“…los gobiernos también utilizan los servicios educativos como instrumento de concertación o los mediatizan para obtener los apoyos que requieren…”
Pablo Latapí Sarre. Un siglo de Educación en México, p. 36.
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Con este artículo reinicio mi colaboración semanal sobre temas educativos en E-Consulta, medio al que reitero mi agradecimiento por brindarme este espacio de diálogo con sus lectores. Deseo a todos los que siguen a este importante medio de comunicación un año 2019 lleno de realizaciones personales, familiares, laborales y sociales.
En el sector educativo está por discutirse la contra-reforma educativa, es decir, la reforma educativa de este sexenio que se ha planteado destruir –hasta que no quede ni una coma, según el diputado Mario Delgado- todos los elementos de la Reforma educativa vigente, incluyendo la desaparición del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE).
Esta discusión es muy relevante tanto en el fondo como en la forma en que se lleve a cabo en el Congreso de la Unión, porque va a definir el futuro inmediato –al menos por los siguientes seis años- de nuestro sistema educativo y por ende, de la formación de los futuros ciudadanos del país.
Todos los diagnósticos nacionales e internacionales muestran que tenemos enormes rezagos en el ámbito educativo y que estamos muy lejos de contar con un sistema educativo eficiente que forme con calidad y pertinencia a los futuros mexicanos y promueva las condiciones de equidad indispensables para generar movilidad social para construir un mejor futuro para los millones de niños y adolescentes que pertenecen a los sectores sociales que viven en distintos niveles de pobreza en el país.
Es por ello que sería deseable que en la discusión de esta nueva iniciativa de cambios constitucionales y reglamentarios para nuestra educación, los miembros del poder legislativo se tomarán el tiempo necesario para consultar y escuchar atentamente a los diversos actores del sistema educativo: profesores, directores, funcionarios y sobre todo investigadores y expertos en política educativa, para contar con elementos suficientes que les permitan hacer las modificaciones necesarias para que esta nueva reforma o contra-reforma contenga los elementos suficientes para facilitar cambios reales y profundos en el funcionamiento de la educación nacional y no se quede simplemente en una especie de vuelta atrás regida por la revancha de sectores de poder del gremio magisterial que apoyaron a MORENA durante la campaña y reclaman ahora una retribución por este apoyo.
Como dice el Dr. Manuel Gil Antón en su artículo más reciente titulado Educación: la forma es fondo –que se puede consultar en esta liga: https://www.eluniversal.com.mx/articulo/manuel-gil-anton/nacion/educacion-la-forma-es-fondo - es muy importante que el poder legislativo mande un mensaje de apertura al diálogo y escuche a los protagonistas y expertos del campo educativo para modificar todo lo que sea necesario con el fin de llegar a un planteamiento que más que destruir todo lo anterior, construya una propuesta mejor para construir paso a paso el sistema educativo que un país tan grande, rico y complejo como el nuestro requiere en estos tiempos de globalización.
En este artículo, el Dr. Gil señala algunos aspectos que le parecen fundamentales para esta construcción. Me atrevo, sin ser un experto en el tema específico de la política educativa a señalar los que de manera personal considero indispensables para construir un sistema educativo que esté a la altura de nuestros tiempos y no plantear una contra-reforma que retroceda en lo ya avanzado en las décadas pasadas.
-Contar con un organismo constitucionalmente autónomo que garantice una evaluación constante, profesional e independiente de la autoridad educativa, de todos los elementos del sistema educativo. Esto implica no solamente no destruir sino reestructurar y fortalecer al actual INEE, independientemente del nombre que se le adjudique. No basta como se está planteando, con una autonomía técnica si el nuevo instituto para la “revalorización del magisterio” depende de la misma SEP.
-Revisar y fortalecer el Servicio profesional docente (SPD) para garantizar que el otorgamiento de plazas y la promoción de los docentes y directivos se haga con base en sus capacidades y no en favores políticos o en factores económicos –venta, renta o herencia de plazas- como ocurría en el pasado.
-Revisar y rediseñar con pertinencia y eficiencia el sistema de evaluación docente para el ingreso y la promoción de los profesores, desligándolo de los factores laborales y centrándolo en una visión de evaluación formativa como está planteando el Secretario de Educación Pública actual.
-Reforzar, con el apoyo de las universidades públicas y particulares, la formación y actualización de los docentes en servicio.
-Reestructurar a fondo la formación inicial de los docentes, planteando reformas profundas a las escuelas normales y permitiendo la formación inicial de docentes en las universidades.
-Avanzar en la gobernanza del SEN que plantea el modelo educativo 2017 hoy vigente para que se fortalezca la autonomía de cada escuela, se promueva la participación de los padres de familia, docentes y alumnos en la gestión escolar y se garanticen los equilibrios que eviten regresar al sistema de baja complejidad centralizado en la SEP que teníamos antes de la reforma actual.
-Mantener y en su caso, evaluar y ajustar el modelo educativo que acaba de ponerse en marcha y que tiene muchos elementos positivos que hay que garantizar que lleguen a las aulas, modificando lo que en la práctica se vea que no es pertinente o aplicable en la práctica.
Como bien dice Pablo Latapí en el libro de que tomamos la frase que sirve como epígrafe de este artículo, la educación es un espacio en el que confluyen y muchas veces entran en conflicto las aspiraciones ciudadanas y los intereses de poder –tanto de las diversas fuerzas partidistas del gobierno y la oposición como de los sindicatos magisteriales-, por lo que los gobiernos utilizan a la educación como un elemento de mediación o concertación y también, como desafortunadamente ha ocurrido casi siempre a lo largo de nuestra historia reciente, para obtener los apoyos que requieren o para corresponder con ciertas prebendas a los apoyos obtenidos.
Ojalá que los legisladores piensen más en las aspiraciones legítimas de la sociedad para tener una formación que desarrolle en las nuevas generaciones las capacidades necesarias para tener una mejor vida tanto en lo material como en lo cultural, que en estos intereses de poder que sin duda están muy presentes en la discusión.