Morir en el magisterio IV y último

Domingo, Agosto 16, 2020 - 10:49

De qué manera la figura del magisterio ha sido desvalorizada hasta el ninguneo.

Vida y muerte pactan en ti, señora de la noche torre de claridad, reina del alba, virgen lunar, madre del agua madre, cuerpo del mundo, casa de la muerte, caigo sin fin desde mi nacimiento.  

Octavio Paz, Piedra de Sol.

 

 

 

 

Me gustaría estar pensando en la muerte, en el límite de la existencia, en la fugacidad que somos, seres de un día -escribió Sófocles. ¿Quién untó la muerte en la planta de los pies a la hora de mi nacimiento? –se interroga Jaime Sabines. Octavio Paz responde: “…vida y muerte no son mundos contrarios, somos un solo tallo con dos flores gemelas”. En un estilo análogo tendría que bordar sobre la mujer etérea, sobre la profesora Diotima Aguilera, sobre la muerte y el amor: una muerte más viva que la vida.

Pero no, heme que estoy aquí narrando una historia aburrida, pero necesaria, de los trabajos y los días que ha de cruzar quien se enfrenta a las burocracias, altas, medias y bajas, formadas culturalmente durante los más de treinta años de tecnoburocracia neoliberal, para hacer efectiva una prestación, un derecho laboral del magisterio, como es la “Gratificación por defunción”. Hablo de poner atención, de cuidar el ser de los profesores, de revalorarlos en todas las dimensiones sociales y económicas que el Estado vacío, como le llama Lorenzo Meyer, les arrebató, para financiar campañas políticas y construir casas blancas: sepulcros blanqueados.

Me refiero a garantizar para el magisterio de México una muerte digna, que salve su pequeña herencia del circuito financiero comercial, un Estado que intervenga para que las prestaciones se hagan efectivas de manera expedita, que los ampare contra las perversas complicidades entre compañías aseguradoras y las altas burocracias estatales que, por medio de trapisondas y vericuetos contables, suspenden, dejan en el limbo, jinetean o escamotean el dinero de los docentes –para calcular el ISR del 16% el departamento de contabilidad de la Secretaría de Administración y Finanzas tardó más de un mes.

Lo que el Estado mexicano no ha logrado hacer, hasta el momento, con las fortunas millonarias de los empresarios y políticos, gravarles herencias y donaciones, como recomienda hasta la propia OCDE, ocurre contra la economía del gremio magisterial, brutalmente pauperizado durante la parda y prolongada treintena del credo neoliberal.

Les conté en la tercera parte del texto que un año y dos meses después del adiós, un día con sol de enero (2020), había por fin reunido la infinita lista de requisitos exigidos para el pago de la “Gratificación por defunción” de mi amada Diotima, profesora egresada de la Normal Rural de Saltillo, Chihuahua, con 40 años de servicio docente. Una trayectoria profesional que le permitió disfrutar -amar es la palabra- la experiencia docente desde educación básica hasta el desempeño como profesora investigadora de un reconocido doctorado en educación de la UPAEP.

No voy a repetir el suplicio burocrático anterior y no lo haré porque aquí les voy a atormentar con el último tramo del viacrucis. Me atiende en la Secretaría de Planeación y Finanzas de Puebla el joven trabajador administrativo Jesús Carmona, un empleado muy amable, pero a las órdenes de los jefes y jefas.

Estoy a la espera de la señal de Jesús, para firmar los nuevos recibos de pago, porque hubo “un error muy lamentable” en enero. En lugar de calcular la gratificación por cuarenta años de servicio docente, nada más lo hicieron por siete. Esperé hasta el martes 24 de marzo, ya en medio del aislamiento de la pandemia, hasta que, sumido en la impaciencia, le hablé a Jesús. Una, dos, tres veces, para que Jesús me hiciera señas, algún signo de que estaba conmigo.

 

­            – Buenas tardes Jesús, soy Miguel Ángel Rodríguez…

–Hola profesor, perdón. Disculpe es que no tenía grabado su número. Ya había visto que me llamó dos veces, pero la verdad es que estamos aquí a marchas forzadas y no podía contestar el teléfono. A sus órdenes…

      –¿Cómo va mi trámite?

–Mire, como le comenté la primera vez, al final soy el último escalón de la plantilla, solo sigo instrucciones. Ahora sólo resta esperar. No sé si usted quisiera volver a platicar con la licenciada Susy Salas -la jefa inmediata.

–No, mejor hay le dejamos. Sigo esperando su llamada para la firma de los recibos de pago.

 

El tiempo siguió su curso, descubrimos que el Covid-19 se transmite también por aire, hasta cinco metros se expanden las gotículas de saliva con el coronavirus en la atmósfera, según las últimas investigaciones científicas, por lo que el regreso a clases se antoja una posibilidad muy remota durante lo que resta del 2020. Nadie quiere ver la visita de la muerte en el hogar, porque francamente es muy fea y, menos aún, debemos dejar que toque a nuestra niñez y juventud: ¡con ellos no!

Los viajes comerciales a Marte empiezan a ser noticia. La vacuna contra el SARS-CoV-2 por fin parece estar a tiro de piedra. Aparecerá después de que el virus que saltó de su ámbito natural al ser humano haya vestido de luto al mundo entero, ya suman más de 750 mil seres destruidos por la pandemia. México rebasó hace 4 días (11 de agosto) las 53 mil víctimas. El patógeno desembocó en los pulmones de los seres humanos porque no encontró la biodiversidad natural en la que se reproducen desde tiempos quizá inmemoriales, el progreso destruyó sus formas de vida, la verdad de la técnica nos arroja la factura.

La prestigiada revista Nature, no está de más repetirlo, publicó este mes un estudio coordinado por la University College London resultado de 184 investigaciones en el mundo que analizaron 6 mil 801 grupos ecológicos y más de 7 mil especies, entre las cuales 376 albergan agentes biológicos patógenos capaces de transmitir daño a la biología de los seres humanos. De seguir por la ruta de provocar en extremo a la naturaleza, de destruirla impunemente a nombre de los humanismos de todas las estirpes, muy pronto andaremos con mascarillas antigases y dos tanques de oxígeno a las espaldas, mismos que serán eficazmente comercializados por nobles y virtuosas empresas filantrópicas. El ser humano debe ser superado como protagonista y conductor de la nave, el antropocentrismo está destruyendo el planeta, necesitamos pensar en otro comienzo, sin el dominio absoluto de la verdad de la técnica.

Me entretuve con las novedades noticiosas para no aburrirlos con el mismo estribillo, el que me dicta circular y obsesivamente el enredo burocrático en el que estoy metido, a mitad del río.

El once de mayo, harto de esperar, decidí volver a llamar al buen Jesús, para saber sobre el rumbo de mi vida. Me contestó que los recibos de pago ya estaban hechos, que solo faltaba el cálculo de los impuestos -como economista tránsfuga me acordé que una regla de tres sí la domino con cierta solvencia y me ofrecí gratuitamente a ayudar al departamento de contabilidad. Hubo un silencio incómodo.  Jesús me confortó, me dijo que solo era cuestión de días.

El 15 de mayo, el mero día del profeta, en medio de la pandemia, recibí el llamado de Jesús. Necesitaba que fuera a Planeación y Finanzas para firmar los recibos de pago, que llevara el número clave de la cuenta a la que harían la transferencia. Al final del día, ya vestido como astronauta, firmé los cuatro recibos de pago.

 

–A ver profesor, tenemos entendido que son dos estímulos. Como fue un error de mi actuación, le comentaba que sólo me dieron la diferencia y se convirtieron en cuatro recibos de pago. Por lo que tengo que solicitarlo de acuerdo a cada partida, por cada AP.

­      –Bueno…

–Profesor, necesito… bueno le voy a tener que pasar unos papeles. Este es el oficio y este es el recibo. Aquí, si lo lee usted, va a ver que hay dos cantidades iguales, que es lo que se le solicitó a presupuesto, lo que está por la partida…; pero, aquí habla del monto a pagar, las cantidades que le acabo de mencionar. Necesito que me plasme su nombre y firma, con la fecha del día de hoy, 15 de mayo de 2020, en los cuatro por favor. Yo me doy la vuelta para que pueda firmar.

            –De acuerdo…

–Solamente me va plasmar… esto es lo que le voy a entregar cuando le hagan el depósito. La copia del oficio, el recibo que me firme usted acá y este de abajo, es la copia de la póliza para justificar que se le hizo el pago y lo pueda comprobar ante el SAT y no tenga problemas por el depósito.

Yo, ahorita mismo lo voy a subir a firma con mi director. Él me lo tendría que estar firmando…hoy, porque no ha llegado, tiene que firmar hoy, o, a más tardar, el día lunes…En cuanto él me lo firme…después que me lo firmen en Contabilidad, son sólo cinco días hábiles para el depósito. Yo le mando imagen de estos dos oficios recibidos, para que vea la fecha en los que me los recibieron en contabilidad. Ahorita estamos en guardia, yo ahorita por su asunto, porque tengo el compromiso he estado viniendo.

–Sí, se lo agradezco…

–Deme oportunidad que me lo firmen.

–Bueno, gracias.

–Pero sí le doy la seguridad que el depósito no debe pasar de la siguiente semana, a más tardar la última semana de mayo.

.    

Me dijeron que había que esperar una o dos semanas. Así, esperando, nos quedamos hasta el 29 de mayo, fecha en que me marcó Jesús, para decirme que habían cometido un error, que tenía que firmar de nuevo los recibos, pero que ahora sí, después de esto, nos depositarían.

Arrastrando el ánimo por el piso, me dirigí al edificio de marras en mi carácter de cosmonauta, con los guantes blancos y el ánimo negro, platiqué con Jesús. Me atendió guardando la sana distancia, del otro lado de la ventanilla. Me regresó los recibos de pago firmados por mí la última vez que nos encontramos: “…para que vea que todo está en orden” –me dijo que esperara, que faltaba poco.  

 

–No cambia nada. Su nombre y su firma aquí, por favor, profesor.

–Pero, ¿cuál fue el error que cometieron?, ¿me puede decir…?

– El tema fue la partida, mire, como se manda el mismo número, que es este, donde se genera el recurso y como se hizo dos veces, cambió el número de la AP, me la cambiaron, entonces usted firmó por la 470. La única variación… de hecho los recibos ni siquiera están firmados por mí…

–¿Cuál es entonces el error…?

– La única variante en el recibo es la partida […]. Aquí está, es exactamente igual, mire. Misma cantidad, mismo número, solamente este numerito es el que cambió. Aquí firmamos por la 470 y es por la 824. Lo único que cambió, mire, las cantidades son las mismas de las que firmó. Aquí me regala su firma, por favor.

–Sí, por supuesto.

–Aquí está su firma de ese, la que tenga la firma de mi director obviamente no se la puedo regresar, pero ahí está su firma. Profesor, para que vea que no se utilizó en otra cosa.

– ¿Y la fecha de hoy?

– Sí, obviamente, le estoy poniendo fecha de hoy para que me lo acepten. No hay mayor problema, aquí igual regáleme su firma y ahorita le regreso… La primera es la que ya está en curso, la segunda ya vio el cambio que hubo. Lo mismo, aquí está la firma autógrafa para que se la lleve y ya no necesito que venga más. Para ver lo del depósito, dele seguimiento, regáleme una llamada el miércoles de la próxima semana.

–Bueno, pues gracias, muy amable. Hasta luego.

 

Corrió casi un mes y ni sus luces de Jesús. El jueves 25 de junio me habló la voz – esta vez la escuché casi con indiferencia. Se podía sentir el vacío, como quien ha dejado de creer en Jesús. Me explicó que tuvieron que repetir la operación de los recibos de pago, ya no me acuerdo por qué motivo, que firmara de nuevo otros dos, con esa fecha, y me regresaban los que firmé el 29 de mayo -sin la firma de su jefe, “…para que vea que todo estaba en orden”.  

Le dije que sí, que iría, pero que no entraría al tenebroso inmueble en tiempos de coronavirus. Me respondió que él saldría, que me esperaría afuera. Así lo hizo, nos saludamos a la distancia, firmé los dos nuevos recibos de pago, por idénticas cantidades que las veces anteriores, y me regresó los dos firmados por mí: “para que vea que todo está en orden”.

Cuatro días después, el lunes 29 de junio, un año y ocho meses del fallecimiento de Diotima Aguilera, la Secretaría de Planeación y Finanzas de Puebla, garantizaba una prestación laboral que debiera ser expedita para los deudos del magisterio. No estoy levantando aquí, dios me libre, una acusación contra nadie. Solo doy constancia de un proceso burocrático muy tormentoso y oscuro, la misma suerte que, adivino, tienen que correr los familiares, los herederos del magisterio poblano.

No, desde luego que no espero nada, mis textos anteriores sobre el particular han caído en el desierto, escribo porque siento el imperativo de contar, en los hechos, de qué manera la figura del magisterio ha sido desvalorizada hasta el ninguneo de su muerte, son tratados, como dijo Carlos Marx a los críticos de su maestro Hegel, como perros muertos.

La revalorización del gremio que propone la Cuarta Transformación necesita sacudirse, con urgencia, la cruel negación ontológica que el neoliberalismo hizo caer sobre las existencias de los docentes. Los Anitos y los Meletos de la hora, los acusadores del magisterio mexicano, no sólo les dieron a beber la cicuta del desprecio social sino que además los condenaron a un turbulento y angustioso malestar más allá de su muerte.

 

PD. Me contó el reconocido abogado Alberto Peralta Merino, a propósito de un seguro que aún tenemos pendiente tramitar en la SEP de Puebla, que él tardó más de tres años en hacer efectivo el seguro institucional de su madre, quien también era profesora de Puebla. En ese moroso escenario me pregunto, antes de que caiga el telón, ¿cuántas profesoras y profesores se ven obligados, después de muertos, a seguir enfrentando al monstruoso Leviatán?, ¿cuántos de sus deudos mueren antes de hacer efectivo ese derecho fundamental...?

Como dije, no espero respuestas. Supongo que tendré materia suficiente para seguir pensando en la relación de los usos y abusos de la burocracia patrimonial con el magisterio nacional.

Y después de todo, al final del túnel, tengo que reconocerlo, me acostumbré a esperar la llamada, la voz de Jesús.

Tal vez hasta le llame para que me dé esperanzas…


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