AMLO y el síndrome de Hubris

Jueves, Noviembre 19, 2020 - 10:43

En Tabasco, un AMLO soberbio, autorizó inundar las comunidades indígenas pobres

Politóloga, Maestra en Gobierno y Administración Pública, Secretaria de Operación Política del PRI de Puebla. Ex candidata a Diputada Local.

El síndrome de Hubris o enfermedad del poder, se refiere a una paradoja, sobre la forma en la que un líder llega al poder por la empatía, pero durante su ejercicio pierde influencia y “el piso” por la soberbia.

Hubris, proviene del griego Hibris, que se traduce como “desmesura” y describía las conductas de aquellos hombres que creían saberlo todo y transgredían los límites impuestos por los dioses griegos.

En la actualidad, no está de sobra decir que el síndrome no describe transgresiones divinas, sino transgresiones en el ejercicio del poder, que sí afectan nuestra vida democrática.

A mayor arrastre popular del líder en cuestión, mayor es el riesgo que corre de padecer este síndrome, ya que debido a su alto nivel de influencia, más fácil es que se nuble su juicio racional y asuma el poder ejerciéndolo con soberbia.

Las personas que padecen este síndrome, son generalmente  líderes con gran poder que pierden las cualidades positivas que los llevaron a ocupar esos lugares, las cualidades que los llevan al poder son precisamente las cualidades que pierden cuando llegan al poder, y he ahí la paradoja.

¿Les suena familiar? Vamos a poner un ejemplo: recordemos al Presidente López Obrador en campaña, se metía a las calles inundadas de los pueblos, a caminarlas tal cual lo hacen los miles de mexicanos que cada año se ven severamente afectados por lluvias torrenciales y una irresponsable e ineficiente actuación del gobierno en turno para atender esta recurrente problemática. Veíamos en sus redes sociales imágenes llenas de empatía, el candidato presidencial hombro a hombro con los damnificados, ayudando, escuchando, levantando la voz por todos.

Ahora como  Jefe de Estado, y luego del azote que las lluvias propinaron a su tierra natal, Tabasco, vimos a un AMLO soberbio, declarando que había autorizado inundar las comunidades indígenas chontales de Nacajuca, las más pobres, para no agravar la situación en Villahermosa, y más allá de esas inéditas declaraciones que provocaron indignación por la costosa y desastrosa decisión que fue, pareció no inmutarse ni sentir ningún tipo de carga de conciencia al momento de declarar, ¡aun cuando estaba traicionando su propio lema “primero los pobres!

Por si fuera poco, en redes sociales circuló una foto de su recorrido en las zonas afectadas, totalmente diferente a como lo hacía cuando era candidato, ahora lo realizó en un vehículo todo terreno del ejército como si fuera un desfile popular, levantando los brazos y arengando. De la empatía del candidato, a la soberbia del gobernante.

¿La excusa? En la mañanera posterior a las declaraciones y la polémica foto, aseguró que no podía arriesgarse a enfermarse si se mojaba. ¿Entonces la salud de los damnificados no importa? Ellos no pasan horas, sino días bajo el agua.

El síndrome de Hubris explica que en algunos liderazgos: a más poder, peor calidad. Que ganan el poder con la empatía, pero lo van perdiendo con la arrogancia.

La enfermedad del poder o síndrome de Hubris es un tema recurrente en la Ciencia Política, y se caracteriza porque la persona que lo padece es prepotente, tiene ideas fijas preconcebidas y rechaza posturas que no sean afines a sus ideas, tiene conductas narcisistas y termina dominada por su ego, su exagerada autoconfianza lleva al desprecio de otras personas incluyendo a la oposición. Es un síndrome autodestructor. Seguro se les vienen a la mente muchos ejemplos. Y conste que hago esta precisión porque hablo de cualquier persona en el poder, dirigente, o representante popular que encarnan el famoso pero cierto “se subió a un ladrillo y se mareó”

El síndrome de Hubris no sólo genera un trastorno de la realidad sino también un trastorno de la responsabilidad, lo que se traduce en un peligro democrático.

Necesitamos liderazgos equilibrados, prudentes, conscientes y que escuchen por más poder que tengan, las decisiones que toman no solo les afectan a ellos sino a miles de personas y eso es algo que todos debemos reflexionar. Parece que en Estados Unidos entendieron la lección, los votantes le dieron la espalda a un Trump ensorbecido de poder y optaron por la prudencia de Biden, no digo que haya sido una buena o mala decisión, pero es muy claro el mensaje que enviaron: ante la desmesura, podemos darte el poder, pero también te lo podemos quitar.

Marisol Calva

@Marisol_Calva


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