Anterior a la pandemia, las personas llevábamos un estilo de vida muy opuesto al que estamos llevando hoy en día. Nuestra acelerada cotidianeidad que en ocasiones caía en lo automático, se vio abruptamente frenada con la llegada del confinamiento, y con ello, tuvimos que enfrentarnos a diversas problemáticas que nunca hubiéramos imaginado; una de ellas, es el hecho de tener que conocer mejor a la persona más importante y al mismo tiempo más compleja de nuestras vidas: nosotros mismos.
Con lo anterior, me refiero a que el hecho de permanecer en casa durante un tiempo prolongado libre de la convivencia con los demás y otros “distractores”, nos obligó a dar una mirada profunda hacia nuestro interior e incluso a cuestionarnos algunos aspectos sobre nuestra vida: metas, expectativas, quiénes somos, hacia dónde vamos, etc, lo cual probablemente causó en algunos cierta confusión o incomodidad. Además, otro reto que llegó junto con este autoconocimiento fue el tener que enfrentarnos hacia la constante incertidumbre de lo que pasará en el mundo gracias a esta pandemia, lo cual genera en muchas personas sentimientos de preocupación, frustración, tristeza, desesperanza e incluso desesperación al no saber qué pasará, cuándo terminará y cómo nos afectará.
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En pocas palabras, la pandemia no solo nos orilló a reflexionar sobre nosotros mismos, sino también nos dio una fuerte sacudida para que finalmente valoremos y admitamos la importancia de algo que anteriormente estaba ahí pero que pocas personas querían reconocer: la salud mental.
Irónicamente, a pesar de que la ciencia y los estudios en salud se encuentran muy avanzados, aún hay un gran estigma en torno al tema de la salud mental; esto es, debido a que tristemente todavía hay personas que la relacionan con la “locura” o que lo toman a la ligera como si fuera algo que no debe de tomarse en serio.
Asimismo, este aspecto se ha hecho invisible para muchos dado que, en contraste con la salud física, es más complicado reconocerla en los otros; es decir, se puede detectar claramente cuando una persona tiene gripe o tos, pero es más complicado reconocer a simple vista cuando alguien padece de depresión o ansiedad. Debido a esto, a los tabúes en torno a este tema y al desconocimiento que se tiene al respecto es que la sociedad ha dejado oculto un aspecto que debe ser tomado con seriedad.
Por lo mencionado previamente, y también porque hay muchas personas que sufren en silencio sin ser comprendidas, es que recae la importancia de hacer visible un tema que debe ser tan importante como lo es el cuidado de nuestra salud física. La salud mental, los padecimientos y el cuidado de ésta, no debería de ser algo que la sociedad tenga como “invisible”, porque no lo es y nos afecta a todos. Es por ello, que es importante:
- Promover el autoconocimiento.
- Hacer conciencia en el hecho de que ir al psicólogo es algo que debería de ser visto tan normal como ir al dentista, al otorrino o al médico general, porque en todos esos casos nos estamos cuidando a nosotros mismos.
- Repensar la salud pública, y darnos cuenta de que los especialistas en salud mental son tan necesarios como lo son los médicos.
- Tomar acciones y sensibilizarnos para evitar la estigmatización de las personas que enfrentan algún padecimiento mental.
- Reflexionar sobre la forma en la que nos relacionamos con otros: escuchando abiertamente a los demás sin juzgar ni etiquetar.
- Darnos cuenta de que todos tenemos el derecho de ser apoyados y escuchados cuando lo necesitemos, por lo que es importante pedir ayuda.
La salud mental es un tópico que hoy más que nunca debe de hacerse visible, hablarse y tomar acciones para que las personas hagan conciencia sobre ella. Nosotros podemos prevenir muchas situaciones en la medida en la que normalicemos este aspecto y dejemos de generar tabúes al respecto. La salud mental es un tema profundo ajeno a “sentirse siempre bien”; la depresión es algo más que “estar triste”; la ansiedad va más allá de “estar preocupado”; los trastornos alimenticios son más que “querer estar delgado”…
Hablar sobre salud mental, cuidarnos y pedir ayuda no es algo de lo que debamos de avergonzarnos.