María Teresa Galicia Cordero*
La moderación del tránsito es una estrategia de diseño de vías cuyo fundamento es en teoría, tomar en cuenta aquellos factores que pueden impactar seriamente la seguridad de la vía. Esta moderación del tránsito es específica para áreas con alta actividad peatonal.
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Esta estrategia de diseño puede justificar en ciertas vialidades, la instalación de bolardos, ya que ofrecen elementos de visión claros que alertan a los conductores de cambios en los patrones de los carriles de las vialidades.
Sin embargo, su instalación en nuestra ciudad parece no tener una planeación adecuada, puesto que ya es posible observar que, en lugar de resolver el problema, lo incrementa y hasta puede provocar otro tipo de accidentes, por ejemplo, en la Av. Reforma y 5 norte-sur o la Av. 2 0riente y Boulevard 5 de mayo. Aunado a ello la sospecha de prácticas corruptas en su adquisición han logrado que muchos ciudadanos estén en contra de su colocación.
No basta estar a favor o en contra de esta estrategia de diseño o de otras que se puedan tomar en cuenta, lo importante es reconocer el concepto de accesibilidad como fin principal de la movilidad urbana, para que se reoriente la problemática y sea tratada como todo un sistema que incluya el monitoreo, la legislación, la vigilancia y, sobre todo, la educación y seguridad vial.
Uno de los argumentos para la colocación de los bolardos es que se prioriza al peatón en zonas de alta movilidad, sin embargo de qué sirven la colocación de bolardos, rayas peatonales, semáforos peatonales o puentes peatonales por ejemplo, si el peatón cruza las vialidades donde quiere, no transita por las banquetas y se va insertando entre los vehículos para pasar a la otra acera ; si los proveedores del Centro Histórico se estacionan en doble o triple fila obstruyendo totalmente el paso de los vehículos y de los peatones; si los conductores de las bicicletas conducen en sentido contrario y sobre las banquetas y áreas peatonales; si quienes van en motocicletas no respetan los carriles establecidos y serpentean por aquí y por allá; si los conductores de los vehículos no respetan el límite de velocidad establecido etc. etc. es decir, ni conductores ni peatones tenemos la educación necesaria para conducirnos de manera responsable.
La movilidad urbana abarca al conjunto de desplazamientos, de personas y mercancías, que se producen en una ciudad con el objetivo de salvar la distancia que separa los lugares. Estos desplazamientos son realizados a pie o en diferentes medios o sistemas de transporte: bicicleta, coche, autobús, metro, etc.
Para lograr una buena movilidad en nuestra “Ciudad Incluyente” no basta con buscar la eficiencia de los traslados adoptando ciertas estrategias, también es fundamental, promover el uso de medios de transporte más sustentables.
Reestructurar el funcionamiento de una ciudad, abarca por ejemplo todo el transporte público (basados en estudios de origen y destino) implementando un modelo de gran capacidad no permitiendo el minibús, el microbús, las combis o las van, porque saturan las vialidades y son elementos de gran contaminación; modificar las rutas de transporte tomando en cuenta los nuevos mapeos de movilidad; instalar parquímetros, como una manera de democratizar el espacios público; establecer horarios específicos para la entrada de los proveedores al centro; peatonizar algunas vialidades del Centro Histórico; mantener y vigilar la baja velocidad en las calles y restringir el uso inmoderado del vehículo particular entre algunas sugerencias.
Pero para que todos los ciudadanos ejerzamos nuestros derechos, pero también nuestras obligaciones, es fundamental la educación vial, sin ella, los esfuerzos y las estrategias no serán suficientes y se seguirán utilizando como bandera política para estar a favor, o en contra.
*Con la colaboración del Ing. Eduardo Mauricio Libreros López. Especialista en Tránsito y Transporte.