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Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Condenados a muerte

Son inofensivos y tan asustadizos, yo me divierto mucho con ellos

Ignacio Esquivel Valdez

Ingeniero en computación UNAM. Aficionado a la naturaleza, el campo, la observación del cielo nocturno y la música. Escribe relatos cortos de ciencia ficción, insólitos, infantiles y tradicionalistas

Viernes, Diciembre 11, 2020

Entre arbustos punzantes, un oso de las cavernas arrancaba zarzas una por una para disfrutar de bocadillo cuyo dulzor bien valía la espinada. En eso, al apartar unas ramas vio que un mamut miraba atento hacia el lago. Con el hocico manchado y lamiéndose las garras, el oso se acercó para preguntar:

 

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─¿Qué tanto miras?

 

El mamut de reojo contestó:

 

─A ese miembro de la manada de los que caminan en dos patas.

─¡Ah sí! esos bichos raros que andan por todos lados ─dijo el oso y luego de paladear el regusto, agregó ─No  hagas caso, son inofensivos y tan asustadizos, yo me divierto mucho con ellos, cuando me ven a lo lejos salen corriendo y eso me mata de risa.

Volteando la cabeza para mirar mejor, el mamut reflexionó:

─¿Por qué piensas que son inofensivos?

─No más míralos, no tienen, garras, cornamenta o colmillos, tienen que comer carroña de lo que dejamos nosotros, los que cazamos y cuando no hay, se conforman con frutillas y raíces.

─¿En serio?

─¡Sí!  y para terminar de contar sus desgracias no poseen una piel gruesa y suficiente pelo para protegerse bien del frio, la verdad además de risa, ahora me dan lástima ¡Están condenados a muerte! ─dijo el oso acompañando con un suspiro.

─Es verdad, pero un primo me dijo que son bien montoneros y se meten con los que pueden, o sea con animales pequeños.

─Pues yo ni me preocupo, diez de ellos no me durarían ni para el arranque.

El mamut subió los ojos en actitud de remembranza y dijo:

─Un conejo que había escapado de ellos, me dijo que tienen a la bestia roja con ellos.

─¿La bestia roja? No amigo, te mintieron, con la bestia roja nadie puede, ni yo, no entiende razones y cuando se enfada, devora todo a su paso hasta saciar su apetito.

─Pues ese conejo lo aseguró, dijo que ellos tenían una bestia pequeña que los acompañaba día y noche y no se les escapaba ni los devoraba porque le llevaban ramas y troncos para que coma en el mismo lugar.

─Bueno, así suena razonable,

─¡Claro! Así le hicieron con los lobos, se los llevan siendo unos cachorros y los alimentan, así que se quedan con ellos y se acompañan.

─Bueno, eso sí lo he sabido y si hicieron lo mismo con la bestia roja, tal vez, pero sigue sin entrarme a la cabezota que se hayan hecho amigos, y a todo esto ¿Qué le ves al miembro de dos patas?

─Pues que sigue ahí mirando al agua, ya lleva buen rato, yo pensé que quería agarrar un pez, pero sólo se queda mire y mire, ve tú mismo

El oso asomó la cabeza y comprobó que el miembro de dos patas seguía con la vista en el agua.

─Vaya, vaya ─dijo el oso ─ahora tengo pena ajena por ellos, además de no tener con qué defenderse, ese ya se volvió loco, mira el agua y se toca la cara, mira el agua y se toca el pelo, mira el agua y se toca las orejas ¡Qué bárbaro! ─y diciendo esto el oso soltó una carcajada.

─Espera los vas a espantar y ya me intrigó lo que está haciendo.

─Pues espera a ver esto ─y el oso lanzó un gran gruñido que hizo que el miembro de la manada de dos patas corriera asustado trompicándose con cualquier objeto por pequeño que fuera. El oso se revolcaba de la risa sobre su lomo mientras que el mamut le miraba con enfado y dando media vuelta se alejó diciendo:

─Vaya diversión la tuya, en verdad yo quería ver que iba a hacer, porque cuando te asomas el agua del lago se ve un mamut ¡Yo lo he visto!

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