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OPINIÓN

Biden y AMLO

Biden, en busca de la unidad. AMLO, el reto de salir de la crisis

Fidencio Aguilar Víquez

Es Doctor en Filosofía por la Universidad Panamericana. Autor de numerosos artículos especializados y periodísticos, así como de varios libros. Actualmente colabora en el Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV).

Lunes, Noviembre 9, 2020

A mi hermano Oreste y a mi amiga Dulce Muñoz,

en sus cumpleaños.

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Finalmente ganó Joseph R. (Joe) Biden Jr. la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica. Su primer discurso como presidente electo, contrario a la narrativa de confrontación, división y encono de su predecesor, apeló a la unidad y a la superación de la “nefasta era de satanización”, según lo difundieron algunos medios estadounidenses. Planteó que una de las primeras cosas que implementará será enfrentar a fondo el problema del COVID-19, y llamó a quienes votaron por Trump a darle una oportunidad de trabajar por todo lo anterior. Siempre es necesario analizar lo que implican las palabras del presidente de una de las potencias del globo. Nuestra vecindad así lo amerita.

No se trata de echar las campanas al vuelo, sino de mirar qué lugar ocupa América Latina en la agenda norteamericana. Tampoco se trata de montarse en teorías conspiratorias que más alientan la fantasía de la gente y al desenfoque en el análisis que a la comprensión de la situación política y social del momento presente. Biden tendrá el reto de una restauración interna, de sanar heridas y convocar a la unidad nacional de su país. Sin duda se traducirá en enfrentar la pandemia y sus secuelas económicas y sociales. Luego viene el reto de su política exterior que también reclama un giro en recuperar, sobre todo, la confianza de sus aliados.

El tema para nosotros, insisto, es el lugar que ocupará América Latina en la agenda norteamericana, especialmente México. De los temas históricos y de las últimas décadas se encuentran el de los migrantes y el del narcotráfico. En los hechos, tanto las administraciones de cuño republicano como de cuño demócrata han buscado ser lo más eficaces para contener los flujos migratorios y de estupefacientes. El cambio de bandera no implica necesariamente un cambio de política.

De hecho, en la administración del presidente Obama, justamente, Biden fue el vicepresidente, es decir, un colaborador de primer orden de la política migratoria de aquél que, vistos los números, fue de las más ambiciosas para detener la migración latinoamericana. En los debates presidenciales, el presidente electo cuestionó al carácter inhumano de separar familias por disposiciones migratorias del gobierno norteamericano encabezado por Trump. Vamos a ver si, a diferencia de éste, Biden tiene una estrategia menos escandalosa, aunque dudo mucho que abra un poco las fronteras. Por otro lado, no creo que los flujos migratorios disminuyan después de la pandemia, sobre todo si se toma en cuenta que en América Latina los nuevos pobres que dejará la crisis sanitaria oscila entre 35 y 45 millones de personas. En México, dicha cifra rebasa los diez millones. De manera que la migración hacia el Norte no disminuirá sino que, por el contrario, es probable que aumente.

El tema del narcotráfico es otro de los puntos de la agenda norteamericana en América Latina y particularmente en la cooperación bilateral con México. Si tal relación entre supuestos “amigous”, Trump – AMLO, se volvió sospechosa gracias al caso Cienfuegos, donde al parecer el gobierno norteamericano no informó que tenía implementada la investigación sobre el general y simplemente le notificó una vez realizada la captura, con la administración Biden puede volverse más tensa. Lo anterior un una razón simple: no está clara una política binacional, tanto en su expresión diplomática como en su fisionomía de seguridad. Por el contrario, los grumos de desconfianza mutua pueden empantanar la política de cooperación bilateral.

Por supuesto que hay otros rubros de la agenda común. Quizá el económico sea el más relevante, y sin duda el T-mec puede ser el espacio de la alianza que los Estados Unidos requieren para competir con el gigante asiático: China. ¿Hasta dónde el régimen de López Obrador puede generar confianza para fortalecer esa alianza económica? Para lograrlo necesitaría una narrativa, un discurso, que esté más acorde con términos de cooperación, inclusión y riesgo compartido. Ninguno de estos elementos se encuentra en la narrativa presidencial lopista hacia los inversionistas y hacia el presidente electo norteamericano que signifique la construcción de esa gran alianza.

El gesto mismo de no sumarse a una felicitación por el triunfo del demócrata, denota la incapacidad para tender puentes por parte de AMLO. Quizá habla de un mandatario pasmado porque no ganó su aliado y, como dice el refrán, puso los huevos en una sola canasta (que terminó siendo aplastada). O quizá porque, como el año entrante hay elecciones relevantes en nuestro país, está pensando más en las clientelas electorales que en buscar una alternativa a la crisis económica que ya está presente y que amenaza con extenderse por toda una década. Cosas veredes, Sancho.

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