Miércoles, 20 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Los ecos de poder y los sueños del verdugo

Todos anhelan un cambio, pero nadie está dispuesto a cambiar

Román Sánchez Zamora

Doctor en Administración Pública. Profesor-investigador del Instituto de Ciencias de Gobierno y Desarrollo Estratégico (BUAP). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel I del CONAHCYT. Autor de 14 libros. Sus líneas de investigación son participación ciudadana, transparencia y fiscalización municipal.

Martes, Marzo 2, 2021

Copas chocaron.

Las sonrisas, el fondo exacto.

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La noche perfecta.

Las ganancias se veían por fin en la familia y los amigos.

Alberto, tenia el control de las letras.

Luis, era el ministro.

Juan, con buena cosecha, la papa había alcanzado un gran precio ese año.

Los aliados familiares estaban en segundo plano.

La mirada de Clau.

El recién llegado del cerro del Dios Tolo, miraba con ansias rabiosas estar allí.

El vacío, vicio y muerte del espinazo del diablo también llego.

¿Cómo se generan los grupos y se van disolviendo por interés, pero también adulación?

A los lejos, Javier pudo estar allí, así como José Luis, German, todos ellos lejos de la mesa principal, sus tiempos y sus metas nunca se realizaron, el mercado no acepto sus productos y hoy todo es diferente.

Los que siempre servían la mesa, en la soledad les servía para imaginar, escenarios adversos como si ellos fueran los del poder del comensal, Paco, Ana, Norberto.

Al fondo del salón las fotos de los que estuvieron y fueron los poderosos anfitriones, pero ya fallecidos: Miguel, Rodolfo, Rafael, junto con escribas que los apoyaron: Mauro, Manuel entre otros.

La taberna no cambiaba, siempre era la misma música, las mismas aventuras, los pagadores siempre los mismos, los guarda espaldas.

Los protagonistas de las noches se sentían eternos personajes, cómplices, algunos se evocaban en las letras de Mario Puzo, que no leían, pero lo creían por una cinta de 8 milímetros.

“Todos estaban felices, menos una persona no sonreía, nadie lo veía, caminó entre ese silencio y disparó” evoca Robert De Niro (1993) en un espacio donde siempre se repite la misma historia, la misma histeria, la misma miseria.

Aquí las risas, parece que no terminan, 32 tabernas, 1 gran salón cada sexenio todo se repite, algunos se van a los tres años, hubo una pareja que fueron por otros sueños y terminaron entre la traición y el misterio del aire.

Nunca cambian de tema, ni las miradas, nunca cambian fines, ellos así nacieron, y así están preparando a sus hijos para ir a esa taberna de perdición.

 

El estratega espera: El que domina el tiempo, domina la mesa del poder.

Twitter: @romansanchezz

 

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