Lunes, 18 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Regresar a la presencialidad a costa de todo

Contradice lo establecido por la SEP y el derecho a la salud de todas las personas

Laura Angélica Bárcenas Pozos

Doctora en Educación, Maestra en Educación Superior y Profesora de Educación Media Básica en Matemáticas. Profesora de todos los niveles educativos. En la Ibero-Puebla coordina Orientación Educativa, Formación docente y es académica de tiempo completo

Miércoles, Marzo 17, 2021

El alegato de si las escuelas deben abrir o no, ya después de iniciada la vacunación en México, sigue dando vueltas por todos lados, sobre todo a raíz de que la asociación de escuelas privadas decidió y mandó decir a la SEP que abrirían sus puertas a partir de 1 de marzo para que sus alumnos y profesores regresen a la presencialidad, apelando al derecho a la educación que tienen todas las personas. Por supuesto esto contradice lo establecido por la SEP federal y va en contra del derecho a la salud que tienen todas las personas.

Ya lo habían anunciado desde el mes de enero y sobre todo porque están muy preocupados por sus finanzas y por la cantidad de inscripciones y colegiaturas que han visto irse por la situación económica adversa que ha provocado la pandemia por COVID-19. Supongo que esta asociación supone que, si vuelven a la presencialidad, esos alumnos y familias que se han ido volverán y que se fueron por las condiciones en las que se ha impartido la educación, pero no ven que se trata de una situación compleja derivada de la pandemia, pero que ha afectado a las familias en la salud, en lo económico, en el bienestar familiar, etc.

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Esto también ha cobrado fuerza por el ejemplo que dio una escuela privada en Torreón, Coahuila; donde no se han cerrado las escuelas de manera obligada, así que, con medidas de seguridad, los dueños de escuelas privadas pueden abrir sus puertas. En la noticia que pude ver, por cierto, con Ciro Gómez Leyva, se muestra como la escuela gastó un dineral en poner túneles sanitizadores, termómetros que valoren la temperatura de alumnos y personal de la escuela, computadoras que lleven un registro de estas mediciones, para tener un histórico de cada persona, etc.

La dueña de esta institución comentaba al noticiero que la entrevistó, que habían gastado cerca de un millón de pesos en dar las condiciones para que los alumnos y profesores pudieran regresar seguros a la presencialidad escolar, y también la nota mostraba como los estudiantes hacen cola y guardan la sana distancia para ingresar a la escuela. Por otro lado, no se mostraron imágenes de cómo están distribuidos los alumnos en las aulas, cuántos estudiantes hay por salón de clase, cómo se ventilan las aulas y si todo el día deben traer careta y cubrebocas, que, por cierto, es gasto de las familias. Tampoco explican cómo hacen la actividad en el receso o recreo, o si se quedan en el salón de clase.

Al término de la nota Ciro Gómez Leyva, hace un comentario mordaz, en el que dice que ese es un ejemplo de que sí se pueden abrir las escuelas y regresar a la presencialidad, pero que el gobierno no quiere dar la autorización y que ahí muestra lo que le interesa la educación de los niños y adolescentes. Y ahí pensé que este hombre no sabe nada de cómo funciona el sistema educativo en México y en las escuelas públicas los padres de familia cubren todos los gastos adicionales que se generan en la escuela, desde pintura de sus paredes hasta el papel que se usa en las oficinas de la institución.

En escuelas pobres los padres no van a tener para pagar túneles sanitizadores, y si acaso, comprarán algún cubreboca para que sus hijos pudieran ir protegidos a la escuela, con el alto riesgo de contagiarse y contagiar a toda la familia e incluso a la comunidad. Se sabe que en este momento están siendo afectados todos los procesos educativos de todos los niveles escolares de nuestros niños, adolescentes y jóvenes, que tendremos que resolver de manera creativa para afectarlos lo menos posible. Pero siempre es mejor tenerlos vivos, que no regresen a la escuela porque han enfermado de gravedad o incluso porque han muerto, o bien, no puedan regresar a la escuela porque sus padres o tutores han fallecido debido a la pandemia y alguien tiene que hacerse cargo del sustento familiar.

Todos deberíamos ser más sensibles a esta situación compleja por la que estamos atravesando. No todos nuestros alumnos y sus familias son personas con poder adquisitivo para mantener las condiciones de sanidad necesarias en los espacios escolares, para evitar contagios, no solo de las comunidades escolares, sino también de la sociedad en su conjunto. Todos somos responsables para mantenernos sanos y con vida; las autoridades están tomando las decisiones pertinentes para que así sea, y deberíamos apoyarlos para que esto se acabe pronto y no para que siga siendo el cuento de nunca acabar.

La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.

Sus comentarios son bienvenidos.

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