Un grupo de investigadores del Instituto Wellcome Sanger de la Universidad Montpellier en Francia analizaron recientemente todo el material genético de siete especies diferentes del parásito Plasmodium falciparum causante de la malaria. De tal forma que se analizaron tres variedades de malaria en chimpancés, tres más en gorilas y una en el ser humano.
Los análisis genéticos lograron mostrar que el gen llamado rh5 que a su vez origina a la proteína RH5, es una pieza clave para que el parásito sea capaz de infectar a los glóbulos rojos (eritrocitos) de manera especie específica. De hecho, las fiebres que se presentan cada 24h se deben a que los eritrocitos mueren al ser infectados por el Plasmodium y lo hacen en la transición de la luz a la oscuridad, lo que produce las características fiebres altas de esta enfermedad.
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Esta proteína RH5 fue exactamente igual en humanos y gorilas hace 50,000 años y después mutó, esto es cambió, lo que la hizo específica para los humanos. En otras palabras, dejó de ser una zoonosis, una enfermedad que solo afecta a los animales para volverse una enfermedad humana, un brinco fundamental para poder diseminarse es a través de los mosquitos del género Anopheles. Si recuerdan amables lectores eso sucedió con la influenza H1N1 que pasó de los cerdos (zoonosis) a una enfermedad solo humana que se transmite por las secreciones nasales. Cabe la pena destacar que la malaria produce 345,000 muertes cada año y dos tercios de estas suceden en niños por debajo de los 5 años de edad, por lo que es una prioridad para la Organización Mundial de la Salud encontrar una cura o prevenirla. Ahora que sabemos que la proteína RH5 es específica del hombre y que es usada por el parásito para ingresar a los eritrocitos, se ha convertido en un blanco ideal para el desarrollo de una vacuna y quizás lograr erradicar esta enfermedad parasitaria del mundo.