Si bien, el Secretario de Educación Pública comentó que esta semana y la siguiente son vacaciones escolares, lo cierto es que en este tiempo de cuarentena todo parece ser igual, de lunes a domingo y desde el amanecer hasta el anochecer, lo que de pronto pone en tela de juicio si podremos adaptarnos a esta rutina cotidiana.
El vivir este periodo de aislamiento, crea incertidumbre en torno al cómo actuar ante la inseguridad individual- global simultánea que sentimos. Durante mucho tiempo los profesores hemos pensado que tenemos a nuestra disposición una gran variedad de estrategias y recursos metodológicos para gestionar el aprendizaje en el aula, organizar a nuestros alumnos y promover situaciones de aprendizaje, pero nunca imaginamos que llegaría un tiempo en el que la escuela se cerrara y el sistema educativo se frenara en seco, como lo escribió Manuel Gil Antón. No más clases hasta un nuevo y lejano aviso.
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Si bien, vivimos en un siglo en el que la tecnología ha revolucionado el aprendizaje, no ha ocurrido de la misma manera en las diversas realidades del país, es cierto que es posible expandir los aprendizajes tanto en el tiempo como en el espacio fuera de los horarios y las paredes de las aulas escolares, sin embargo, ni todos los alumnos, ni todos los maestros están en el mismo punto en este vector de cambio.
Creo que es necesario y positivo demandarles a las autoridades educativas el diferenciar entre el deseo del cambio y las posibilidades reales de cambio, esta crisis nos enfrenta a la ausencia en general de estrategias específicas de educación a distancia, especialmente cuando se fuerza a los maestros a llenar formatos de planeación y evidencia de productos solicitados a los alumnos bajo la premisa de que tanto alumnos como maestros tienen acceso ilimitado a internet y que es posible constatar productos de aprendizaje enviando fotografías por WhatsApp, por correo electrónico y hasta evaluarlos.
Lo anterior basta para reflexionar en lo mucho que necesitamos formarnos, no solo los maestros y los alumnos, también los padres de familia, los medios de comunicación y la sociedad en general a partir de lo que estamos enfrentando e intentar dimensionar hasta qué grado seguimos pensando a la educación bajo las formas tradicionales de la escolarización, en la que poco hemos fomentado el auto aprendizaje.
Esto cobra especial relevancia cuando la mayor parte de la población no solo no sabemos cómo gestionar nuestros conocimientos, tampoco tenemos idea de cómo gestionar nuestras emociones, tal vez sea necesario intentar construir una propuesta integral educativa diferente, intentando anticiparnos a lo que requiere la formación ciudadana hoy, frente a los dilemas a los que nos enfrenta esta pandemia.
La situación precaria de buena parte de la población llena de angustia, por lo que darles a las familias la total responsabilidad de que sigan las indicaciones y las tareas que les dejaron sus maestros, fomenta muchas veces, una carga emocional que dispara sus niveles de ansiedad y que, aunado al confinamiento obligatorio, eleva sus grados de estrés.
Ayer, el Dr. Juan Manuel Quijada Gaytán, director de los Servicios de Atención Psiquiátrica de la Salud, envió un mensaje especial de reconocimiento a los niños, las niñas y los adolescentes ante la pandemia de COVID-19, reconociendo su contribución a quedarse en casa.
Dada esta especial condición, pocos podrán desarrollar los contenidos académicos frente a la emergencia que estamos viviendo, lo recomendable es que se promuevan actividades para un sano desarrollo de acuerdo al lugar y a las condiciones en las que viven y si a eso se les puede añadir tiempos de esparcimiento y relajación con su familia, mucho mejor.
Mi amiga Kerri Girton de Williamsport Pennsylvania, ideó una experiencia que han estado realizando sus dos hijas, Elaina y Ava de 9 y 11 años durante la cuarentena. Ellas están haciendo pequeños reportes desde su casa y han estado incluyendo algunas entrevistas con niños alrededor del mundo, para ver qué tan similar o diferentes son sus experiencias en cuanto a los efectos del COVID-19, además de que investigan y aprenden sobre otras culturas. Para ellas, esto ha sido muy divertido en este tiempo de distanciamiento social, insertas en una actividad en la que no solo ejercitan sus habilidades comunicativas, sino también ciertos procesos metacognitivos relacionados con sus experiencias produciendo saberes significativos que se albergaran por siempre en su memoria.
Por WhatsApp han entrevistado a niños de República Dominicana, Puerto Rico y de aquí de México, uno de ellos ha sido Mateo. Una vez realizada las entrevistas, las trascriben y difunden en un periódico llamado OUTSIDER, que contiene las secciones: Entrevistas internacionales, historias, conocimientos comunes, acertijos, rompecabezas y las notas de las editoras. Su periódico está siendo leído por sus padres, amigos y difundido a través de Facebook, en donde al mismo tiempo solicitan los contactos con otros niños del mundo.
En el sur de nuestro continente con otra mirada, pero también relacionados con aprendizajes significativos, la maestra María Caballero, que vive en Maciel, Argentina y trabaja en el Centro Educativo Rural 303 “Antonio Arenales”, ante el resguardo obligatorio por la pandemia y ante la carencia de internet en los hogares de sus alumnos, se las ha ingeniado para fomentar actividades para sus alumnos.
Ella elabora cuadernillos semanales de actividades fáciles que pueden realizar en sus casas y los cuelga en bolsas en las cercas de las casas para que las recojan sus alumnos cada inicio de semana. Con su vehículo reparte las bolsas y cada fin de semana las cambia para motivarles a seguir trabajando, por supuesto nunca faltan los mensajes para que continúan cuidándose y no salgan de sus casas.
Como puede apreciarse, las dos estrategias parecen ser diferentes por quien las promueve, el contexto donde se desarrollan y los medios que tienen su alcance, sin embargo, ambas promueven experiencias significativas que serán albergadas en la memoria de trabajo de cada uno de los niños y niñas que participan, especialmente porque les genera un cúmulo de emociones que mueve sus redes neuronales y evita lo que se denomina el apagón emocional (Fuster, 2014).
Esta memoria de trabajo, es tan importante que mucho neurocientíficos creen que es el ingrediente fundamental de la inteligencia humana, se trata de la memoria que utilizamos para enlazar lo que ya sabíamos con la experiencia que vamos teniendo a lo largo de nuestra vida través de la ejecución de una tarea, una acción o resolver un problema y así actuar en consecuencia (Punset, 2015)
Todos estamos viviendo en incertidumbre y los niños y adolescentes tienen tanto miedo como nosotros. Nuestros niños no solo escuchan todo lo que sucede a su alrededor, también sienten nuestra constante tensión y miedo, porque nunca han experimentado algo así.
Más que contenidos de su programa escolar, lo que necesitan es sentirse cómodos y amados, vivir con la esperanza de que todo estará bien, por eso romper su horario y estar con sus hijos amándolos, se vale. Hornear galletas, pintar cuadros, jugar juegos de mesa, ver películas, leer un libro, hacer un periódico o proponer actividades se puede, todo se puede en este tiempo en el que estamos resguardados.
Yo no me preocuparía por los resultados escolares, todos estamos en el mismo barco y cuando se vuelva a la normalidad, se corregirá aquello que tenga que corregirse porque al final lo que importa somos los seres humanos, nuestros seres queridos mucho más que los resultados escolares, porque lo que estamos pasando permanecerá por siempre en nuestra memoria y dependerá de nosotros también cómo seguimos viviendo y a qué le damos su justo valor.
Referencias:
Fuster, J. (2014) “La red neuronal es la base de todo conocimiento y la memoria”. Editorial Ariel.
Punset, E (2015) “El amor está en el cerebro”. Ediciones Destino.