De cara a la elección extraordinaria, es necesario recalcar algunos aspectos que han antecedido a esta próxima contienda, además analizar situaciones que son importantes para el desarrollo de la misma.
Desafortunadamente la tensión política en Puebla empezó desde el histórico 1 de julio de 2018, ya que las elecciones en Puebla estuvieron manchadas por serias irregularidades durante y después de la jornada electoral. Ese día existieron robo de urnas y asesinatos, esto frente a la pasividad de los consejeros electorales estatales. Después de esta, como lo expuso el magistrado de Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF): José Luis Vargas Valdés, hubo graves inconsistencias: como la perdida en la cadena de custodia de los paquetes electorales, ya que personas ajenas al Instituto Estatal Electoral (IEE) entraron por lo menos cincuenta veces a la bodega, sin notificarles a los partidos y sin explicación alguna. Al turbio ambiente se sumó el incidente del hotel de la zona de Las Ánimas, en donde había un supuesto centro de operaciones con material electoral, de uso exclusivo para los consejeros, de lo cual tampoco ha habido explicación por parte de estas autoridades, ni mucho menos señalamientos al respecto.
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Tras el fallo del TEPJF, en una acalorada y polémica sesión por los desacuerdos entre los magistrados Janine Otalora y José Luis Vargas ante las claras evidencias de anomalías, finalmente el Tribunal Electoral le otorgó el triunfo a Martha Éricka Alonso. Sin embargo el día 24 de diciembre del año pasado, a tan sólo diez días de haber tomado posesión, la gobernadora electa falleció en un accidente aéreo, junto con su esposo el senador Rafael Moreno Valle, lo cual complicó la ya tan difícil situación política en el estado.
Los decesos provocaron una grave crisis en el panismo poblano y sus posibilidades de ganar la próxima elección son adversas, ya que este partido perdió a sus líderes centrales y por lo tanto el poder y control del estado. No existen personajes connotados en los que se vea esperanza de ganar la elección. Y si la gente se guía por los resultados del “Morenovallismo” incluyendo el período de Antonio Gali, está más que clara la derrota blanquiazul; la percepción de los gobiernos panistas es bastante negativa, ya que dejaron muchas cuentas pendientes en el estado: se incrementó la violencia, el robo en el transporte público, el robo a combustible, los feminicidios, además hubo derroche en obras innecesarias y persecución política.
El gobierno interino ha servido para calmar un poco los ánimos entre los bandos contrarios, sin embargo no hay duda que también es un trampolín ante la próxima elección.
El escenario político a nivel nacional tendrá repercusiones en Puebla, la imagen de Andrés Manuel López Obrador como símbolo de Morena, llevará nuevamente a favorecer al candidato de este partido en nuestro estado, sea quien sea, como lo fue el 1 de julio de 2018; claro que “el” o “la” elegida, deberá reunir requisitos básicos como: liderazgo, experiencia, compromiso social y sobre todo propuestas interesantes. Fue acertado cómo los integrantes de este partido manejaron la situación de los fallecimientos de MEAH y RMV; sin embargo no han sido tan afortunados los desencuentros y descalificaciones respecto a quien será el próximo candidato a gobernador, antes que todo deberán resolver sus diferencias internas. Sería erróneo saberse victoriosos anticipadamente, se tienen que saber ganar la gubernatura, aunque el viento sople a su favor.
El PRI también podría aprovechar este momento coyuntural y darle oportunidad a un perfil con experiencia; es aquí donde los personajes que figuraron en las épocas gloriosas del priísmo poblano deberían hacer presencia, aunque sus esperanzas de ganar la elección están reducidas dadas las circunstancias antes mencionadas. Este partido ha perdido popularidad en todo el país, en gran parte al resultado del sexenio de Enrique Peña Nieto pero también por los errores y viejas prácticas de tantos años de gobierno, que terminaron por enterrar sus posibilidades electorales.
Por otra parte no fue un buen augurio lo sucedido en los plebiscitos de las juntas auxiliares en la capital poblana, pues se desarrollaron con violencia, se invalidaron las elecciones en 8 de ellas, de un total de 17, lo cual es preocupante si se le suma lo ocurrido el 1 de julio. Y aunque las autoridades a cargo de las respectivas elecciones son distintas, las conductas violentas son generalizadas en este tipo de actos; ante este panorama sólo nos queda confiar en el Instituto Nacional Electoral (INE) que seguramente tendrá un mejor desempeño previendo este tipo de comportamientos; es precisamente este organismo nacional el que se hará cargo de la elección a gobernador, dadas las condiciones políticas del estado y de la tensión que existió después de la muerte de la gobernadora electa, aunque también se asume que toma la responsabilidad dados los señalamientos de parcialidad a los consejeros electorales estatales. Cabe destacar que esta es la primera vez que el INE se encarga del total de las funciones de un organismo local.
Ante la elección del 2 de junio, los partidos tendrán que revisar minuciosamente a sus mejores perfiles, y sobre todo que las campañas estén basadas en las propuestas y no en las descalificaciones. Esperemos que sea una jornada electoral tranquila y una elección confiable. Es positivo que el INE quede como responsable de esta, ya que el papel de los consejeros nacionales está legitimado desde la jornada del 1 de julio, esto deberá respaldar la transparencia en la elección de Puebla. Los poblanos debemos ser partícipes de esta elección, no sólo al emitir nuestro voto, sino estando atentos a los debates, propuestas y desarrollo de la jornada electoral.