De regreso a casa, observé a lo lejos grandes humaredas a lo largo del “Periférico Ecológico” había olvidado la manera en que muchas personas queman la hierba de sus terrenos, pretendiendo ahorrarse tiempo y dinero en su limpieza. A pesar de que es una práctica utilizada desde hace muchos años en México, argumentando que es la mejor manera de devolver los nutrientes a la tierra, no puede ser una práctica que siga perpetuándose y que no tenga consecuencias ni sanciones y menos en un lugar que a pesar de llamarse ecológico, lo menos que existen son árboles y plantas.
Esta quema, no solo se convierte en riesgo cuando está cerca de unidades habitacionales, aún en el monte y lejos de las ciudades representa un peligro sobre todo porque cada vez son menos frecuentes las lluvias, por lo que, con el calor abrasador y las ráfagas de viento, se puede convertir en un gran incendio y destruir a todos los seres vivos que están en esos ecosistemas, microscópicos o pequeños, pero que representan parte del eslabón en las cadenas alimenticias naturales.
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Poco a poco, nos hemos olvidado de la importancia que tiene la tierra y el agua en nuestro planeta: talamos árboles, tiramos basura a los ríos, lagos y mares, usamos una gran cantidad de plásticos en nuestra vida diaria.
Olvidamos que, aunque exista mucha infraestructura y tecnologías, sin la naturaleza no podemos sobrevivir. Aquí en Puebla, argumentando que se construyen obras que serán benéficas para la ciudadanía, se cortan árboles ya adultos, sin pensar en todas las consecuencias de su tala, además de las implicaciones éticas de matar a un ser vivo. Cuando escuchamos las propuestas de los candidatos, sin excepción de partido, poco se habla del medio ambiente y la urgencia de atender el tema. Casi siempre se habla de grandes proyectos que vuelven a regresar al asunto de construcción de infraestructura y de aplicación de tecnologías.
La educación ambiental tampoco ha logrado grandes avances, porque no está integrada con una forma de ser y hacer ciudadana; los esfuerzos escolares que muchas veces son exitosos, siguen estado desligados de la política pública general y aunque existen esfuerzos vinculados a Organizaciones de la Sociedad Civil, el impacto no se refleja en la vida cotidiana.
Recorro los fines de semana el Eco Parque Metropolitano, una gran obra de infraestructura siguiendo el curso del río Atoyac, en donde el río despide un olor penetrante a descomposición y sus aguas están turbias y llenas de basura; a pesar de ello me maravillo con la naturaleza tan pródiga: en sus orillas habitan grandes árboles frondosos que sirven de hogar a muchas aves que trinan alegremente entre sus ramas. ¿Por qué no se han conjuntado esfuerzos para sacar de ese estado a este rio? No lo sé, sé que existe un Comité para rescatarlo, pero sus esfuerzos no fructifican. Sin duda no es fácil, porque requiere del esfuerzo conjunto de varios actores ciudadanos, una política pública en defensa del ambiente, una educación ambiental ciudadana integral y una normativa que se cumpla, de otra manera, gobiernos pasarán, discursos se escucharán y el degradamiento del rio será peor.
¿Se han dado cuenta de la gran cantidad de desechos orgánicos, inorgánicos, plásticos y no degradables que tiramos a las calles, ríos, barrancas y hasta en la basura que recogen los sistemas operarios?
No separamos la basura y si lo hacemos, las personas encargadas de recogerla la vuelven a revolver al colocarla en los camiones; también el aire que respiramos está más contaminado con el paso del tiempo. ¿Verificación, multas, un posible no circula? ¿De qué han servido si cada vez se observa más esa capa gris contaminada encima de nuestra ciudad, mientras que el transporte público, pipas y camiones de carga van siempre acompañados de una gran nube de humo negro ¿cómo le hacemos entonces?
No podemos seguir esperando que la naturaleza nos cobre lo que ahora no estamos cuidando. Por ejemplo, las altas temperaturas que ahora nos aquejan pueden ser resultado de la falta de árboles, porque los árboles entre sus muchos beneficios reducen el dióxido de carbono y otros gases ya que filtran a través de sus hojas y cortezas las partículas contaminantes; refrescan el ambiente porque liberan vapor de agua a través de sus hojas y cuando los árboles transpiran, aumentan la humedad atmosférica, atrapan el agua de lluvia y la filtran alimentando el suministro de agua subterránea.
Si con lo anterior no bastara, los árboles reducen la exposición a los rayos UVB, son hogar y alimento para las aves y la vida silvestre; para el ser humano estar entre los árboles y la naturaleza mejora la concentración reduciendo la fatiga mental porque filtran el sonido cotidiano en las vialidades, absorben el polvo, el viento, reducen el resplandor y regulan la temperatura compensando así el exceso de cemento urbano que incrementa el calor.
Si no percibimos todas las consecuencias que implica no cuidar el medio ambiente, esto puede agravarse año con año y relacionarse directamente con la escasez de agua. Leí que para el 2020 tendremos mayores problemas con el agua, aunque ahora la red de agua potable ya es insuficiente para abastecer todos los hogares, en Cuatlancingo por ejemplo año con año pagamos el agua y mes con mes, tenemos que comprar pipa de agua porque no cae en la cisterna.
No esperemos que los otros emprendan acciones, si bien tenemos que exigir que todos los candidatos coloquen el cuidado del medio ambiente como tema central en sus plataformas y programas posteriores, nosotros podemos iniciar con acciones que permitan contrarrestar en algo lo que estamos viviendo.
No usar bolsas de plástico, desechables y popotes, evitar la tala de árboles y sembrar y cuidar uno o varios árboles en nuestra casa o cerca de ella, no desperdiciar el agua, separar y no tirar en cualquier lugar la basura y promover que exista en nuestro vecindario, personas o grupos que utilicen lo que vamos desechando para que sirvan en la elaboración de otros productos.
Eduquemos en familia, escuela y sociedad en general para el cuidado del medio ambiente y recordemos que los árboles pueden vivir sin nosotros, pero nosotros… no podemos vivir sin ellos.