Hace un año escribí: “Cada persona es formada bajo ciertas circunstancias y con diversos enfoques normados por la escolarización a la que accede, pero también con aquello que tiene que ver con el aprendizaje informal y los diversos saberes que dependen básicamente de su propia historia de vida, relacionada con el contexto en el que vive y se desarrolla”.
El lunes 20 inicia el ciclo escolar 2018-2019 para los niños, adolescentes y jóvenes que cursan la educación básica y la educación media superior, nuevamente con el denominado modelo educativo a partir de un currículo basado en situaciones de aprendizajes. En el anterior ciclo escolar se manejó que su ruta de implementación oficial comprendía este 2018 y el 2019.
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Existen tres calendarios escolares oficiales, el de 185 días, de 195 y el de 200; oficialmente se sigue expresando que el propósito principal es que el alumno aprenda a aprender, desarrollando sus habilidades, buscando que los alumnos discutan ideas y soluciones a problemas reales, evaluando tres momentos sustantivos: "cómo llegó el alumno, cómo avanza y cómo cierra".
Este nuevo ciclo escolar inicia con la incertidumbre sobre lo que en materia educativa pasará, especialmente con la situación laboral de los maestros de educación básica y media superior, así como con las adecuaciones o nuevas estrategias en materia educativa dentro de los planes y programas.
Como no se había hecho antes de la toma de posesión del presidente electo, ya sabemos quién será el próximo secretario del ramo, la ubicación física de la SEP en Puebla y la próxima realización de foros de consulta para recoger las opiniones de los diversos actores educativos y de la ciudadanía en general.
El presidente electo se ha reunido con diversas asociaciones educativas, de manera reciente con la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior ANUIES, en la cual presentó su visión general educativa junto con Esteban Moctezuma además de presentarse temas como cobertura, calidad y financiamiento, educación superior tecnológica, centros públicos de investigación, así como la educación particular. Por cierto, participó el rector de la UPAEP José Baños.
El comentario desde la perspectiva de diversos rectores, entre ellos el de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla es de optimismo, por la visión clara presentada y las estrategias generales a implementar. Se planteó un proceso a desarrollar de manera participativa y con la flexibilidad necesaria para tomar en cuenta la gran diversidad que caracteriza a México.
El camino por recorrer este año, desde mi perspectiva, será largo y sinuoso porque en toda implementación es necesario revisar las prácticas e ir monitoreando sus fortalezas y debilidades, existe además una gran resistencia para que la comunidad en su conjunto lo haga suyo especialmente por las decisiones verticales que han caracterizado las decisiones educativas en México. Lo que debemos tener presente es que debemos de buscar la manera de lograr que los aprendizajes escolares permitan a todos los estudiantes lograr una mejor calidad de vida en todos los aspectos. Me parece importante el exhorto de López Obrador: buscar el equilibrio entre calidad y cobertura porque “estudiar no es un privilegio, es un derecho del pueblo”.
Desde hace mucho tiempo se han planteado como desafíos educativos los de la equidad e inclusión, conceptos que suponen el reconocimiento de lo diverso, avanzando hacia una mayor equidad educativa asegurando la igualdad de oportunidades en cuanto al acceso, permanencia y éxito en los logros de los aprendizajes para todas y todos, sin distinción de condición socioeconómica o política, étnica, de género o de cualquier tipo. “Una educación de calidad para todos implica el desafío de registrar resultados exitosos en contextos y colectivos heterogéneos”. (López N, 2006: 32).
Lo anterior tampoco está desligado de la obligación constitucional en México, la de proporcionar una educación que conjugue calidad con equidad, reforzando la idea de que ambas son prioridades fundamentales e inseparables de la política y la acción educativas.
Es evidente a lo largo de estas últimas décadas que nuestra educación no ha sido de calidad, cuando no se logra que todos los alumnos y no solamente unos cuantos, adquieren las competencias necesarias para integrarse y participar activamente en la sociedad.
Si esto no se ha podido asegurar con varias de las reformas que se han implementado, entonces hay que buscar las estrategias necesarias para asegurarlas en todos los niveles y modalidades educativas, porque de no ser así las desigualdades educativas seguirán actuando como mecanismo reproductor de las desigualdades sociales. (OREALC/UNESCO 2007:1-21).
No tiene ningún caso seguir en la dinámica de ser “pejista” o no. Si existe la manera de poder mejorar la educación hay que observar, cuestionar, pero también participar. La educación es demasiado importante para no unir fuerzas en torno a ella. Además, toda la ciudadanía tiene que involucrarse, no olvidemos que la familia es el primer círculo que educa y forma, y que cada escuela con sus maestros participa para que formemos a los ciudadanos no solo que queremos, sino que realmente necesitamos.
También tenemos que reflexionar en que como sociedad aún tenemos mucho que aprender, tengamos en cuenta que cada uno de nosotros está formado bajo ciertas circunstancias y con diversos enfoques normados por la escolarización en la que transitamos, pero también con aquello que tiene que ver con el aprendizaje informal y los diversos saberes que dependen básicamente de nuestra propia historia de vida, relacionada con el contexto en el que vivimos.
Inicia el próximo lunes un nuevo ciclo escolar, esperemos que el día no se nuble con la sombra de Elba Esther Gordillo y que todo permita ir anticipando un horizonte esperanzador. Observemos, cuestionemos, pero también hagamos propuestas y participemos.
Buen inicio de clases.