Puebla, Puebla a 3 de enero de 2019
Por Norma Angélica Cuéllar
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No hace falta ser muy versado en el tema ni leer mucha prensa para darnos cuenta que la cloaca que destapó el gobierno del presidente, Andrés Manuel López Obrador, no es resultado de la aplicación de un modelo económico de por sí voraz y sin rostro humano, como lo es el neoliberalismo, sino de años y años de corrupción que dejaron la riqueza del país a merced de una clase política deshonesta y ruin, de sindicatos mezquinos, empresarios miserables y toda clase de fauna despreciable.
No nos engañemos, el mugrero no tiene que ver con decisiones macro o micro económicas, sino con corrupción a todos los niveles, en todos los renglones de la economía, en el manejo de los recursos públicos, en el uso de programas sociales, en el robo sin la menor misericordia de recursos que debían destinarse a la educación, la salud y el bienestar de la población. Fue robo en arca abierta…
El tamaño del daño económico nunca lo sabremos. De eso estoy segura. Pero me atrevo a pensar que desde que se inició el proceso de adelgazamiento del Estado, con el advenimiento del neoliberalismo, allá por 1982, con Carlos Salinas de Gortari, se dio paso a vicios que no hemos podido erradicar.
Recapitulemos. Con Salinas de Gortari se inició el proceso de privatización de puertos, aeropuertos, carreteras, ferrocarriles, telecomunicaciones, y se desincorporaron paraestatales como Vehículos Automotores Mexicanos y Renault de México, así como empresas fundidoras, productoras de hierro y acero, de aviación, de bienes de capital, ingenios azucareros, textiles, teléfonos, fábricas de material y equipo ferroviario y se le dio la banca al sector privado. El resultado fue que no se lograron los objetivos planteados, se tuvieron crisis recurrentes, no se logró el crecimiento sostenido, hubo corrupción, con inflaciones altas, desempleo, inseguridad, pobreza y peor aún, rescate de carreteras, e inyección a los capitales privados que no dieron el ancho al proceso de privatización. Se demostró incapacidad, desde el gobierno, para generar el bienestar que tanto se pregonaba.
Los gobiernos panistas continuaron con la inercia de las privatizaciones, pero también cobijaron la corrupción. Nada más hay que recordar todas las acusaciones de moches y cuotas que los constructores debían pagar a diputados, senadores, directores de área y sabe dios cuánta gente por edificar obra pública que luego se hacía con materiales de mala calidad y con muy mala leche, para aventar dinero por mantenimientos y vuelta a construir. Nada más asómese por las carreteras federales para corroborar lo que le digo.
Y no hablo por hablar, en los últimos 10 años, una veintena de ex gobernadores fueron acusados y detenidos por delitos como desvío de recursos públicos y nexos con la delincuencia organizada. Acuérdese del ex gobernador de Tamaulipas, Eugenio Hernández Flores, quien fue acusado por el delito de peculado y lavado de dinero. También están tras las rejas Javier Duarte de Ochoa, de Veracruz; Roberto Borge Ángulo, de Quintana Roo; Andrés Granier, de Tabasco, y el ex gobernador interino de Michoacán, Jesús Reyna García. Y por el PAN, el ex mandatario de Sonora, Guillermo Padrés Elías.
Y ya no me quiero acordar de todos los demás porque tengo poco espacio y la lista es larga.
El colmo fueron las páginas que llenó Karime Lozano, esposa de Javier Duarte, diciendo “Sí merezco la abundancia”, cuando su esposo está acusado del desfalco al estado por 180 mil millones de pesos, desviados del erario a través de 600 empresas fantasma. Un estado donde los hospitales no tienen medicamentos, equipo especializado ni personal médico.
Pero de qué hablo, si así está el sector salud público de todo el país, seamos honestos.
Para comenzar a limpiar la corrupción y en poco menos de dos meses, AMLO dio un golpe mortal al robo a Pemex. Yo no sé usted, pero yo estoy todavía con la boca abierta. Lo hallazgos de corrupción al interior de la empresa llegan a niveles inimaginables.
Con la estrategia del gobierno federal contra el robo del combustible 435 personas han sido detenidas, 114 empresas y otras tantas personas están siendo vinculadas a este delito. Se han detectado y neutralizado mil 21 tomas clandestinas, se han asegurado 4 millones 300 mil litros del hidrocarburo y se han devuelto a Pemex 2 millones 605 mil litros de combustible.
Y el colmo, al menos 13 empresas que ostentaban la franquicia Pemex, ubicadas en Tamaulipas, están siendo indagadas porque reportaban ventas de combustible, pero no le compraban a la petrolera mexicana ni tenían permiso de importación para comprar el combustible a empresas extranjeras. Dicho de otro modo, vendían puro huachicol.
Y si esto no fuera suficiente, también se detectaron fallas en el sistema de medición que se usan para registrar los volúmenes de petróleo que se depositan en buquetanques y que fueron aprovechados por los trabajadores para cargar más producto de lo facturado. También se lo explico, pues las empresas extranjeras petroleras pagaban una cantidad y recibían mucho más, previo moche, supongo, a los despachadores y ejecutivos encargados de estos buques.
Y se la barajo más despacio. Hasta Antorcha campesina, que lidera miles de vendedores ambulantes y se ostenta como organización de los pobres, se benefició, sospechosamente, con la Reforma Energética, ya que durante el sexenio de Enrique Peña Nieto obtuvo numerosos permisos para operar estaciones de Petróleos Mexicanos (Pemex) y a la fecha cuenta con más de 50 estaciones de gasolina y gas LP en siete entidades del país.
Las estaciones de gasolina y gas LP bajo su control se ubican en el Estado de México, Puebla, Guerrero, Oaxaca, Nayarit, Morelos y Veracruz. La mayor parte de los permisos para operar dichas estaciones fueron registrados a nombre de hermanos, sobrinos, cuñados, compadres, ahijados políticos y dirigentes de la organización priista.
Y la dejamos ahí porque, cada día, me enojo más. Las fotos de huachicoleros robando con cubetas y tambos gasolina, son lo de menos. El verdadero robo a Pemex se hizo desde dentro de la empresa.
Y ya para finalizar, le cuento que la Comisión Federal de Electricidad sigue en la mira del nuevo gobierno. Por lo pronto se inició una investigación para detectar el robo de luz tanto con "diablitos" caseros como con "diablotes" por parte de grandes consorcios. Según las cifras de la empresa, esta práctica representó pérdidas por 25 mil 700 millones de pesos en el primer semestre de 2018.
Y bueno, después de tanto rollo me despido, no antes de aclarar que ningún gobernante, por muy corrupto, pudo haber provocado la catástrofe que tenemos. Nosotros somos responsables por no pedir rendición de cuentas, transparencia, por quedarnos callados y sentir que protestamos al reproducir los memes de las redes sociales.
Ya Simón Bolívar lo dijo: “Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción.”
En fin, si tiene alguna queja, sugerencia o me quiere contar su vida. Escríbame, me interesa mucho lo que tiene que decir norcudi@gmail.com