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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Pan, Pri, Morena

El morenovallismo acabó con el PAN ortodoxo

Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Domingo, Enero 27, 2019

El escenario para la próxima contienda electoral en Puebla está desolado. Los partidos quedaron más que desarticulados luego de la contienda presidencial. Pero a este factor se agregan otros más. De origen, viven un descrédito por parte de la ciudadanía. Pesa sobre todos una escasa credibilidad y confianza.

Pero a esto hay que agregar múltiples factores. En el estado  de Puebla, salvo el caso de Morena, el resto sufren  hoy la hegemonía y dominio de un solo hombre sobre todos durante ocho años.

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El morenovallismo acabó con el PAN ortodoxo. Se apropió de su registro como si fuera una franquicia y dotó al esqueleto de un grupo impuesto.

Al PRI, el mismo poder lo convirtió en un órgano testimonial. Lo utilizó para simular una lucha electoral. Pero antes logró amarres con el comité nacional, con Peña Nieto y con representantes y candidatos locales a modo. Así, formalmente “ganó” dos veces la gubernatura. Los órganos electorales, bisagras del mismo grupo, legitimaban las elecciones.

El resto de los partidos eran comparsas. Sus dirigencias compradas y manejadas a capricho, cumplían su misión como en un teatro representando obras baratas.

La elección presidencial fue un ventarrón que los tiró a la basura. Pero no perdieron su fuente de poder, el dinero del morenovallismo.

Sin embargo, luego del accidente quedaron huérfanos y maltrechos. El PAN es un cascarón que se disputan dos bandos. Lo  que queda del grupo ayer dominante y hoy descabezado. Y la otra parte, quienes fueron arrinconados o cooptados. Pero ambos sufren una desgracia mayor todavía: carecen en absoluto de recursos económicos para operar.

El dinero era su gasolina y razón de existencia. Porque eran el instrumento para que otro pisara y creciera. Hoy, ninguno de los beneficiarios del maximato estaría dispuesto a invertir sus ahorros en una elección. Bien sabemos que los candidatos, todos, no invierten un peso de lo propio, sino dinero público.

La poderosa e inagotable bolsa de recursos del poder superior se acabó,  y hoy en día no se concibe quién pueda apostar por el candidato a la gubernatura que de ahí surgiera.

Pero además, no tiene figuras con un mínimo prestigio para dar la cara en público en la elección que viene.

En el PRI no es muy distinto el panorama. Barrido el tricolor a nivel nacional, carente de liderazgos con el mínimo sustento popular a nivel nacional y local, no ofrece un flanco de lucha mínimamente ofensivo.

Igual que el PAN, primero tendría que contar con una dirigencia legítima. La presidenta nacional y el presidente local son producto de la imposición de grupos de interés o personajes encumbrados por el favor, el dedazo, o la concesión circunstancial y tenebrosa. Es decir, no tiene el piso mínimo de sustento.

El único camino  que tendría el PRI es un cambio de fondo realmente. Pero de todo. Talento para ser oposición, honestidad para levantar banderas, humildad para empezar de nuevo desde abajo y caras nuevas de predicadores de atractivas  causas. Los pendones que siempre tuvo los abandonó durante sexenios y se los arrebató Morena.

Una sencilla prueba bastaría para comprobar que no están aprendiendo la lección de la terrible derrota: la mayoría de los que buscan su renovación son los mismos rostros de siempre, no se aprecian jóvenes, y sus argumentaciones se quedan en la superficie. Discuten sobre personas, no sobre ideas.

Si en verdad quieren cambiar y conquistar un sitio, deberían empezar dinamitando todo lo inservible y viciado. Y empezar de cero. Con parches, arreglos o pidiendo permiso a las dirigencias nacionales impuestas no van a conseguir nada.

Mirarse con honestidad frente al espejo sería un obligado gesto de sinceridad y modestia.

Con este paisaje, Morena cabalga con relativa tranquilidad en el estado.

Con el candidato Barbosa podría ganar. Pero con Alejandro Armenta ganaría convenciendo. El senador demostró ser una verdadera aplanadora en la pasada elección. Refrendó con creces su triunfo sobre el morenovallismo cuando ganó la diputación federal y tiene brillo propio en la Cámara de Senadores.

Por si algo faltara,  recorre el estado como si la campaña no hubiera concluido, secunda al Presidente López Obrador en los pueblos y en las redes sociales, y goza de buena opinión no sólo entre el morenismo sino aún dentro del priísmo descontento.

Si el método de selección de candidato en Morena fuera una encuesta, Armenta arrasaría sin la menor dificultad. Sería un auténtico paseo dominguero.

Así se ven las cosas. Pero la mejor opinión siempre la tiene usted…

xgt49@yahoo.com.mx

 

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