de sus ciudadanos a través de una política que su gobierno denomina “Felicidad Interna Bruta” “FIB” o “Felicidad Nacional”, la cual incluye nueve indicadores a observar en su población: la salud física, la educación, la salud psicológica, el uso del tiempo, la vitalidad de la comunidad, la diversidad y libertad cultural, el equilibrio ecológico, el buen gobierno, los ingresos y la distribución de la riqueza.
No de en vano Bután es considerado por muchos el país más feliz del planeta, y es que en lugar de sólo enfocarse en el Producto Interno Bruto (PIB) con el que se rige la mayoría de las naciones, decidió ir más allá de la visión capitalista y poner a la persona en el centro de su desarrollo como nación. Medir el crecimiento de un país sólo desde el ángulo económico, no nos dice mucho sobre la verdadera situación de las familias y su nivel de bienestar, pues al final un gobierno que realmente se preocupa por la felicidad de sus habitantes, está cumpliendo con su deber.
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El término FIB fue propuesto por el rey de Bután en 1942, como respuesta a las críticas de la constante pobreza económica de su país. La Organización Mundial de la Salud en el 2015 reconoció la política pública que Bután estaba implementando, recomendando ampliamente a las naciones a observar está iniciativa y de ser posible tropicalizarla, ya que “es una política integral, puesto que reconoce las necesidades espirituales, materiales, físicas o sociales de las personas; insiste en un progreso equilibrado; concibe la felicidad como un fenómeno colectivo; es sostenible desde el punto de vista ecológico, puesto que trata de conseguir el bienestar para las generaciones presentes y futuras, y equitativa, puesto que logra una distribución justa y razonable de bienestar entre las personas.” (Boletín de la Organización Mundial de la Salud 2015;93:514. doi: 10.2471/BLT.15.160754)
Es curioso ver cómo los ciudadanos de los países más industrializados, tecnológicos y ricos no necesariamente muestran ser los más felices, y esto se debe a un factor clave además de vivir en una cultura consumista que les genera frustración y estrés, me refiero al ámbito espiritual que poco se promueve y toma enserio, pues curiosamente Bután se inspiró en la creación de esta iniciativa basándose en el Budismo del que tanto respira a su alrededor en los Himalayas.
Y es que no se trata de satanizar al Producto Interno Bruto, para nada, es necesario y se debe continuar midiendo, sin embargo quedarse con una visión limitada y reduccionista, deja de lado el potencial que puede alcanzar la población, pues como se dice popularmente, “trata a una persona como es y siempre seguirá siendo la misma, trátala como quisieras que llegue a ser y alcanzará su mayor potencial”, si quieres que tus ciudadanos sean felices, implementa políticas públicas encaminadas a su bienestar.