Había escuchado historias de terceras personas en donde platicaban que les robaron sus llantas y espejos del coche a plena luz del día y que lo encontraron apoyado en tabiques o ladrillos, a lo que me hacía el sorprendido pues no terminaba de creer lo que escuchaba ya que lo veía como algo lejano a mí, reconozco que la indiferencia me ganaba. Pero lo que más me impactó es saber que uno terminaba recuperando sus mismas llantas y espejos robados en la conocida “calle de la 46”; a lo que yo me decía, “eso ya es mucho, están exagerando”.
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Resultó que un día en una colonia de buen renombre en la capital en donde ingenuamente uno no pensaría que le roben su coche estacionado, pasó lo que yo daba por impensable; la alarma de mi coche sonó y en menos de dos minutos salí de la casa de mi amiga para ver la razón de su sonar, a lo que por primera vez conocí esa sensación de impotencia y desánimo al ver el estado de mi auto, sin 3 llantas y sobre tabiques. La calle sola y sin el ruido de un alma, no sé cómo ni en qué tiempo lo hicieron, solo sé que ese día no iba a regresar a mi casa en mi coche entero.
A los pocos minutos de estar haciendo las tediosas llamadas al seguro, a mis familiares y a alguna grúa, vimos cómo pasó con alta velocidad una moto, a quien no supimos dar explicación alguna más que opinar que se trataba de uno de los delincuentes que regresaba a asegurarse de que realmente salimos a ver el coche cuando la alarma se activó, ya que si no aprovecharían para regresar por la otra llanta.
El día fue largo y el seguro no me cubrió ningún robo a pesar de contar supuestamente con una buena cobertura “excepto robo de autopartes”, a lo que vi desperdiciado el dinero gastado en el seguro. Al día siguiente, investigué el costo de las llantas, y por las tres en original iban en cantidades que rebasaban los 30 mil pesos a lo que dije “esto va a tardar” y el sentimiento de coraje volvió a aflorar en mi. No obstante llegó una llamada crucial de un compañero que conocía a alguien de la 46 y que conociendo mi historia, le dijo que había localizado mis tres llantas y que me diera una vuelta por los rumbos macabros de la famosa “46 poniente”.
Al final de todo, las llantas sí aparecieron en la 46, y solo observaba cómo entre los locatarios se iban comunicando con el celular para localizarlas, lo único que recuerdo claramente de toda la conversación con quien me atendió fue “ya sabe cómo es esto, jefe, ya las localizamos, va a salir en tanto, ahorita usted mismo las va a revisar y va a comprobar que son las mismas”. Miré mis llantas y rines intactos, además con los mismos detalles que yo conocía que tenían, no había más: eran mías y no tardaron ni 24 horas en aparecer. El costo salió en 6 mil por las tres y lo más lamentable es que por práctica y por salir del apuro y no tener el dinero inmediato de 30 mil pesos, no tuve más que aceptar y pagar por mis propias llantas. En un comentario que me pareció sarcasmo, me hicieron la oferta de que ellos me podrían vender unos birlos de seguridad “buenísimos”, a lo que solo me limité a esbozar una ligera sonrisa y decir “no, gracias”.
Con esta historia, entré al club de los poblanos que han sido víctimas del robo de autopartes, el cual está bien organizado y además es un negocio redondo en la 46 y que, de voz a voz, todo mundo aquí en la capital, conoce un caso similar, por lo que comprobé que desafortunadamente es algo frecuente y que inclusive a mí no me tocó el descaro mayor de que inmediatamente después del atraco, localicen tu número de celular y de la nada te hable alguien en menos de 48 horas para decirte que él tiene tus llantas y que te las puede vender en la 46.
Yo solo recomiendo algunos puntos:
-- 1. Verifica las letras chiquitas de tu seguro, confirma que incluya “robo de autopartes”.
-- 2. Si estás en tu casa y tu auto afuera comienza a sonar, no salgas de inmediato, cabe la posibilidad de que por muy rápidos que sean, te los encuentres y la de malas te lleguen a violentar.
-- 3. Trata de mantener la calma y piensa fríamente cómo actuar, no tomes decisiones calentado por la situación.
-- 4. Por muy tedioso que sea, haz tu denuncia, en algo va a ayudar en evitar que a alguien más le pase lo que a ti, y si tienes muchísima suerte, solo tal vez encuentren a quienes te robaron y se te devuelva (esto en un universo alterno claro).
-- 5. Agradece de estar vivo y no haber sido amedrentado. Si eres un hombre de Fe, trata de pedirle al Señor que bendiga a los que te robaron pues ha de ser un modo de vida muy lamentable para vivir del robo, pide misericordia para ellos e intenta pensar que si con eso que te robaron van a poder salir de un apuro real, adelante.
-- 6. Si no eres hombre de Fe o te cuesta hacer lo anterior, no te guardes tu sentimiento y si tienes que mentar madres, ¡hazlo! pero con personas de tu confianza o en privado.
-- 7. Si vas a la 46 a recuperar tus llantas o lo que sea, ve solo a eso, no discutas, no tomes fotos, ve a lo que vas y no hagas mayor relación, sal en cuanto puedas, pero intenta también no parecer desesperado o asustado, aparenta calma.
¡Pinche inseguiridad!
Que no te pase…