Dos de los temas favoritos del presidente Trump, han sido los inmigrantes y el muro fronterizo, se ha referido a estos en reiteradas ocasiones desde que estaba en campaña, desde esa trinchera llamó a los inmigrantes mexicanos “violadores” y “criminales” (CNN, 2015).
Desafortunadamente su visión prejuiciada sobre los inmigrantes ha tenido como resultado políticas radicales, como negarles la entrada a los iraquíes, iraníes, sirios al principio de su mandato. Bajo esta perspectiva quiso repatriar a los “dreamers”: jóvenes que nacieron en otros países (muchos de ellos mexicanos) pero que son estadunidenses ya que crecieron en este país y se consideran como tales, a quienes les fue otorgada una amnistía en el gobierno de Obama, gracias a su comportamiento intachable (buenas calificaciones y sin récord carcelarios). Sin embargo, este beneficio estuvo en la cuerda floja, pues quería expulsar de EE.UU a los 800, 000 jóvenes, y negociar con los demócratas su legalización a cambio del muro. Finalmente, en noviembre de año pasado, una corte permitió seguir con el plan DACA que protege a este sector tan importante (CNN, 2018).
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Otra política que atentó contra los derechos humanos de los migrantes fue la llamada “Tolerancia cero” que tuvo como objetivo separar a padres e hijos como medida de disuasión; separó a más de 2000 niños de sus padres cuando estos intentaban ingresar de forma indocumentada a EE.UU. Muchos de los padres (la mayoría de origen centroamericano) ya no podrán ver a sus hijos, dado que la justicia estadunidense considera que no son aptos para su cuidado; otros aún enfrentan juicios para poder verlos.
Las acciones de Donald Trump son totalmente irracionales tomando en cuenta que gobierna un país donde una gran parte de su población es inmigrante. Nadie podrá debatir que la construcción y desarrollo económico de Estados Unidos se basa precisamente en este sector poblacional.
Los mexicanos son pieza fundamental en la historia de los estados sureños y su trabajo es clave en el sector de la construcción, como en el hogar, jardinería, etc. Actualmente viven más de 57.5 millones de latinos, que representan 24.5 millones de votantes.; 63% de total de latinos son mexicanos. Ante todo, no se puede generalizar y decir que los latinos votan todos por el mismo partido, los tres grupos más grandes de hispano hablantes eligen de manera indistinta: los mexicanoamericanos se inclinan por el partido demócrata, al igual que los puertorriqueños; los cubanoamericanos apuestan mayoritariamente por el republicano.
El tema migratorio será definitorio en la elección de 2020 por tres razones 1) Por la influencia de los latinos en la votación 2) Por polémica que ha venido arrastrando este tópico desde que Trump inició su gobierno; 3) Este tema también involucra a los anglosajones, pues los migrantes son piezas fundamentales en la economía, sociedad y desarrollo estadunidense; la mano de obra fuerte la realizan los latinos, sin esta, la industria de la construcción colapsaría al igual que muchas otras. Las cartas sobre la mesa las ha puesto este presidente; es así que los adversarios han decidido seguirle el juego. Aún no han definido quien será el candidato, pero los demócratas seguramente estarán del lado opuesto a Trump y defenderán las ideas pro inmigrantes como inclusive plantear otra “Reforma Migratoria”.
Una de las mayores apuestas del partido demócrata sería postular a Julián Castro, un líder joven con experiencia política: Secretario de Vivienda en el gobierno de Barack Obama y ex alcalde de San Antonio, Texas. Su origen mexicano podría ser su mejor herramienta a explotar, quien, de ser candidato a la presidencia tendrá seguramente la empatía de la gente de los estados sureños por sus raíces texanas y mexicanas; sería el contrapeso perfecto para la figura y discurso de Donald Trump pues representa a un “hispano” que rompe los moldes prejuiciados de este presidente.
Otro de los temas más polémicos ha sido el de la construcción de un muro actualmente de los casi 3.200 kilómetros de frontera que comparte México y Estados Unidos, en un tercio de la misma, unos 1.100 kilómetros, hay muro físico. Y por órdenes de Donald Trump se está renovando las estructuras antiguas; y aunque aún no ha obtenido éxito en la creación del total del muro. El total de la construcción, según “The Washington Post”, tendrá un costo superior a los 25.000 millones de dólares y requerirá la utilización de miles de obreros durante años (El País, 2019).
El tema de la ampliación del muro, sería muy costoso en términos económicos, pero también políticos, sería un retroceso para la historia de la humanidad y representaría la hostilidad no sólo con México, sino con toda América Latina: resulta equivocado plantear políticas radicales que atenten contra los derechos humanos.
El tema migratorio y del muro fronterizo, son espinosos en una sociedad como la estadunidense, totalmente multicultural. Los anglosajones tienen algún amigo o pariente cercano que no desea que sea expulsado de EE.UU; reconocen a los inmigrantes personas valiosas y útiles para la economía y sociedad de este país, es por eso que muchos están en contra de las opiniones de Donald Trump. El tópico migratorio es mucho más importante que el del muro fronterizo, tan sólo porque a los migrantes no se les ha respetado sus derechos fundamentales y muchos viven en la persecución en un país donde han trabajado arduamente.
Recientemente Trump ha amenazado con subir paulatinamente los aranceles como castigo a México por el “poco control” de migrantes en la frontera con Guatemala. Una amenaza que el gobierno mexicano ha sabido enfrentar diplomáticamente, porque sabe que es el único recurso valioso en una situación de tensión; la cancillería no quiere mezclar temas económicos con los migratorios; es así que México está en la disyuntiva, y en poco tiempo sabremos si las negociaciones del secretario de Relaciones Exteriores Marcelo Ebrard van por un rumbo positivo, ojalá por el bien de todos: sean exitosas.