Cansados de un estilo de vida en México y con el afán de promover un cambio que genere beneficios, en el transcurso de este año se ha vivido una serie de modificaciones en el cual algunos programas sociales se han implementado o modificado de acuerdo a lo que alguien determino como “mejor”, pero para poder comprobar que realmente lo es, es necesario conocer la situación real que se vive desde un enfoque sociológico y no solo hacer actos de caridad basado en suposiciones, el cambio debe ser gradual, preciso y oportuno, pero algunos de estos beneficios que se otorgan a los aspirantes para obtener un apoyo no tienen claridad en su función y en la manera de organizarlos, por lo que se ve entorpecido el proceso de su desarrollo, hace que se viva en incertidumbre y esto genera crisis de no saber con qué se cuenta para regular su vida cotidiana, se apoya a quien no lo necesita, a quien hace mal uso de un recurso y se omite el apoyo a quien de verdad lo requiere.
Determina el cambio alguien que no tiene ningún padecimiento económico, o que sustenta su argumento en hipótesis, el reto es conocer los estilos de vida de las personas involucrándose con las necesidades que se tienen, la ayuda cuando no es considerada como tal se convierte en obligación, no hay reciprocidad de hacer un buen uso de lo obtenido. Es injusto catalogar o determinar una cantidad económica que se supone ayudará a mejorar una condición social, cuando por otra parte se está limitando a quien desea mejorar sus condiciones de vida.
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Los estudios sociales ayudan a entender las políticas públicas, no es lo que se ve lo que hay que mejorar sino lo que se vive y se padece, la ayuda que se oferta debe promover el compromiso moral de hacer un uso adecuado y cumplir con el propósito de lo que cada programa establece, no es un pago lo que las personas reciben, es un beneficio que con anticipación solicitaron y la responsabilidad que se adquiere es actuar de manera íntegra.
El cambio, no lo hacen las propuestas, planes de trabajo o programas de beneficencia, si no la ética que conduce a las personas, la cultura y su visión de desarrollo. No se debe actuar de modo apresurado pero sí de manera organizada y con la visión de una mejoría compartida que promueve el bien común basado en un compromiso que favorezca la calidad de vida en nuestro país, que forme personas con un pensamiento sano y un argumento sólido que contribuya a su desarrollo personal, el cambio no se refleja en lo que cada persona obtiene material o económicamente sino en lo que es capaz de hacer y dar para otros sin tomar ventaja de la situación.