El 11 de noviembre de este año, se conmemoran 101 años del fin de la Primera Guerra Mundial. Un conflicto que, no solo reconfiguró el mapa geopolítico del mundo, sino que impactó en la lucha que las mujeres estaban emprendiendo, en un nuevo siglo, por el reconocimiento de sus derechos humanos, civiles y político-electorales. Asimismo, esta conflagración trasladó inesperadamente desde la esfera privada doméstica hacia el espacio público a madres, hijas, hermanas, esposas, aún en contra de los roles establecidos por la sociedad de la época.
En esos momentos, el espacio público estaba dominado por los hombres, reflexionemos un poco sobre quiénes eran los líderes de algunos de los países que fueron a la guerra: Guillermo II en Alemania, Zar Nicolás II en Rusia y Jorge V en Inglaterra. Como una muestra del papel central de las mujeres en la esfera privada doméstica, una vez iniciada la guerra, el emperador alemán declaró: “¡Y pensar que Jorge y Nicky me pudieron haber engatusado! Si mi abuela estuviera viva, nunca lo habría permitido” (Kerr, 2014). Con lo anterior, percibo que Victoria pudo haber evitado la catástrofe más en su papel de abuela que de Reina.
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En este orden de ideas, quisiera compartirles que la empresa de servicio de video on demand, Netflix tiene en su catálogo el documental Women at war 1914-1918, el cual centra su desarrollo en grandes mujeres, las cuales aportaron sus sueños y acciones en un periodo convulso y que, sin saberlo, cambiarían el rumbo de todas las generaciones siguientes.
Y es así como recordamos, después de un poco más de un siglo, a algunas de esas brillantes mujeres: Edith Wharton, quien fue la primera mujer en recibir el premio Pulitzer y que inventó el trabajo humanitario moderno. Louise Bodin, entregada a la política, formó parte de las enfermeras conocidas como los “ángeles blancos”, quienes cuidaron de los soldados lesionados, ferviente creyente en que el “feminismo sólo podía ser pacifismo”. Marie Curie, gran científica que salvó muchas vidas por sus trabajos en radiología que permitieron a los médicos identificar en donde se alojaban las balas de los soldados y así también evitar amputaciones u otro tipo de cirugías, de igual forma, la primera mujer en recibir un Premio Nobel (y en dos ocasiones). Anna Coleman, escultora que, con el financiamiento de la Cruz Roja, construía máscaras faciales para los soldados que había sufrido alguna herida grave y a quienes les ayudó a sortear el trauma de la posguerra.
Sin duda alguna, este documental muestra la vida de algunas de esas mujeres que hoy reconocemos y a quienes agradecemos que, en la actualidad, podamos disfrutar de todos los derechos que un ser humano pueda gozar. Todas y cada una de ellas dieron pasos que hoy siguen causando eco, y que se hacen visibles en todas las acciones afirmativas que los sectores público y privado han impulsado.
Hace unas semanas, en nuestro país, el Congreso de la Unión impulsó y aprobó la reforma constitucional de los artículos 2°, 4°, 35, 41, 52, 53, 56, 94 y 115; que asegura la participación paritaria de las mujeres en el espacio público dentro del poder ejecutivo, legislativo y judicial así como en los órdenes de gobierno federal, estatal y municipal. Lo cual se convierte en un paso importante en la igualdad formal de las mexicanas. La tarea pendiente será que esos logros se cristalicen e impacten positivamente en la vida de todas, de lo cual, estaremos al tanto.
Finalmente, este documental nos pone en contexto sobre un momento que cimbró la lucha de las mujeres y las dirigió por nuevos horizontes. Recomiendo verlo junto con Women at war 1939-1945, del que me gustaría conversar más adelante.