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OPINIÓN

Las horas más obscuras

Los líderes mundiales ven a Trump más como orangután que como estadista

Oscar Gómez Cruz

Maestro en Asuntos Internacionales de Negocios Universidad de Columbia. Maestro en Administración Pública INAP. Egresado de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard. Es presidente de 2TRES15

Lunes, Noviembre 9, 2020

Polariza a una nación entera día a día; ha logrado dividir con mensajes de odio y resentimiento basados en la ignorancia técnica; ofende a medios de comunicación, empresarios, intelectuales, activistas, asociaciones civiles, a sus propios funcionarios e instituciones; descalifica con todo tipo de peyorativos a quienes no están de acuerdo con él o a quienes disienten en ciertos puntos; desprecia la ciencia y la técnica, al grado de  disminuir el uso de energías limpias y tratar el tema de la pandemia mundial de COVID-19, como si se tratara de algo de mediana importancia. 

Éste es su día a día, y a pesar de ser un desastre como mandatario y estadista, un populista que como tal, se dedica a decir lo que las clases menos favorecidas quieren escuchar, aunque sus palabras no tengan el más mínimo soporte, la mitad de los ciudadanos del país lo apoya, aunque la otra mitad lo aborrece. 

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La gente educada y estudiada lo detesta. Los empresarios en su gran mayoría no pueden verlo ni en foto, a pesar de que las clases trabajadoras lo perciben como una especie de héroe moderno, por su estilo ignorante, por enfrentar, pelear, ofender, discutir e imponer su opinión, aunque sean verdaderas aberraciones, eso sí, muy bien comunicadas. Los líderes de las potencias mundiales lo ven más como un orangután que como un estadista.  

Por todo esto y mucho más, Donald Trump dejará la Casa Blanca en enero de 2021, a pesar de sus rabietas, recursos legales y tweets de quinceañera molesta, ante los resultados de la elección presidencial, que arrojan a Joe Biden y a Kamala Harris como los ganadores de esta cerrada contienda electoral.

Hay mucho que analizar y concluir producto de esta elección. Por principio, queda un país polarizado como no se había visto en un siglo, y receptivo ante el discurso de odio, la falta de diplomacia y técnica para gobernar. Por extraño que pueda parecer, la FORMA es aplaudida por un segmento de la población poco educado, muy racista y que apoya todo tipo de medida antimigratoria, como la construcción de un muro entre México y Estados Unidos.

Trump ganó en los estados rurales de la franja central del país, Texas y Florida, ambos con gran peso electoral. Biden ganó en las dos costas, en ciudades con mayor densidad poblacional urbana y con mayores niveles educativos.

Biden ganó California, el estado que más peso tiene en el Colegio Electoral, con 55 votos y Nueva York con 29. Para Trump destaca el caso de la Florida, con una alta población de migrantes, principalmente latinos, que finalmente decidió apoyar al Presidente, a pesar del discurso de odio ante los inmigrantes y el apoyo a los grupos supremacistas blancos. 

Estados Unidos se rompe desde adentro.

Casi el 50 por ciento de los estadounidenses, por increíble que parezca, apoyan a Trump, su estilo y sus políticas (si así pueden llamarse). Esto no hará fácil la gobernabilidad, porque además, la transición será ríspida, llena de declaraciones señalando fraude sin evidencia y en espera de la resolución de la Suprema Corte, de todos los recursos legales que serán interpuestos por el equipo perdedor. 

Esto solo avivará la división, ante un discurso conciliador y de unión al que invita el presidente electo Joe Biden, que ya cuenta con apoyo internacional y que incluso ha sido felicitado por presidentes como Emmanuel Macron de Francia y Justin Trudeau de Canadá, pero que no alcanza a unir a un país totalmente dividido, el cual hoy tiene dudas sobre la fiabilidad de su sistema electoral.

La relación México-Estados Unidos habrá de ser observada, porque el presidente Andrés Manuel López Obrador, aún no reconoce a nadie como ganador. Comenta que esperará a que los procesos legales concluyan. Esto puede ser leído por el equipo del presidente electo como una afrenta diplomática y como un apoyo a los alegatos de fraude del Presidente Donald Trump. En la medida que otros jefes de Estado se pronuncien a favor del resultado y reconozcan a Biden como el ganador, y entre más tiempo tarde México en hacerlo, más riesgo diplomático existirá. 

Vivimos horas muy obscuras, como decía Winston Churchill, y ante la caída de Trump, como decía mi abuelo: “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”

Oscar Gómez Cruz

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