El pasado 28 de agosto celebramos en México el día del adulto mayor, conmemoración que nos invita a reflexionar sobre nuestro proceso de vida en vistas a la vejez, algunos profesionistas de salud sugieren vivir el presente, lo cual no excluye espacios de reflexión sobre la manera en cómo queremos envejecer.
Para mirar nuestra propia vejez es indispensable observar cómo se encuentran los adultos mayores de la actualidad, mirarlos también permitirá trabajar sobre su vejez y la propia, hablar y pensar lo que viven los adultos mayores es también dar voz al proceso que ellos tienen, evitar el edadismo que nos limita mirarlos.
La calidad de vida no solo es referida a aspectos económicos, sino a la percepción que los adultos mayores tienen sobre su lugar en el mundo, los aspectos que se vinculan a la calidad de vida se engloban en aspectos de la salud física, del estado psicológico, el nivel de independencia, la sensación de bienestar, la satisfacción personal, la espiritualidad y las relaciones sociales con las que se cuenta, podríamos resumir todas ellas en 3 dimensiones prioritarias citadas con González-Celis: el estado funcional, el acceso a los servicios y recursos y la sensación de bienestar.
En el caso de del estado funcional; existe un abanico muy extenso que va del envejecimiento primaria hasta el terciario, es decir que algunos adultos mayores con edad biológica mayor a 80, se encuentran en perfecto estado de salud, pese a las dificultades propias de la edad cuentan con una excelente salud física y cognitiva, en cambio es frecuente observar adultos mayores de 65 con dificultades físicas o incluso dependientes para su movilidad; por ello es indispensable que desde edades tempranas comencemos a generar buenos hábitos de salud integral, se sabe que el ejercicio favorece no solo el aspecto físico sino también el psicológico.
En lo que se refiere al acceso de servicios y recursos; lamentablemente en la actualidad muchos adultos mayores sobreviven por el ingreso adquirido en trabajos informales y muchos otros de pensiones reducidas, datos de ENADIS refieren que el 37% de los adultos mayores depende económicamente de sus hijos, otro aspecto importante como el acceso al agua potable, arroja cifras alarmantes pues el 50% de adultos mayores de 65 años acarrean agua y leña porque no cuentan con recursos suficientes y un 20% no cuenta con condiciones de vivienda digna por espacios reducidos y en mal estado, cerca del 60% de hogares encabezados por adultos mayores se encuentra en condiciones de pobreza (CONEVAL, 2014).
Es importante recalcar que el acceso a recursos se vincula no solo a la disponibilidad para trabajar sino a las limitaciones que el propio sistema económico ofrece pues los avances tecnológicos hacen que los adultos mayores sean desplazados por los jóvenes; los niveles de instrucción educativa dan ventaja a jóvenes frente a los mayores; la disponibilidad de no contar con prestaciones no es prioritario para quienes recién egresan pueden aceptar o rechazar trabajos con mayor facilidad frente a los adultos mayores, estas desventajas afectan la posibilidad de contar con un trabajo solido después de los 65 años.
Finalmente, en lo que compete a la sensación de bienestar, podríamos identificar varias situaciones emocionales como la discriminación, en la última Encuesta Nacional de Discriminación del 2017, refieren que el 17% de los adultos mayores han experimentado discriminación en la calle, en el trabajo e incluso en sus familias, algunos experimentaron rechazo en actividades sociales, insultos o burlas, la percepción que tienen de que la gente se desespera fácilmente con las personas adultas mayores es del 82%, otro aspecto prioritario en la sensación de bienestar son los vínculos emocionales con los que cuenta el adulto mayor, el sentirse acompañado durante su vejez es indispensable pues para muchos sentirse solos les genera una sensación de abandono y de poca valía, recordemos que la sensación de bienestar es subjetiva por lo que sentirse solos no es alusivo de encontrarse literalmente viviendo solos.
Ahora bien, cada persona prioriza estas dimensiones, las tres son indispensables pues en su conjunto logran integrar la calidad de vida, en la actualidad muchas personas trabajan para lograr una estabilidad en sus recursos, pero descuidan su estado de salud, otras priorizan el estado de bienestar ante lo económico, finalmente existen los que dan más valor al aspecto físico sobre el estado de bienestar y pese a que las tres dimensiones son importantes cada persona tiene una pequeña parcela de decisión para construir su vejez, sobre todo en el aspecto subjetivo pues nos permite revisar cómo se encuentran nuestras redes de apoyo y nuestros vínculos afectivos actuales pues esto dará base a nuestra vejez, revisar nuestra salud integral y buscar mecanismos para evidenciar las desigualdades económicas en las que se encuentran muchos de los adultos mayores actuales.
[La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.
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