El contexto de la nota

Jueves, Marzo 18, 2021 - 10:13

La verdadera violencia no es pintar monumentos, son los asesinatos, violaciones y acoso

Poblana, estudiante de Comunicación, fotógrafa, egresada del Bachillerato Internacional 5 de Mayo, creadora del blog El Centinela Journal,  https://elcentinelajournal.wixsite.com/elcentinela Amante de descubrir nuevos lugares, lectura, música y Fórmula 1  

A diez días de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, la controversia acerca las marchas que se llevaron a cabo y lo que sucedió en ellas sigue latente, son constantes las expresiones como “esas no son formas”, “deberían hacerlo de forma pacífica”; sin embargo, estas opiniones son resultado de la cobertura que muchos medios realizaron.

     Para describir lo que ocurrió en las marchas del #8M las palabras como “vandalismo” fueron replicadas por diversos medios, lo que se decidió mostrar fueron las pintas en las paredes y monumentos de distintos estados del país, pero fueron limitados los medios que explicaron la razón de estos.

     Los mensajes en las paredes son reflejo del enojo y la indignación de las mujeres por la poca respuesta gubernamental a sus peticiones de justicia, seguridad y condiciones de vida digna para todas. De acuerdo con los datos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, en promedio hay entre 10 y 11 feminicidios cada 24 horas.

     Los datos en cuestión de impunidad ante delitos por violencia de género son elevados, de acuerdo con datos del Universal, sólo el 7% de estos delitos son investigados por el Ministerio Público. Además, según datos del INEGI en 2018 se abrieron un millón 58 mil 52 investigaciones, de las cuales sólo 58 mil 228 supuestos agresores fueron llevados con el juez.

     Junto con ello, la organización Impunidad Cero en su último reporte registró que, en 2019, el porcentaje de impunidad en casos de feminicidio es de 51.4%, es decir sólo 5 de cada 10 feminicidios son esclarecidos. Estos datos muestran una de las razones de la indignación y enojo de las mujeres, que las obligan a exigir justicia por medio de formas en las que las autoridades realmente escuchen, ya que de forma pacífica no fueron escuchadas.

     La palabra “vandalismo” fue utilizada numerosas veces en distintas notas, pero el concepto correcto para describir lo que ocurre en las marchas es Iconoclasia. Este término se refiere a la forma en la que se ejerce presión a la sociedad y al gobierno para escuchar las demanda a través de la destrucción de monumentos, figuras o locaciones que representan una falsa idea de libertad y justicia, a diferencia del vandalismo donde la destrucción no tiene ningún fin.

     Incontables veces en el pasado las manifestaciones pacíficas fueron realizadas, expresiones de arte visibilizaron el problema. Sin embargo, ni para la sociedad ni las autoridades gubernamentales fue suficiente para escuchar que la violencia de género en México es un problema real que cobra la vida de decenas de mujeres.

     Este año el escenario del #8M fue distinto a los anteriores, un muro se interpuso en medio de las mujeres que exigen sus derechos y la autoridad máxima que debería escuchar a sus demandas. El muro que las recibió se convirtió en un espacio donde se recordó a las que faltan y que recordó que cuando el poder intenta hacer callar a las mujeres, lo que hacen es gritar más fuerte.

     Aquellas mujeres que son tachadas por el ojo mediático como criminales o delincuentes por rayar y quemar son las madres, hijas, hermanas, tías, sobrinas, amigas y compañeras de las que hoy ya no tienen voz porque les arrebataron su vida. Son aquellas mujeres que buscaron justicia de forma pacífica, pero nunca se las brindaron. Es importante recordar que las formas en las que protestan son resultado del hartazgo de no ver respuesta a sus demandas por justicia y seguridad.

     La verdadera violencia no es pintar monumentos, si no los asesinatos, violaciones y acoso que se cometen a diario. Las delincuentes no son ellas, son aquellos hombres que decidieron que tenían poder sobre el cuerpo y la vida de una mujer. Ellas no son delincuentes, son mujeres luchando por sus derechos.

 

 


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