Sábado, 15 de Junio de 2019     |     Puebla.
Suscríbete


Opinión



Cultura y Debate

Jueves, Mayo 23, 2019 - 16:22
 
 
   

Deben continuar, tanto ahora, como cuando el nuevo gobierno se instale.

El pasado 19 de mayo se efectuó el Debate Político Público entre los candidatos a gobernar nuestro Estado, al que obliga la legislación electoral vigente. El tema de la Cultura no estuvo presente, pero la cultura del debate sí; con todas sus taras y carencias, sus descalificaciones y diatribas, y, sobre todo, con la reiteración de nuestros males estatales que, hoy por hoy, son la “cultura nuestra de cada día”.

La palabra debate se forma por el prefijo “de” y el verbo latino “battuere”, que significa golpear; mismo que, a su vez, se emparenta con: batalla, batería y badajo. De ahí que un debate busca como fin último lastimar o destruir al adversario. Por ello, cuando alguien se “bate” a duelo, se golpea y hiere –con espada o pistola-, o bien, cuando un ejército “bate” al enemigo, busca aniquilarlo mediante golpes de sus distintas “baterías” artilladas. Como se ve, a nadie debe extrañar –ni asustar-, que en un “debate”, los contrincantes se “batan”, o sea, se golpeen buscando su destrucción. Para el caso del debate del pasado domingo, se sobreentiende que el aniquilamiento buscado es el político, aunque, inevitablemente, como vimos, se lastima a la persona y, aún, a sus allegados o familiares, a más del partido u organización política que se representa.

Ahora bien, en el sentido moderno mexicano –ligth y descafeinado-, del debate político, lo que esperamos es que se “desvirtúen tus ideas mediante el golpeteo de las mías”, para que el espectador de la pelea intelectual decida cuáles son aquellas que le parecen más sensatas o que mejor le acomodan a sus gustos y necesidades políticas momentáneas y futuras; pero, no nos engañemos, por más “civilizado” que luzca, un debate persigue la imposición –a casi cualquier precio, pues está en juego el ejercicio del poder- de mis conceptos y razones, por encima de las tuyas. El resultado, inevitable, es, por lo tanto, la destrucción parcial o total del otro, con la consecuente ración de odio resultante de la “debatiza”.  ¿Debiera cambiar?, quizás, pero tengo mis dudas que se logre, pues si a los humanos comunes y cotidianos no nos gusta perder, a los políticos les enerva y mueve a la revancha.

Desde luego que lo ideal es que el contrincante perdedor aceptase su derrota mediante el reconocimiento a la bravura, estrategia y despliegue táctico del vencedor, pero esto rara vez sucede. Ningún político tiene la nobleza y bonhomía espiritual de los boxeadores que, al término de un zafarrancho feroz y por momentos sanguinario, se abrazan fraternos reconociéndose y celebrándose mutuamente.

Otra característica de los debates políticos mexicanos es que nunca terminan totalmente, pues, en cuanto acaba la contienda, indefectiblemente se engendran otros debates, tanto al interior del grupo perdedor como en el del vencedor. En los primeros, los sentimientos que lo alimentan son la frustración, el encono y la venganza; mientras que en los segundos, los sentimientos versan alrededor de la complacencia, la jactancia y, acaso, la soberbia. Puebla no está exenta, por supuesto, de ello, por lo que es de esperarse, por el lado de los perdedores, el recrudecimiento de la guerra sucia; mientras que por el de los vencedores, la sobre pujanza de sus fortalezas y, acaso, una pizca de arrogancia.

 En medio de este panorama, ¿cuáles serían los debates poblanos internos que se presentarán, sobre todo en el grupo político del candidato puntero? Mencionaré algunos relativos a la Cultura –que es el campo de interés analítico y saber de esta columna-, urgentes de desarrollarse cuanto antes.

El quid fundamental que alimentará los debates es: La vocación principal que tendrá la Secretaría de Cultura. Es decir, ¿hacia quiénes van a orientarse los mayores esfuerzos de la SC en Puebla? La respuesta a esta cuestión definirá el carácter y orientación organizacional de la institución cultural de nuestro Estado en los siguientes 5 años. ¿Se aplicarán en Puebla, para la Cultura, los parámetros extrapolados de la 4T del gobierno amloista: pobres vs. ricos, mafiosos del poder vs. pueblo bueno; fifís vs. chairos? Nadie lo sabe de cierto, pues hasta hoy, solo conocemos dos opiniones sobre la materia, expresadas por el candidato puntero y probable gobernador: 1. Se hará “algo” por los pueblos originarios del Estado, y “eso” que se “hará” lo será en la residencia oficial conocida como Casa Puebla, (y, eso, suponiendo que ya se les haya preguntado a dichos pueblos originarios qué quieren y esperan del próximo gobierno); 2. “No se harán” obras megalómanas, como el Museo Internacional del Barroco o la Estrella de Puebla, sin que se precise “qué sí se hará” por la cultura poblana y en cuáles campos, con cuáles montos financieros y al mando de quiénes.

Por supuesto, esto no solo es insuficiente, sino preocupante, ya que en esta parca –acaso famélica-, definición del entender y acción cultural del morenismo casi triunfante –y, por lo mismo, casi actuante-, quedan al garete:

1. Lo que ya existe: Patrimonio Cultural material e inmaterial, edificado e intangible; Proyectos y programas para creadores y artesanos; Continuidad de las orquestas estatales y grupos artísticos consolidados; Museos y recintos culturales; Sostén y enriquecimiento del personal capacitado en las distintas áreas culturales; etcétera, etcétera.

2. Lo que no existe pero que debe existir. Desarrollo de nuevos productos culturales; Renovación de personal profesional capacitado en la conservación, manejo y almacenaje de los acervos culturales actuales y futuros; Formación de capacitadores y promotores culturales especializados en los nichos culturales consolidados y actuantes en el Estado; etcétera, etcétera.

3. Lo que aún existe y ya no debe existir. La amañada “confusión” de los gobiernos anteriores entre cultura y entretenimiento que ha privilegiado a los “artistas” y “programas culturales” de Televisa y TV Azteca; Las hordas de “amigos y favoritos del morenovallismo y galismo”, (buena parte de ellas y ellos ignorantes e improvisados en materia cultural) que perviven en Museos de Puebla y en la Subsecretaría de Cultura (donde la presencia de Montserrat parece más una ausencia); Los “negos” de la interminable manutención de los recintos edificados durante los pasados 8 años (¿cuánto se imagina que costará la ya indispensable renovación de la pintura interior y exterior del MIB y a quién se le adjudicará?); El descabellado organigrama cultural que tiene dirigentes con capacidades educativas, vocacionales y formativas diametralmente distintas a las requeridas por el puesto (¡ah, pero eso sí, orgullos “creadores” de alguna pinturita de caballete o un par de “poemitas” publicados!), Directores de área sin título universitario o “importados” de recintos culturales de la Ciudad de México, en los cuales “no dieron el ancho, ni el largo” pero son protegidos de fulano o mengano; etcétera, etcétera.

4. Lo que se quiere hacer, pero no se sabe cómo. La creación de “nuevos públicos” para las distintas manifestaciones culturales locales, nacionales e internacionales; La reactivación de los recintos y espacios culturales del interior del Estado; La universalización de la lectura gozosa de la literatura, la apreciación de la danza, la escultura, el teatro, la pintura, etcétera; La conformación de circuitos culturales estatales que incidan, preferentemente, en difundir a los artistas y artesanos de cada región y municipio; La recuperación de la memoria cultural de cada uno de los grupos étnicos, culturales y sociales que conforman la actual idiosincrasia poblana cosmopolita; etcétera, etcétera.

5. Lo que debe costar y nadie quiere pagar. Crear, mantener, difundir y lograr que los poblanos se adueñen orgullosamente de su pasado y presente cultural, cuesta… y mucho. Y en esta ecuación, presencia y apropiación de la Cultura, la mayor responsabilidad la tiene el Estado; no hay vuelta de hoja; así es y debe aceptarse tal cual. Pongamos un ejemplo para esclarecer.

Si, como ha sucedido recientemente en Brasil y Francia, parte del patrimonio se daña o destruye, la sociedad puede apoyar, sin duda, pero la responsabilidad de más peso y cuantía no puede recaer en los ciudadanos, sino en las instituciones gubernamentales de la Cultura, pues estas tienen como mandato y razón, la preservación del legado patrimonial que nos singulariza y distingue; dicho de otro modo, si no van a servir para ello, simplemente, no deben existir. Y, para existir, deben contar con la suficiencia material, humana y técnica indispensable para lograrlo. Y, eso, cuesta… mucho. Lo contrario, inexistencia de los recursos para la preservación y difusión de nuestra cultura, conlleva su depauperación y agonía. Siendo así, debe entenderse por todo aquel que deba hacerlo, que la Cultura no es prescindible en los presupuestos financieros estatales y que cualquier cantidad puesta al servicio de ella, no significa un gasto, sino una inversión futura de identidad y fortaleza social.

Y podría seguir, de forma interminable, enumerando las demás cuestiones pendientes del mundo cultural poblano: como las investigaciones serias y sus consecuentes castigos a los saqueos de las arcas estatales que supusieron los inflados presupuestos y consecuentes “moches” de la construcción de espacios; la adjudicación de abastecimiento de insumos y servicios, como, por ejemplo, los guardias y custodios de los recintos culturales por parte de una empresa ligada a los favoritos del morenovallismo, etcétera, pero no habría archivo digital suficiente para contenerlos, ni cuajo para leerlos, de ahí que es mejor cortar aquí y permitir, lector paciente, que tu propia imaginación y experiencia agregue aquello que te conste o sospeches que falta por hacer y sancionar.

De tal suerte y por todo lo anterior (y más que seguramente existe), es que los debates –y su consecuente exhibición pública de las verdades que afloran-, deben continuar, tanto ahora, como cuando el nuevo gobierno se instale. Esta es una de nuestras mejores armas ciudadanas; no la desperdiciemos por abulia.


Semblanza

Patricio Eufracio Solano

Es Licenciado en Lenguas y literaturas hispánicas por la UNAM. Maestro en Letras (Literatura Iberoamericana) por la UNAM. Y Doctor en Historia por la BUAP.

Ver más +

Encuesta