Victoria del MAS en Bolivia

Lunes, Octubre 19, 2020 - 10:16

Lograron armonizar el desarrollo de los derechos liberales con demandas indígenas

Originario de Puebla. Casado y padre de cuatro varones. Abogado, Notario y Actuario. Egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales BUAP. Maestría en Ciencias Políticas BUAP. Doctorado en Derecho BUAP   

Bolivia es una nación que ha llevado a cabo un proceso político dirigido por el Movimiento al Socialismo. Como prioridad se propuso redefinir su Constitución y así cambiar la concepción del Estado, con esto el concepto de ciudadanía se orientaría con un enfoque plurinacional, multicultural y comunitaria. Se lograron armonizar el desarrollo de los derechos, deberes y garantías liberales con demandas indígenas de corte popular que quedarían, de esta manera, enmarcadas en una nueva conformación jurídico-institucional. De este modo, se dio forma a la noción de un Estado interventor, protector de los recursos naturales, de bienestar, inclusivo en cuanto incorpora formas y prácticas de los pueblos y naciones originarios institucionalmente, constituyéndose como instrumento para el desarrollo equitativo, soberano y sustentable. Lamentable fue que este rumbo de transición se viera detenido por un golpe de estado que obligo al MAS a que el presidente Evo Morales dejara el cargo por las presiones de la derecha, la OEA, y el gobierno de los Estados Unidos, después de varios meses de crisis política el MAS se preparó para la jornada electoral del domingo 18 de octubre, presentado a dos destacados ex funcionarios que colaboraron con el presidente Evo Morales, Luis Arce y David Choquehuanca.

Con una gran lección moral los golpistas en Bolivia han sido derrotados por la fuerza de los votos. La democracia y la legalidad soberana le han ganado a la derecha usurpadora que pretendía legitimarse a través de las urnas. La patria grande esa con la que soñaba Simón Bolívar, celebra el triunfo del MAS, representa esperanza para los gobiernos progresistas que transitan hacía el fortalecimiento del Estado de Derecho en la región, y que se han comprometido en la defensa de los derechos fundamentales de sus respectivos pueblos. De manera contundente Luis Arce Catacora y David Choquehuanca han ganado la presidencia y la vicepresidencia en Bolivia.

Por los sondeos, se sabía antes de los comicios que el MAS ganaría, la duda era si los dejarían pasar, pero un pueblo agraviado decidió masivamente recuperar la democracia. Fue una paliza la que se le dio a la derecha y con una ventaja de más del 50% de los votos se demostró no estar dispuestos a tolerar acciones golpistas en contra del Estado Plurinacional de Bolivia. Este triunfo demuestra que un electorado organizado pudo resistir la envestida de un gobierno golpista encabezado por Jeanine Añez quien es la responsable junto con su camarilla de llevar a Bolivia a una crisis económica sin precedente, y que será difícil resolver en el corto plazo. Jeanine Áñez, que se declaró presidenta interina el 12 de noviembre de 2019, emprendió un control sobre el poder judicial para perseguir a ex funcionarios del gobierno de Evo Morales, militantes y simpatizantes del MAS, para ejercer represión en contra de ellos, acciones que al paso del tiempo le resultaron adversas.

Con este resultado electoral en Bolivia la OEA queda evidenciada una vez más como un organismo anacrónico, su penoso papel en América Latina y en concreto con el caso boliviano de los últimos tiempos es de clara violación a los principios elementales de Derecho Internacional, su intromisión en los asuntos internos de la nación sudamericana es vergonzosa. Este triunfo se da en un contexto en que la elección presidencial en Estados Unidos se resolverá en el mes de noviembre y obviamente también es un mensaje para que la nación norteamericana deje de intervenir en los procesos democráticos en América Latina. En aras de la paz es imprescindible que la soberanía nacional en Bolivia se respete en bien de la democracia y que la autodeterminación sea la ruta para construir la unidad latinoamericana, para que se construyan nuevos paradigmas políticos, económicos y jurídicos que les den certidumbre y profundización a gobiernos democráticos que luchan por erradicar los niveles de desigualdad imperantes en América Latina, y garantizar las justas aspiraciones de los pueblos a una mejor vida.


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