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OPINIÓN

Y tú, ¿cuánto quieres tener?

El paso de lo tangible de la economía a lo intangible de los deseos.

Oscar Gómez Cruz

Maestro en Asuntos Internacionales de Negocios Universidad de Columbia. Maestro en Administración Pública INAP. Egresado de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard. Es presidente de 2TRES15

Miércoles, Septiembre 26, 2018

El problema de la convivencia humana y de muchas de las cosas desagradables que vivimos, no radica en la falta de recursos, sino en que estos no alcanzan para satisfacer la ambición de cada persona.

 

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La economía es la ciencia de la escasez, es decir, se trata de maximizar el uso y aplicación de recursos de la mejor manera, debido a que son escasos. Además, los factores de producción como el capital y el trabajo también tienen ciclos. El primero no se genera por arte de magia, sino que requiere crédito, maduración y reinversiones, mientras el segundo, a pesar de existir en exceso, requiere especialización, capacitación y posteriormente entrenamiento, para superar una curva de aprendizaje que lo haga más productivo y efectivo.

 

Capital y trabajo, los dos eternos aliados, los dos eternos rivales.

 

Vivimos en un mundo confuso y hasta cruel en materia de producción y generación de riqueza. En el capitalismo nunca se nos engañó, siempre quedó muy claro que los mayores rendimientos van a dar del lado del capital, no de la mano de obra, pero al menos en los siglos XIX y parte del XX, esta relación amor-odio, complicidad-rivalidad, se basaba en generar valor a través de productos y servicios tangibles, que satisficieran necesidades claramente identificadas.

 

Cornelius Vanderbilt creó un imperio al satisfacer la necesidad, por principio, de contar con una conexión de ambas costas de los Estados Unidos y después de transportar personas y mercancías.

 

John D. Rockefeller se volvió el hombre más rico de la tierra, satisfaciendo la necesidad de iluminar a todo un país, con el queroseno que se obtenía de refinar el petróleo que extraía de Ohio.

 

Años después, Edison, Tesla y J.P. Morgan dieron respuesta a la misma necesidad masiva, gracias a la electricidad, la corriente directa, la alterna y la producción industrial necesaria para convertirla en el motor de la iluminación mundial.

 

Rockefeller para entonces, ya no satisfacía ninguna necesidad con el queroseno, pues la misma necesidad encontró un mejor producto tangible como respuesta.

 

Entonces Henry Ford inventó la producción masiva y barata de automóviles, que daba respuesta a la necesidad efectiva y rápida de transporte de personas y mercancías, surgiendo así la necesidad de un nuevo producto para moverlos: la gasolina.

 

Historias como éstas existen muchas, pero mi punto no es recorrer la evolución industrial de la humanidad, sino puntualizar que hoy no es necesario producir nada ni hacer nada tangible, para satisfacer las nuevas necesidades y generar enormes cantidades de dinero, prácticamente sin generar empleo, invertir en planta y equipo ni crear nuevas tecnologías de producción como en los siglos XVIII, XIX y XX. Hoy más que nunca, se crean burbujas que revientan rápido, no como las de antes, causadas por sobre oferta o por cambios abruptos en el mercado, sino porque hoy simplemente no hay fierros, no hay nada, solo especulación en valores futuros de marca, futuros desarrollos tecnológicos y, sobre todo, codicia pura.

 

No alcanza para satisfacer las modernas necesidades de ego, pertenencia, estatus, complejos, presunción, y poder de todos los seres humanos, en una era donde Instagram y otras redes sociales nos recuerdan todo el tiempo, a toda hora y en cualquier lugar, que hay que ser bell@, atlétic@, poderos@, popular, millonari@, sensual, chic, cool, in. Y además hay que lograrlo rápido, antes de los 30.

 

En las épocas de Rockefeller, Vanderbilt, Carnegie, J.P. Morgan y Ford no era muy diferente, pero se debía a la esperanza de vida. O eras rico joven o nunca lo eras, porque la gente moría a los 50 años.

 

Hoy un celular te hace rico sin mayor preparación ni estudio, sin producir ni construir nada, sin dar empleo, construir inmuebles, innovar o registrar patentes. Sólo satisfacer la necesidad de “informar” o bloguear sobre temas que refuerzan necesidades hoy reales en la sociedad, como la noción de éxito, popularidad, poder, belleza y riqueza.

 

¿Nueva economía con nuevas necesidades y nuevas reglas? 

 

Puede ser.

 

El tema está en que no alcanza para tanta ambición. Y en un mundo que privilegia esas metas y elimina valores y principios como la preparación, el trabajo, la honestidad y la perseverancia, nos encontramos ante una crisis global de corrupción, lavado de dinero, fraude cibernético, depredación ambiental, porque se vale todo, con tal de ser como esas figuras (algunas reales otras no), que vemos en Instagram.

 

Así que preguntémonos, no sólo qué necesitamos para estar cómodos en nuestra vida económica, porque eso ayuda a trazar un plan y administrar esfuerzos y recursos, sino también contestemos sin que esto signifique conformismo o mediocridad, ¿cuánto queremos tener? 

 

La respuesta bien fundamentada a esta pregunta, nos ayudará a tomar mejores decisiones para equilibrar nuestras vidas. Nos ayuda a enfocarnos y a armonizar el plano laborar con el familiar, el de salud personal y el de relación con el resto de los seres humanos, en una era de ansiolíticos, antidepresivos, adicción al trabajo, desintegración familiar, estrés permanente, insatisfacción continua y justificación del fin sobre los medios, en la carrera por ser “exitos@“.

 

Sea lo que esto signifique.

 

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