Parte del camino recorrido en estos últimos días, lo dediqué para ampliar la mirada sobre la vida de los poblanos de nuestro Estado que migran a los Estados Unidos en una de las ciudades más pobladas del mundo: Nueva York.
Caminar por sus calles te permiten observar las diversas manifestaciones culturales presentes en sus más de 60 barrios distribuidos en sus cinco distritos: Manhattan, Bronx, Brooklyn, Staten Island y Queens. Este último, el más grande de Nueva York conformado por los barrios de: Astoria, Flushing, Jackson Heights, Jamaica y Rockaway Beach.
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Queens presenta como característica especial el mostrar un mosaico de sabores y gente de todo el mundo. Caminar en sus calles principales, te permite observar el multiculturalismo presente, así como una diversidad de lugares de comida colombiana, peruana, dominicana, china, coreana, hindú y mexicana entre las principales. A lo largo de Roosevelt Ave, entre la 90 th St. y Junction Blvd. encuentras una gran cantidad de latinos, especialmente poblanos en negocios establecidos por ellos o trabajando en esa cosmopolita ciudad.
Estos poblanos son de diferentes poblaciones como lo muestran los nombres de sus locales: “Bella Puebla”, “Tulcingo Mexican Food”, “Los Poblanos Grocery”, “Mexican Grilled”, Peluquería “Pueblita Linda”, “Mi Lupita”, etc., en donde propietarios y trabajadores realizan su jornada laboral.
Al establecer una charla con ellos, se van asomando diversas facetas de su personalidad y la diversidad de sus historias de vida en la que encuentras un punto en común: la búsqueda de una mejor calidad de vida para ellos y sus familias, en condiciones que les ha implicado la realización de jornadas de trabajo intensas puesto que hay quienes trabajan triple turno y fines de semana, lo que permite sostener la compleja dinámica de la vida laboral en estos sectores de la economía neoyorkina.
Poco a poco también, vas comprendiendo las diversas modalidades de sociabilidad y territorialidad que se establecen en esa configuración de complejas relaciones sociales, en las que el migrante no rompe con sus lazos comunitarios y familiares, porque desarrolla nuevas formas de comunicación y vinculación social que les van asegurando su presencia tanto en Estados Unidos como en su comunidad de origen.
Ellos se van construyendo, reconstruyendo y apropiándose socialmente desde diferentes dimensiones reconfigurando su identidad, su perspectiva de su vida, sus saberes y hasta la trasformación de su perspectiva de género, puesto que las mujeres en especial ya no presentan un proyecto ligado al esposo o a su pareja, sino como parte de un proyecto de vida propio.
En sus narrativas comparten al mismo tiempo lo rural, lo local, lo nacional, lo urbano y lo global en sus diversos modos de ser migrante con ciertas características compartidas dentro de una manera de ser, pensar, sentir, actuar y vivir particular, entre diversas interacciones producto de su experiencia de movilidad, pero también de incertidumbre.
No ha sido fácil para ninguno de ellos vivir en esos espacios sociales en los cuales se evidencia las intersecciones entre sociedades desiguales en un sistema capitalista global, por lo que hay que conocerlos, valorarlos y apoyarlos.
Todos ellos son poblanos como nosotros, con coraje y valentía para enfrentar sus particulares condiciones de vida por lo que es importante destacar que no debemos olvidarlos dentro del diseño de nuestras políticas públicas.