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OPINIÓN

Buenas prácticas de educación

Que tengan dosis de innovación y creatividad donde se propongan soluciones.

María Teresa Galicia Cordero

Doctora en Educación. Consultora internacional en proyectos formativos, investigadora social, formadora de docentes e impulsora permanente de procesos de construcción de ciudadanía con organizaciones sociales. Diseñadora y asesora de cursos, talleres y diplomados presenciales y en línea. Articulista en diferentes medios.

Sábado, Febrero 10, 2018

Regresaba a casa cuando escuché a Carlos Ornelas en la radio, convocando a todos los interesados, especialmente  a los actores educativos,  a participar en una convocatoria sobre buenas prácticas de educación,  realizada por el  Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América Latina y el Caribe (CREFAL).

El objetivo es el de identificar y documentar las buenas prácticas de educación con el fin de dar a conocer, analizar e interpretar cómo y por qué se dan esas prácticas, y si bien  dijo que  en realidad no tenían una definición precisa de buena práctica porque la  idea principal es formular un aparato de análisis sencillo con la documentación de  experiencias de éxito en estudios breves (entre tres mil y cinco mil palabras), la invitación es muy importante.

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¿Qué es una buena práctica? Aunque Ornelas expresó que no  se ponía especial énfasis en el concepto, se puede decir  que es una práctica que contenga una  buena dosis de innovación y creatividad donde se propongan soluciones  nuevas en  contextos específicos con  un impacto positivo y observable dentro de un proceso de mejora  efectivo,  durable y sostenible  en algún escenario educativo y que pueda servir como modelo para desarrollar iniciativas, acciones o políticas en  otros contextos, es decir, que pueda ser replicable.

No es la primera vez que se invita a presentar este tipo de experiencias, otras instancias  ya lo han hecho y se han identificado diversas prácticas, relacionadas con los alumnos, las comunidades, los docentes, los directivos, las autoridades educativas, organizaciones de la sociedad civil, etc.;  se han premiado y se han publicado libros, antologías y videos.

Lo importante en este tipo de convocatorias es identificar y difundir,  si la comunidad del CREFAL  invita a los interesados a participar en un proyecto de documentación de buenas prácticas de educación, hay que participar.

Este tipo de invitaciones  tiene que ver también con la  esperanza de que cada quien en sus espacios trabaje como hormigueros, tratando de que los logros individuales se vayan tornando colectivos a través de la valoración del trabajo que se realiza en las aulas, las escuelas y las comunidades. Cada caso siempre genera lecciones, que como escribe Ornelas,  tal vez puedan replicarse.

Se especifican ocho tipos de casos 1) Calidad educativa. 2) Equidad social. 3) Administración escolar y organización de los sistemas de educación. 4) Evaluación de los aprendizajes. 5) Mecanismos novedosos de financiamiento. 6) Formación de docentes. 7) Uso eficaz de las tecnologías de la información y la comunicación. 8) Programas no formales de inclusión social, clasificación que podría tener variaciones tomando en cuenta la recepción de los trabajos y los tipos de caso que se vayan inscribiendo.

También existe la apertura para recibir contribuciones relacionadas con historias de vida de docentes, todo con la intención de honrar el espíritu del CREFAL: el  aporte de  conocimiento para mejorar la educación en la región latinoamericana.

Si  algún lector  conoce o trabaja en algún caso interesante de   práctica educativa,  esta es  la oportunidad para darla a conocer. 

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