Lo nuevo en el panorama político de nuestra gran nación es caracterizado por contar con un gobierno de corte profundamente progresista.
El reto en el diseño de la transición es definir cómo marchar hacia un nuevo modelo de sistema político partiendo de lo que hoy es nuestra patria. Debemos entender que lo que es nuestra sociedad no se puede inventar, tenemos que asumir la compleja realidad que en gran parte se define como producto de los años de gobiernos de corte conservador, a partir de ello tendremos que diseñar el modelo alternativo, mismo que nos encamine de manera lo más tersa posible hacia un modelo político progresista, con un claro contenido democrático plural e incluyente.
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La tarea es muy grande, se debe diseñar un proceso de transición y, a la vez, un proceso de consolidación del nuevo sistema. Esa es la gran oportunidad que tenemos los mexicanos, debemos comenzar por hacer un diagnóstico de lo que tenemos, organizar y definir los diversos componentes esenciales de nuestra realidad y, a partir de eso, definir los principales conceptos y categorías para determinar y ordenar nuestras tareas.
Empecemos con la mayor agudeza posible: los gobiernos encabezados por priistas y panistas que cubren los últimos treinta años de vida de nuestro país pretendieron con un modelo que incluyó un estado minimalista, que se caracterizó por impulsar, como solución a los problemas de crecimiento económico y de bienestar social, con un profundo énfasis la lógica del mercado, alentó como solución a nuestro rezagos el impulso a las privatizaciones, después de ese lapso de la aplicación del modelo denominado neoliberal el resultado es que no se logró un significativo crecimiento y sí una exagerada mala distribución de la riqueza, peor que la que se tenía al inicio de la aplicación del modelo.
Las políticas aplicadas han generado una escandalosa marginación de la mayoría de los mexicanos, más de la mitad del pueblo mexicano se encuentra ubicado en la pobreza, y con las políticas de prohibición de algunas aficiones de los mexicanos y de los vecinos del norte hemos visto crecer el mercado negro de la producción y distribución de las drogas de diverso tipo, como consecuencia de la forma en que se asume este problema se ha generado un accionar privado en el mercado mencionado, mismo que se ha asociado con una intensa y violenta lucha de los señores que se han adueñado de ese negocio altamente rentable y sin control por parte del estado mexicano.
Se ha desarrollado una dinámica perversa de asociación entre algunos miembros de la clase política y varios integrantes de la iniciativa privada para realizar actos violatorios de la ley que les han proporcionado la oportunidad de realizar grandes negocios, y el modo más refinado de la realización de ilícitos es el que se denomina como la captura del estado por los grupos de delincuentes en donde ya no se limitan a realizar actos de complicidad que les permiten evadir sus obligaciones legales sino que al apropiarse del aparato del estado generan una normatividad que les permite realizar actos de corrupción con un marco legal y entonces son más difíciles de detectar.
En la práctica tendríamos que diseñar dos aspectos de la transición: el primero sería consistente en la reconstrucción del orden institucional haciendo que se cumpla la ley, es decir, restablecer la vigencia del estado de derecho, al mismo tiempo que hacer una revisión para que la normatividad tenga la consistencia y congruencia que evite la normatividad facciosa que permitía abusos legales de los que, durante los últimos 30 años han detentado el poder; corregido lo anterior entonces sí marchar a lo que significaría poner orden, es decir restablecer el estado de derecho con normas legítimas y justas.
Con esta acción se iniciaría el proceso profundo del combate a la corrupción, poner fin a la impunidad y por esa vía evitar que se continúe alimentando los procesos de desorden que azotan a nuestro país.
En lo que se vincula con la pacificación de nuestro país es muy importante la reorganización de las fuerzas del orden y la definición de sus atribuciones sus vínculos con los poderes de ejecutivos de todos los órdenes de gobierno de su equipamiento y de las formas de coordinación y vinculación, cuidando su reglamentación para que se evite su cooptación por los miembros de los grupos delincuenciales.
El otro aspecto de la transición, hacia el nuevo modelo, se ubica en la revisión y análisis de las llamadas reformas estructurales que se tendrán que rediseñar de acuerdo al nuevo modelo de política para lograr consolidar a nuestra patria como el lugar en donde los ciudadanos mexicanos puedan vivir dignamente, y con los medios indispensables para tener la posibilidad de escalar en la estructura social siempre con la garantía de que si se quiere habrá condiciones para una vida familiar feliz y digna, con lo mínimo para vivir y desarrollar sus actividades de manera satisfactoria y plena.
En esa tesitura podemos enunciar que la revisión de la reforma educativa debe pasar por considerar los rasgos más distintivos de nuestra patria, en ese renglón la diversidad de circunstancias obliga a considerar que para que el análisis de la situación de la educación en México tiene que considerar que hay una organización federativa, y así poder diseñar una estrategia de consulta. Para revisar lo existente en las entidades cuentan con poderes que deben considerarse para organizar la consulta acerca de la situación del tema en cuestión, es decir, se tendrá que encargar a los ejecutivos de los estados la organización de eventos para tener información que indique la situación de la que partimos.
Dejando, para tal propósito, que el proyecto estatal sea afinado en sesiones de los órganos legislativos y tendrán sus conclusiones la naturaleza de propuestas indicativas para incorporarse en el programa educativo del nuevo gobierno, las conclusiones de todos los estados de la república se presente en una reunión de ejecutivos del país presidida por el presidente de la república, en ese espacio de deliberación se obtendría un proyecto de reforma que el ejecutivo de la nación, en uso de sus facultades analizaría para que se concrete el proyecto definitivo y se tenga listo para que lo discuta el legislativo y lo eleve a la nueva normatividad del sistema educativo de nuestro País.
En los demás temas de la revisión de las reformas impulsadas por los gobiernos conservadores de México se desarrollaría una dinámica similar, siempre en las consultas incorporar los órganos institucionales capacitados para aprobar las reformas pero en todos los casos también incluir a los sectores del país involucrados directamente con la problemática de que se trate, eso se haría en los foros de consulta y en los momentos de la discusión para concretar el proyecto en cuestión.
Por esa vía tendríamos una democracia indirecta representativa, participativa e incluyente y la seguridad de que habría consistencia en los proyectos y viabilidad de su aplicación, superaríamos en lo esencial el problema político y solo tendríamos que hacer ajustes menores en lo político y lo que restaría sería lo técnico y lo financiero así como su diseño estratégico.
Se trata de modificar lo que se ha hecho en el país integrando a los mexicanos de todos los segmentos de la sociedad: empresarios; de grandes empresas, medianas y pequeñas. De todas las ramas de actividad económica, trabajadores; industriales de los servicios y a los trabajadores de la industria de la información, a los campesinos de la agricultura tradicional modernizada y a los trabajadores de la agricultura moderna. Se trata de que el proyecto político de nuestro presidente consiste en construir una nueva clase política, constituida con nuevos integrantes generados por el gran movimiento de regeneración nacional y los que estuvieron integrados en proyectos anteriores pero que se han convencido de los mexicanos podemos construir un México más justo. En ella habrá la presencia de los que se comprometieron originalmente y los que ahora se comprometen con ese nuevo proyecto. Se trata de incorporar al nuevo bloque histórico gobernante, a los que por corresponder con un sistema político agotado se vieron envueltos en prácticas ilegales e ilegitimas pero que ahora están dispuestos a apuntalar la restructuración del país, para ellos atinadamente nuestro presidente electo ha planteado incorporarlos a una dinámica de cuenta nueva que los incorpora a la fuerza transformadora de México y, al mismo tiempo, los emplaza a dejar de participar en conductas ilícitas que tanto dañan al país sometiéndolo a un ambiente de inestabilidad de violencia y corrupción. Para ellos está planteado el rumbo guiado por la cuenta nueva, no por el borrón y cuenta nueva, el nuevo gobierno tendrá cero tolerancia para los futuros actos ilícitos.
En lo que se refiere a actos ilícitos del pasado se tendrá que asumir, por la autoridad competente, de acuerdo a las conductas que se detecten de los distintos actores sean individuales o corporativos, si se corrigen o se comportan como reincidentes.
Se trata de separar el poder político del poder económico para poner las cosas de tal manera que los que han recibido la anuencia, de parte de los ciudadanos mexicanos, para gobernar y por tanto tomar las decisiones que corresponden con lo adecuado para los intereses de la mayoría de los compatriotas, escuchando a los mismos, decidan lo conveniente, sin permitir que los intereses facciosos sigan decidiendo de acuerdo a sus intereses particulares.
Con lo que estoy expresando dejo claro que el nuevo gobierno de México tiene un proyecto político, que en esencia se traduce en crear el bloque histórico de fuerzas que sustente la aplicación de un modelo progresista afín con los tiempos, con el modelo progresista democrático, incluyente, plural y participativo, que tiende a poner en el centro del desarrollo de las sociedades a los seres humanos y subordinando a esto a los proyectos que implican el desarrollo del capitalismo, otorgándole así un rostro humano.
Con esto queda expresado que ahora los criterios para resolver los problemas económicos tendrán que asociarse a la consideración y solución de los problemas de violencia, pobreza, de contaminación y de respeto a los derechos humanos de los mexicanos.
Eso es lo que los miembros de la clase política dominante anterior tendrán que aceptar para pasar a formar parte del nuevo bloque histórico progresista en México. En caso de que no acepten, entonces ellos, los conservadores, tendrán que pasar a jugar un nuevo rol en la dinámica de desarrollo del País.
En esa lógica de transformación se inscribe el hecho de que a las consultas que los anteriores gobernantes hacían entre los integrantes de la elite, a la que le reconocían capacidad para orientar el rumbo de las grandes decisiones a los banqueros, industriales, comerciantes, y a miembros de la clase política que frecuentemente son al mismo tiempo señores del dinero por haber tenido la oportunidad de amasar fortunas a la sombra del poder, en ocasiones ligados a actividades ilícitas, tantas historias al respecto ya son conocidas que difícilmente se dudará de lo que estoy mencionado, independiente de las historias particulares seguirán siendo importantes en las decisiones, pero el nuevo gobierno democrático y progresista hoy está reorientando la mecánica de las decisiones, el negocio se toma en cuenta pero se subordina al interés de la nación lo que se expresa con la incorporación en el criterio de decisiones a la opinión de todos los beneficiados de las determinaciones y a los afectados por esas decisiones. Procurando, siempre, el equilibrio de la distribución de beneficios y posibles afectaciones.
En el arte de gobernar, el nuevo gobierno ha incorporado el interés popular, lo que debe quedar claro es que no se pretende divorciar el poder político del poder económico, se pretende crear una forma de relación en la que el interés nacional quede sin duda privilegiado, eso es lo que los integrantes del nuevo núcleo del poder económico, integrado por nuevos empresarios y los que antes estuvieron ligados al ejercicio del poder, pero que aceptan participar en el nuevo proyecto, debemos asumir que con ello estaríamos viendo nacer un nuevo bloque histórico para dirigir a la sociedad mexicana, ese bloque tendría que asumir como reto, diseñar la nueva estrategia para transformar al país y por esa vía lograr el desarrollo social, económico y político de nuestro México.