De toda la discografía de Joaquín Sabina, tengo particular predilección por algunas de las canciones de su álbum Esta boca es mía. “Que se mojen las balas… que sufran por amores los dictadores… Porque voy a salir esta noche contigo, se quedarán sin coartada los criminales…”, versa Joaquín. Sin embargo, desde la primera ocasión que escuché el álbum, Ruido es la canción que siempre regresa a mi piel y mi mente. Esta envolvente rumba flamenca sostenida tan solo por el rasgueo agitanado de la guitarra, el primitivo retumbar de la caja, el palmoteo complementario, el susurro interminable de la sonaja de semillas y la sólida estructura reiterativa del bajo enmarcan los coros y timbrado platicar de Sabina del drama contenido en la letra: “Tanto ruido y, al final, por fin, el fin”. Algo así, creo, nos está pasando en estos momentos a los mexicanos.
Si algún signo destaca sobre los demás en esta primera etapa de la 4ª Transformación es el ruido. Un día y otro y otro ha habido gritos, reclamos, pronunciamientos, amenazas, cacerolazos y puyas. La clase política mexicana en pleno montada en la carpa nacional, cada cual con su sketch, ya sea trágico, tragicómico o abiertamente desquiciado.
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Sin embargo, contra sensu a la carpa tradicional –esa donde se forjaron Palillo, Cantinflas, El Panzón Soto, Clavillazo y Resortes-, en la Carpa Nacional de la 4ª Transformación la clase política (al menos la parte perdedora en las pasadas elecciones) está siendo exhibida con crudeza y, por ello, ha dejado de mover a la risa para dar paso al más justificado encono ciudadano.
De tal suerte, el sempiterno silencio de la población ha comenzado a trocarse en ruido y esto ha alertado el instinto de supervivencia de la fauna política, provocando las más variadas, dispares e inesperadas actitudes de su parte. Lo dramático es que políticos y políticas solo tienen dos hemisferios de la ecuación: ruido o silencio, en cual refugiarse de este segundo tsunami que poco a poco va tomando fuerza y presencia. En esta nueva etapa nacional no existen espacios intermedios: o callas o respondes; no hay más.
Para el caso de los grandes males mexicanos –corrupción, bandidaje, impunidad, etc.- el presidente López Obrador encabeza la batucada y a través de sus comparecencias cotidianas marca, a ritmo de samba, el “ruiderío”. No siempre armónico en su paso, ni gracioso en su meneíto mañanero, asombrosamente Andrés Manuel continúa sacudiendo las caderas y conciencias, tanto de los sátrapas de PEMEX, que de los frustrados empresarios aeroportuarios, que de la oposición legislativa cuando sus correligionarios y paleros le aprueban proyectos, programas y presupuestos que les incomodan o comprometen a los otros partidos políticos. Tan eficaz está resultando su mitote, que salvo un par de tropiezos sin consecuencias, el ruido presidencial está acabando con los silencios cómplices y corruptos de antaño, al grado que hasta impresentables, como el mismísimo Carlos Romero Deschamps, aseguran estar de acuerdo ¡en el combate a la corrupción en PEMEX! ¡Hágame usted el favor: el pollino hablando de apéndices auriculares!
Ya solo nos falta un #MeToo entre la clase política y empresarial que nos permita conocer los más aberrantes casos de corrupción y malas artes, robos y desfalcos, componendas y cochupos de todos aquellos privilegiados en los pasados regímenes presidenciales. ¿Se imagina que pudiéramos saber cuánto es verdad de lo que se asegura sobre Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto? ¡El poder social y político que obtendríamos los mexicanos de a pie con tales revelaciones!
En contraste con el estilo presidencial, en el mundillo cultural mexicano los ruidos y silencios se presentan con una lógica de lo más ilógica, porque quien no debía hablar, sino hacer, abre la boca y desata el ruido, y cuando se da cuenta de las consecuencias de su exabrupto, decide callar y, con su silencio, paradójicamente, reaviva el ruido a su alrededor.
Cuatro ingentes ejemplos de ello sucedieron en los pasados días. El primero protagonizado por Paco, el malhablado cherif sin estrella del Fondo de Cultura Económica; el segundo, estelarizado por Sergio, el diputado stripper impulsor de la liberación sexual femenina; el tercero, por Alejandra Frausto, mandamás de la Cultura Nacional y, el cuarto, en manos de Beatriz, Primera Historiadora del país. Desahoguémoslos en el orden propuesto.
El ruido provocado por Paco Ignacio Taibo II ha sido constante y sonante. Inició cuando Margo Glanz declinó encabezar el Fondo de Cultura Económica y en los corrillos culturales se especuló que Paco sería el relevo. Hubo quien lo creyó y quien lo negó. Y no era para menos la incertidumbre, pues Taibo II más de una ocasión había despotricado contra las instituciones culturales y condenado enfáticamente a todos esos escritores que vivían de becas y sueldos gubernamentales; pero, al final, resultó cierto y su unción comenzó, ciertamente no exenta de ruido por el “detallito” de su nacionalidad no mexicana. Sin embargo, entre tumbos (“los diputados cambiarán la ley respectiva”) y bravatas (“podría ser encargado de despacho mientras se aprueba la ley Taibo”) el asunto caminaba, hasta la malhadada tarde de la FIL 2018 cuando Paco desbordó los decibles del ruido cultural con sus frases de pulquería de 4ª (Transformación) provocando que el mundo se le viniera encima. Finalmente, el “ruiderío” logró atenuarse (que no calmarse) con su pública admisión de que se había pasado de vulgar y arrabalero. Y partir de entonces ha guardado un proverbial silencio; pero esto, el silencio taiboano más que aliviar ha inquietado mayormente la tribuna literaria pues, a la fecha, no se sabe si será o no el titular de la FCE y, por ende, si esta institución se remontará a los cielos editoriales y distributivos y “números-negros” y desbordados beneficios prometidos por Paquito o no. Por lo que el silencio posterior al “requemón” lingüístico está resultando más ignominioso que sus leperadas –que ya es mucho decir-, poniendo en riesgo, entre otras cosas, la participación del FCE en la Feria Literaria de Minería de la UNAM, según se apunta en El Universal.
En cuanto a Sergio, el diputado stripper, los ruidos provocados por su decir han llegado rumorosos hasta las playas de la liberación sexual femenina. La entrevista que Mayer concedió a Javier Poza de Formula Entretenimiento, comenzó a levantar ámpula cuando dijo que su incursión en la política no fue una decisión “de ocurrencia, ni de oportunidad, ni de popularidad”, (¿entonces qué? ¡Solo dios sabe!); pero, sin duda, el “ruidazo” lo provocó su aseveración de que, el que los hombres se encueren en un escenario repleto de mujeres, abona a la liberación sexual femenina.
“Solo para mujeres, fue un espectáculo maravilloso, no me avergüenza, generó empleos. Solo para mujeres definió una época de un cambio importante en los derechos de la mujer. Cuando empezó el show entraban a cabildo a decidir si nos daban permiso de hacerlo o no. Si los hombres les daban permiso o no a sus mujeres para ir a vernos. Fue parte del cambio cultural y social de entonces. Incluso Monsiváis llegó a escribir sobre el del fenómeno de Solo para mujeres”, aseguró Mayer sin ningún empacho legislativo cultural.
Uno imaginaría que después de decir esto, Sergio guardaría silencio, al menos algún tiempo, pero no, en cuanto tuvo otro micrófono frente a él aseguró que su reto y compromiso “es llevar la cultura a todos los mexicanos, hasta lograr que en el país no existan ciudadanos de primera y de segunda”. Y ¿en quién pensaba cuando arengó a la igualdad ciudadana: en los pobres, los indígenas, los desplazados, los minusválidos? ¡Pues no, pensaba en Paco Ignacio Taibo II y su impedimento “momentáneo” para asumir la titularidad del FCE! Ruido, nuevamente, pero ahora en versión surrounding.
En cuanto a Alejandra, su capacidad de provocar ruido es limitada. Sus cualidades están más bien próximas al silencio ladino y el escurrimiento del bulto. Siempre imprecisa y poco nítida en sus entrevistas, reiterativa de lugares comunes y consignas panfletarias, lo suyo es provocar ruido susurrante a partir de sus inacciones. Y ¿cuál es el origen de estos susurros “incomunicantes”? Básicamente su patológica indefinición administrativa. Nadie sabe, fuera de su estrechísimo círculo íntimo, por qué toma tal o cual decisión o nombramiento. Así, nos vamos enterando a cuentagotas de las designaciones de titulares a las carteras culturales de una manera casi fortuita. Como si hubiera vergüenza o intenciones de no incomodar por ello, dando por sentado que “palo dado, ni Dios lo quita” y, por lo tanto, “lo hecho, hecho está y san-se-acabó”. Y no obstante que este ruido fraustiano es antinatural, lo cierto es que provoca más silencios que respuestas. ¡Quién lo creyera, que no comunicar fuera la pauta de la Cultura, sin duda la más comunicativa de las actividades humanas! “Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras”.
Finalmente en esta entrega, el ruido provocado por Beatriz, nuestra Primera Historiadora Nacional.
La pluralidad ideológica, estoy convencido, es reflejo de una sana fortaleza social. Si cualquiera puede expresar lo que piensa, sin menoscabo o diatriba de aquellos que no comparten su pensar, estamos en el camino social, democrático, político y cultual correcto. Por ello, debe celebrarse la inclusión del artículo de Beatriz Gutiérrez Müller en las páginas de Desde la Fe, revista insignia del clero mexicano. Más aún cuando en el mismo ejemplar comparte espacio con el artículo de José Luis Aguilar, titulado: Lo que no nos gusta de la Guardia Nacional. En el cual se lee esta aseveración:
…deben definir (las autoridades) los alcances y los escenarios de hasta dónde, que no es lo deseable, la Guardia puede investigar delitos en lo general, pues puede ser una puerta para las detenciones arbitrarias, además puede prestarse a retenciones en establecimientos militares, o en cuanto a la puesta a disposición de personas detenidas. Tampoco hay una rendición de cuentas, sólo de evaluación, lo que puede impedir la transparencia de sus acciones.
El texto de Beatriz resulta atractivo. Bien escrito y de intención y alcances historiográficos sopesados, por lo que se lee con gusto y deleite. Agrada el tratamiento que da al papel e importancia de la cultura cristiana en México e invita al clero a poner al alcance de más personas su memoria documental. De tal suerte, en esta ocasión el ruido no lo produce el contenido, sino el continente; es decir, el sitio de publicación, ya que, como todo en materia de acción política: el fondo es forma. Y en este caso, el “sospechosismo” provoca la rasquiña por dilucidar si los López Obrador/Gutiérrez Müller se están aproximando al clero mexicano o si los purpurados nacionales buscan estrechar lazos y aliviar resquemores con el primer gobierno mexicano de izquierda, para, una vez armonizados los intereses, cumplir de la mano la máxima amloiana y franciscana de: “Primero los pobres”. Lo cierto es que en estos momentos de “ruiderío” nacional, si para Enrique de Borbón: París bien valía una misa, para los López/Gutiérrez, la 4ª. Transformación bien vale una bendición arzobispal.