En diversas épocas y lugares han surgido personajes que se aprovechan de las circunstancias para lograr sus objetivos. En nuestros días hay quienes siguen vendiendo espejitos, promesas fáciles y soluciones mágicas. Para ellos todo tiene remedio, no importa si el resto del mundo dice otra cosa.
Tienen respuesta para todo y si se ven entrampados, saben darle la vuelta y mostrarse convincentes.
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Steven Levitsky y Daniel Ziblatt afirman, por ejemplo, que el quiebre de las democracias ya no se da necesariamente mediante golpes de Estado sino por los propios gobiernos electos.
Señalan: “Los autócratas electos mantienen una apariencia de democracia a la que van destripando hasta despojarla de contenido…Aislar a los extremistas populistas exige valentía política”.
… La paradoja trágica de la senda electoral hacia el autoritarismo es que los asesinos de la democracia utilizan las propias instituciones de la democracia de manera gradual, sutil e incluso legal para liquidarla”.
Steven Levitsky, Daniel Ziblatt, Cómo mueren las democracias, Editorial Ariel, México 2018.
Así pues, hay personajes que surgen ante el hartazgo social, el incumplimiento de la palabra empeñada y la necesidad de soluciones. Le hablan al pueblo con un lenguaje coloquial, le dicen lo que quiere escuchar y hasta se muestran como enviados de un ser supremo. Por eso los considero “falsos profetas”.
El Papa Francisco lo dice muy claro: los falsos profetas «son como encantadores de serpientes; se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas a donde ellos quieren»
La Biblia, en el Libro de Ezequiel capítulo 13, versículos del 2 al 10, de acuerdo a la traducción de Gateway es muy dura respecto a estos personajes y dice:
Esos falsos profetas son astutos y desalmados. Para muestra, la siguiente anécdota:
“Dícese de Josef Stalin en una de sus reuniones mandó pedir una gallina. En cuanto se la trajeron la tomó del cogote con una mano y con la otra empezó a desplumarla… La gallina, desesperada por el dolor, intentó liberarse sin éxito. Stalin la tenía fuertemente sujetada. Al final, la gallina quedó por completo desplumada.
Después de esto, se dirigió a sus ayudantes y les dijo: “Ahora queden atentos a lo que va a suceder”. Stalin puso la gallina en el piso y empezó a caminar, al tiempo que le arrojaba granos de trigo. La gallina, adolorida y sangrante a más no poder, perseguía a Stalin e intentaba repetidamente agarrar su pantalón, mientras este continuaba tirándole el trigo.
El caso es que la gallina no paraba de perseguirlo. Ante la asombrada reacción de sus colaboradores, cuenta la anécdota, Stalin les dice: “¿vieron cómo me persiguió la gallina? Así es la mayoría de los pueblos, persiguen a sus gobernantes y políticos, a pesar de la humillación y el dolor que aquellos les causan, a cambio de dádivas”.
Qué triste y lamentable es el precio que se paga por creer en personajes que -como dice Arjona- mienten como total honestidad.
César Marcelino León
Twitter: Marcelino:Leon