Miércoles, 20 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

¿Cuándo me volví invisible?

Personas Adultas Mayores

Luis Soriano Peregrina

Abogado, defensor de derechos humanos. Fue subsecretario de Derechos Humanos y primer encargado de la Comisión de Búsqueda en Puebla. Actualmente es director para América Latina de la Organización Mundial de DH y Paz y presidente de Voz Ciudadana por los Derechos Humanos

Viernes, Julio 24, 2020

El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad. ¡Envejece conmigo! Lo mejor está aún por llegar. Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena.

A seis días de iniciar Agosto, el mes de las personas adultas mayores, debemos recordar que en Puebla desde hace ya cinco años se estableció una política sistemática de desaparecer todo derecho a las personas adultas mayores, realizando diversos paquetes de modificaciones imperceptibles ante la sociedad y otras que fueron muy evidentes como lo fue la desaparición del Instituto de Adultos Mayores del Estado de Puebla, el conjunto de todas estas acciones, ajustes y modificaciones tienen hasta el día de hoy condenadas a las personas adultas mayores en nuestra Entidad, urge alinear nuestro actuar público con los Tratados Internacionales en favor de las personas Adultas Mayores.

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Actualmente hay casi 13 millones de personas mayores de 60 años en México, lo cual equivale a un 10 por ciento de la población. Pero según proyecciones del Consejo Nacional de Población (CONAPO), en 2030, esa población llegará a las 20 millones 365 mil 839 personas.

Lo antes citado hace evidente que las acciones emprendidas por el actual Gobierno Federal de apoyar directamente e incrementarles los apoyos a las personas adultas mayores, así como la propuesta de reestructura del sistema de pensiones en nuestro país y diversas acciones que se vienen impulsando son fundamentales para evitar una crisis grave en el 2030 y hacía adelante.

Pensar en áreas de atención de personas adultas mayores solo con acciones de activación física es un error grave que incluso revictimiza a este sector de la población, tenemos que ver a las personas adultas mayores como sujetos de derecho y ya no como objetos de asistencia, proponer y construir acciones que sean transversales y provocar que sus derechos y protecciones sean progresivas hacia el ideal que se busca en el marco de los derechos humanos, acciones donde si se siga provocando la activación física, pero que se incluyan acciones de integración social, laboral e incluso que tengan acceso a conocimiento de las nuevas tecnologías, es fundamental, pero también es necesaria que esta integración sean multigeneracionales, tal es el caso de ayudar a vincular a las niñas y niños con las personas adultas mayores, si desde temprana edad aprendemos a respetar, admirar y aprender de las experiencias y conocimientos de las personas adultas mayores y estos últimos tienen oportunidad de reconocerse como aun parte fundamental y productiva de un grupo social, mejor sociedad seremos.

Estimado lector, hace algunos años compartí en mi Facebook lo que a continuación les comparto, te propongo algo, haz el siguiente ejercicio, lee lo siguiente en voz alta y como si tu lo pensaras, siéntelo y al final te invito a que reflexiones lo que tal vez en unos años ya no será un ejercicio sino será tu realidad, obséquiame tus comentarios de esta reflexión al final de este artículo, será un formidable ejercicio de reflexión

Ya no se en qué fecha estamos. En casa no hay calendarios y en mi memoria los hechos están hechos una maraña. Me regresa el recuerdo de estar en ese 2020 que no salía de casa y a veces no sabía en que día vivía o si era domingo o era martes, en esa época me acuerdo que jugaba mucho con mis hijos, también me enojaba mucho con ellos, era un encierro aunado a frustración de no saber que haría el día de mañana, pero era el dueño de la casa, era fuerte y con mucha energía, yo decidía que poner y que quitar, un florero, un sillón, una tele, etc. Recuerdo mi cuarto enorme, con mi baño y me molestaba cada vez que entraban mis hijos y mis sobrinos a mover algo, de todo eso ya no hay nada. Todas las cosas antiguas han ido desapareciendo. Y yo también me fui borrando sin que nadie se diera cuenta.

Primero me cambiaron de alcoba, pues la familia creció. Después me pasaron a otra más pequeña aun acompañada de mis bisnietos. Ahora ocupo el desván, el que está en el patio de atrás. Prometieron cambiarle el vidrio roto de la ventana, pero se les olvido, y todas las noches por allí se cuela un airecito helado que aumenta mis dolores reumáticos.

La otra tarde caí en cuenta que mi voz también ha desaparecido. Cuando les hablo a mis nietos o a mis hijos no me contestan. Todos hablan sin mirarme, como si yo no estuviera con ellos, escuchando atenta lo que dicen. A veces intervengo en la conversación, seguro de que lo que voy a decirles no se le ha ocurrido a ninguno, y de que les va a servir de mucho mis consejos. Pero no me oyen, no me miran, no me responden.

Entonces lleno de tristeza me retiro a mi cuarto antes de terminar de tomar mi taza de café. Lo hago así, de pronto, para que comprendan que estoy enojado, para que se den cuenta que me han ofendido y vengan a buscarme y me pidan perdón... Pero nadie viene.

El otro día les dije que cuando me muera entonces si me iban a extrañar. Mi nieto más pequeño dijo "¿Estás vivo abuelo?". Les cayó tan en gracia, que no paraban de reír. Tres días estuve llorando en mi cuarto, hasta que una mañana entró uno de los muchachos a sacar unas llantas viejas y ni los buenos días me dio.

Fue entonces cuando me convencí de que soy invisible, me paro en medio de la sala para ver si aunque sea estorbo, me miran, pero mi hija sigue barriendo sin tocarme, los niños corren a mi alrededor, de uno a otro lado, sin tropezar conmigo.

Cuando mi yerno se enfermó, pensé tener la oportunidad de serle útil, le llevé un té especial que yo misma preparé. Se lo puse en la mesita y me senté a esperar que se lo tomara, solo que estaba viendo televisión y ni un parpadeo me indicó que se daba cuenta de mi presencia. El té poco a poco se fue enfriando... y mi corazón con él.

Un día se alborotaron los niños, y me vinieron a decir que al día siguiente nos iríamos todos de día de campo. Me puse muy contento. ¡Hacia tanto tiempo que no salía y menos al campo! El sábado fui la primera en levantarme. Quise arreglar las cosas con calma. Los viejos nos tardamos mucho en hacer cualquier cosa, así que me tomé mi tiempo para no retrasarlos. Al rato entraban y salían de la casa corriendo y echaban las bolsas y juguetes al carro. Yo ya estaba listo y muy alegre, me pare en el zaguán a esperarlos. Cuando arrancaron y el auto desapareció envuelto en bullicio, comprendí que yo no estaba invitado, tal vez porque no cabía en el auto. O porque mis pasos tan lentos impedirían que todos los demás corretearan a su gusto por el bosque. Sentí claramente cómo mi corazón se encogía, la barbilla me temblaba como cuando uno se aguanta las ganas de llorar.

Yo los entiendo, ellos si hacen cosas importantes. Ríen, gritan, sueñan, lloran, se abrazan, se besan. Y yo, ya no se a que saben los besos. Antes besuqueaba a los chiquitos, era un gusto enorme el que me daba tenerlos en mis brazos, como ramitas nuevas que habían salido de este viejo tronco en que me he convertido. Sentí su piel tiernita y su respiración dulzona muy cerca de mí. La vida nueva se me metía como un soplo y hasta me daba por cantar canciones de cuna que nunca creí recordar.

Pero un día mi nieta Laura, que acababa de tener un bebe dijo que no era bueno que los ancianos besaran a los niños, por cuestiones de salud. Desde entonces ya no me acerqué más a ellos, no fuera que les pasara algo malo por mis imprudencias. ¡Tengo tanto miedo de contagiarlos! Yo les bendigo a todos y les perdono, porque ¿Qué culpa tienen ellos de que yo me haya vuelto tan inservible?

Una interesante reflexión puede ser la siguiente:

¿Cuántas veces ignore lo que dijo mi padre que ya murió o los abrazos de mi abuela que ya se fue?

"¡¡Ya está viejo, que sabe, estos son otros tiempos"

RECUERDA que ellos también fueron bebés, niños, jóvenes, adultos llenos de vida, ilusiones, fuerza...

RECUERDA que sus manos, antes fuertes, te dieron el apoyo que hoy tu les niegas... que su voz firme habló por ti cuando tú no sabías decir lo que necesitabas... que sus palabras te dieron muchas veces el consuelo que hoy tu les niegas... que pusieron toda la atención a las primeras palabras que dijiste, palabras casi incomprensibles... y hoy no los escuchas porque dicen "puras tonterías".

Los ancianos que te rodean, en la familia, trabajo o en cualquier otro lugar fueron lo que tú has sido, lo que eres... Y LO QUE SERÁS.

¿Por qué no recordar que la vida suele ser como un espejo... devolviéndote lo que le das?

Amar, cuidar y RESPETAR a las personas adultas mayores... no hacerlos sentir invisibles, es un acto de justicia.

Han caminado mucho para llegar a donde están, han sufrido, han llorado, han perdido, han "hecho camino al andar"... no pisoteemos sus veredas, mejor aprendamos de ellas.

FELIZ MES DE LAS PERSONAS ADULTAS MAYORES

Mi twitter es @LuisSorianoVC

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