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Opinión



La patria del criollo

Sábado, Mayo 18, 2019 - 20:01
 
 
   

Desentrañando la realidad profunda y viva de Guatemala mediante el análisis concreto de una realidad

Me congratulo de descubrir que “LA PATRIA DEL CRIOLLO” de Severo Martínez Peláez ha sido considerada en los días que corren como una d ellos obras fundamentales de la historiografía guatemalteca, seguramente, habrá de llegar a ser considerada una obra fundamental para el estudio de la historia de América en su etapa colonial, acaso a la altura del célebre volumen del hispanista británico Hugh Thomas “EL IMPERIO ESPAÑOL DE CARLOS V”.

 “LA RECORDACIÓN FLORIDA” de Francisco Antonio Fuentes y Guzmán, encomendero, regidor de la ciudad de Guatemala y descendiente directo nada más y nada menos que de Bernal Díaz del Castillo; se erige en la crónica por excelencia de aquel país en el siglo XVII, equiparable acaso tan sólo por la enrome aportación del Dominico Fray Francisco Ximénez, cuya gran aportación quedo en duda si consistió en “descubrir” el texto del Popol Vuh, o bien en ordenar la recopilación por escrito de los relatos orales que lo conforman.

Desentrañando la realidad profunda y viva de Guatemala mediante el análisis concreto de una realidad concreta.

La aportación realizada por Severo Martínez, estriba en realizar un estudio de la historia, en concordancia con el estudio del Derecho, la economía, la sociología, la política, la antropología y las relaciones internacionales, no de manera mecánica, sino realizando la síntesis dialéctica de ellas por medio de la crítica radical de dichas disciplinas.

En tal talante, “LA PATRIA DEL CRIOLLO” supera por mucho en amplitud de miras a la citada obra de High Thomas, dado que se erige en un instrumento de acción revolucionaria.

En alguno de sus múltiples exilios, perseguido por el régimen de Fernando Romeo Lucas García, se domicilio en la Ciudad de Puebla y me viene a la memoria su presencia siempre discreta y ajena por completo a manifestaciones estrambóticas, cuando en su condición de padre de familia interesado en la vida escolar, visitaba el colegio jesuita de la ciudad, en la que coincidíamos con su hija menor Irisel.

Remembranza meramente personal que, no obstante, me permite en lo personal un lectura particular de “LA PATRIA DEL CRIOLLO”, resaltándose al respecto el pasaje en el que describe el arribo a Guatemala de la primera imprenta procedente de Puebla y en la que se imprimiría la obra teológica en latín del obispo, que permitiría el solaz en tan culto idioma de la elite criolla ilustrada, pero que, sin embargo, terminaría ser ajena del todo para la masa indígena sujeta a encomiendas , y repartimiento de tributo, o de mercancía o hilados a cargo de los corregidores mayores de la Capitanía General.

Irisel era una joven muy bonita, dotada de una larga cabellera negra, y de una silueta elegante y estilizada, su atuendo de caracterizaba por blusas de confección indígena tradicional que le daban un aire sofisticado, en alguna ocasión, como coeditor de la revista escolar pedí su intervención para realizar una entrevista con su padre.

La entrevista en cuestión no llegó a realizarse, y al paso del tiempo me pregusto ¿Qué habría podido preguntar aquel mozalbete que era yo a un hombre que había publicado ya una obra de la dimensión de “LA PATRIA DEL CRIOLLO”?

Décadas atrás de aquella solicitud de entrevista jamás concretada, Severo Martínez Peláez habría vivido su primer exilio, tras el golpe de estado encabezado por el Coronel Castillo Armas y orquestado por la CIA, que culminaría con el derrocamiento de Jacobo Arbenz “el soldado del pueblo”.

Episodio clave en la historia del Continente sino es que acaso de la segunda mitad del siglo XX, como lo es también la profunda reflexión de análisis que, en relación a la “RECORDACIÓN FLORIDA” de Fuentes y Guzmán llevara a cabo don Severo Martínez Peláez en su formidable obra “LA PATRIA DEL CRIOLLO”

albertoperalta1963@gmail.com


Semblanza

Atilio Peralta Merino

Nací en ésta ciudad, en la sala de maternidad “Covadonga” de la Beneficencia española, “tal vez un jueves como hoy de otoño”, dijera parafraseando a Cesar Vallejo, y de inmediato me trasladé a las islas del Caribe, entre brumas mi primer esbozo de recuerdo es el vapor de un barco que desembarcó en la Dominicana, Isla a la que jamás he vuelto y que no registro en la memoria consciente, desconozco si habríamos arribado a “Santo Domingo” o si todavía sería “Ciudad Trujillo” acababa de tener verificativo la invasión auspiciada por la OEA y, al decir de mi señora madre, era en ese momento el lugar más triste que habría sobre el planeta tierra. Estudié orgullosamente con los jesuitas hecho que me obliga a solazarme en la lectura de james Joyce, y muy particularmente en “El Retrato del Artista Adolescente”, obra que conocí gracias a mi amigo y compañero de andanzas editoriales juveniles Pedro Ángel Palou García, y asimismo orgulloso me siento de mis estudios en leyes en la Escuela Libre de Derecho pese a los acres adjetivos que le endilga a la escuela José Vasconcelos en su “Breve Historia de México” al referirse a otro egresado de la “Libre” como lo fuera el presidente Emilio Portes Gil. Crecí escuchando los relatos de mi abuelo sobre su incursión en los primeros años de su adolescencia en las filas del ejército constitucionalista, sus estudios de agronomía en “Chapingo” junto a los Merino Fernández, su participación en la “Guerra Cristera” al frente de cuadrillas armadas bajo la indicaciones del General Adrián Castrejón quién años después crearía los servicios de inteligencia militar y se convertiría en el gran cazador de espías nazis durante los años de la conflagración mundial, y por supuesto, de los días aciagos del avilacamchismo de cuyo régimen perdería el favor dadas las intrigas que suscitarían su parentesco con el líder obrero Manuel Rivera Anaya. Mi padre por su parte, llegaría a éste país mitad en vieja de estudios, mitad exiliado, habría corrido a su cargo el discurso que en representación de los jóvenes fuese pronunciado ante la multitud reunida en Caracas el 23 de enero de 1958 con motivo de la caída de la Dictadura de Marcos Pérez Jiménez, suceso al que alude Gabriel García Márquez en “El Otoño del Patriarca, matriculándose en la entonces Escuela Nacional de Economía que, muy pocos después, se transformaría en la “facultad” gracias a la brillante intervención de la maestra Ifigenia Martínez. “Soy todas las cosas por las que voy pasando”, he tenido en suerte el haber colaborado, o convivido de alguna manera con hombres cuya actuación ha resultado clave en la historia reciente del país, mencionaré a manera de ejemplo y obligado por la más elemental de las gratitudes a los senador José Ángel Conchello y Humberto Hernández Haddad así como y mi entrañable maestro el constitucionalista Elisur Artega Nava ; transformación que conduce por un lado , a darle cabal cumplimiento al deber bíblico de dar testimonio de los sucesos que corren en el siglo, y por la otra a convertirse en un hombre sencillo como dijera Borges: “ que aprecia el sabor del agua, el caminar pausado y la conversación con los amigos”.

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