La infancia en México hoy sufre al tener que vivir con una realidad de ignorancia, pobreza, violencia y de una sociedad carente de valores y principios, de acuerdo con el documento “La agenda de la infancia y la adolescencia 2019-2024”, emitido por la UNICEF en México viven 40 millones de niños, niñas y adolescentes que representan el 35% de la población.
En materia educativa 4 millones de niños no van a la escuela y los rezagos en materia de educación se reflejan en el aprendizaje, pues 8 de cada 10 niños no alcanza los conocimientos requeridos a su nivel.
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La violencia contra niñas, niños y adolescentes es difícil cuantificarla, pero los datos que arroja principalmente en el sector salud arrojan información preocupante, pues en los últimos 7 años diariamente son asesinados aproximadamente 3 niñas, niños y adolescentes.
En días pasados nos alarmo el conocer que en Guerrero están reclutando niños entre 6 y 15 años para entrenarse en técnicas de autodefensa, según la policía comunitaria de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias y Pueblos Fundadores (CRAC-PF). ¿Qué estamos viviendo? ¿Por qué en lugar de estar con armas para proteger a sus familias no están en la escuela?.
A diario vemos niños generalmente provenientes de Centroamérica que utilizan a México como país de tránsito , en el 2016 la autoridad migratoria detecto 40,114 de niños, niñas y adolescentes y cerca de la mitad de ellos viajaban sin la compañía de un adulto .Y la cifra de niños mexicanos retornados de Estados Unidos fueron en ese año 13,737. Estos niños sin distinguir su procedencia son afectados no solo en su libertad, sino en su derecho a la educación, a la salud, a vivir una vida libre de violencia, a la integridad personal.
Ante esta realidad, la niñez debe ser una prioridad en el trabajo del gobierno, empresarios y la sociedad en general.
México ya suscribió objetivos de desarrollo sostenible en los que se compromete a resolver la situación actual y se han dado avances en materia legal con la Ley de los derechos de las niñas, niños y adolescentes a nivel nacional y la del Estado de Puebla, también las organizaciones civiles han trabajado a favor de la niñez y la adolescencia pero no ha sido suficiente.
Se requiere redoblar esfuerzos generar políticas públicas que fortalezcan a la familia, generar empleos, dar seguridad, certeza jurídica y educación. Solo haciendo un frente común ayudaremos a mejorar las condiciones de vida de los niños y adolescentes, a que se respeten sus derechos y se desarrollen en un ambiente de paz y tranquilidad, pues atrás de cada número que se enuncia es la vida de un niño, una historia de vida que refleja la situación familiar y el ambiente en el que se desenvuelve.
La infancia de nuestra querida Puebla y de México requiere del compromiso de cada uno de nosotros para que desde la trinchera que ocupamos garanticemos sus derechos, pues no estamos ajenos a que las víctimas sean nuestros propios hijos.