Gobernar México es un redondo y lucrativo negocio; por eso los partidos políticos de nuestro país, más allá de estatutos, ideologías, principios y reglas, son empresas que tienen como objetivo ganar elecciones. Eso les garantiza, por un lado, ser capaces de aprovechar la fuente infinita de dinero y poder que representa una silla en el gobierno y, por otra, las bondades de los millonarios presupuestos para campaña que generosamente los mexicanos les entregamos.
Como empresas explotan todas las posibilidades que les brindan las leyes promulgadas por personas por ellas colocadas que les favorecen ilimitadamente. Contratan al personal más adecuado realizando exhaustivas búsquedas de los candidatos idóneos que les den los mejores resultados, asegurándose de que toda inversión les rendirá jugosos frutos y no dudan en tener a su servicio cazadores de talentos sumamente experimentados. Aceptan inversionistas de todo tipo que inyecten liquidez a su partido, ya sea en efectivo o en especie. Cobran por cada actividad, a veces a crédito y otras por adelantado. Compiten encarnizadamente entre ellas para ganar la preferencia de todo potencial consumidor de su producto. Son empresas que pretenden abarcar hasta el más recóndito sitio de nuestro país utilizando un sistema piramidal probado en su efectividad por cientos de compañías nacionales y trasnacionales.
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Buscan siempre ser gobierno: presidente de México, gobernadores de los estados, senadores, jefe de gobierno de la CDMX, presidentes municipales, diputados federales y locales, asambleístas y cualquier puesto que se obtenga a través del voto. Una vez que logran ganar un lugar, nombran a los integrantes de su gabinete, secretarios, subsecretarios, directores, subdirectores, jefes, regidores. Con el poder en sus manos llevan “a su gente”. Colocan jueces que los favorezcan, fiscales, magistrados, consejeros, etcétera, etcétera, etcétera. Sus redes se extienden cual hiedra venenosa invadiéndolo todo. Entre más sillas ocupen, más poder y más dinero.
Como toda empresa piramidal, aceptan en sus filas a cualquier persona que cubra unos cuantos requisitos y que esté dispuesta a trabajar arduamente para cosechar el producto de su trabajo a mediano o largo plazo. También permiten a sus empleados crecer haciendo méritos, ya sea proporcionando servicios incondicionales, realizando diligencias, mostrando adulación y disposición o dando obsequios. Muchas veces los que hacen méritos pierden el lugar en la fila del crecimiento porque otros se meten gracias a que tienen carisma, son atractivos, tienen un apellido de tradición o cobran una deuda o una inversión hecha en el pasado por ellos o alguien más. Los que perdieron su lugar tienen la opción de seguir esperando o buscar un lugar en otra empresa, llevándose con ellos su cartera de clientes.
El gobierno es su negocio. Para acceder a él tienen que vender un producto. ¿Qué producto? Un bien intangible: “El buen gobierno.” Por lo menos eso le dicen a sus consumidores o eso marca la etiqueta pegada a un paquete llamado candidato. “El buen gobierno” casi nunca es tal y a nadie le importa. La empresa lo que quería era colocar a sus candidatos en el lugar del poder y no queda tiempo para hacer un buen gobierno y dar un servicio. No. Repito. Sólo queda tiempo para conseguir más consumidores y en el futuro, colocar más producto.
Además de todo el sistema de venta piramidal en el cual ofrecen una pequeña comisión de poder y dinero a los que se encuentran en la base, aumentando progresivamente hacia los que están arriba; contratan asesores de imagen y mercadólogos que les den las herramientas para posicionar sus productos entre potenciales consumidores, que con el poder de compra de su voto, adquieran su producto. Los asesores de imagen, con toda su preparación y experiencia adquiridas en México o en el extranjero, se encargan de dar a los candidatos, las técnicas, tácticas y estrategias para ganar elecciones maquiavélicamente, es decir, sin importar los medios. ¡No importa que hoy digan una cosa y mañana otra! ¡No importan todos los “trapitos sucios” que salgan a la luz! ¡No importan las incongruencias de sus discursos y sus actos! ¡No importa el “negro pasado” ni las “negras intenciones”! ¡No importa que un día pertenezcan a un partido y al otro día al otro! ¡No importa que los medios descubran los acuerdos “en lo oscurito”! ¡No importan las “concertacesiones”! ¡No importan “las metidas de pata”! Los asesores de imagen siempre encontrarán qué deben decir y hacer los candidatos para limpiarse el lodo podrido que los cubre, sonreír a las cámaras y mantenerse en la competencia.
Por otro lado, los mercadólogos serán responsables de analizar las características de los consumidores y establecer la estrategia de mercado que consolide la venta del producto. Usan la estadística, los informes, la historia, la psicología del color, los empaques atractivos, las frases pegajosas, la publicidad en todos los medios y cuánto recurso encuentran a su alcance para lanzar a los candidatos que portan la etiqueta de “El buen gobierno” al mercado. Sus expertos determinan el costo-beneficio de cada acción de mercadotecnia. La labor es titánica pues, cuando el partido quiere posicionarse en todos los segmentos de la población, tienen que desarrollar campañas colosales que capten el voto de: millonarios, ricos, clase media y pobres, emprendedores, empresarios, empleados y desempleados, de intelectuales y analfabetas, hombres y mujeres, religiosos y laicos, población urbana y rural, mayorías y minorías, y todo sujeto mayor de 18 años o a punto de alcanzar esa edad. En dado caso de que sus propuestas de campaña vayan en contra de la postura ideológica de un grupo-objetivo, realizan alianzas con otros partidos para cubrir a ese segmento de la población.
Y ahora sí, listos para obtener la moneda de cambio de su producto: El voto de los ciudadanos mexicanos. La única moneda democrática. Con el mismo valor sin importar origen y condición del votante. El Padrón Electoral de nuestro país reporta que 89 millones 324 mil 078 ciudadanos han realizado su solicitud de inscripción para obtener la credencial para votar y poder ejercer su derecho al voto. La Lista Nominal actualizada al 05 de enero de 2018 indica que un total de 87 millones 945 mil 626 ciudadanos que solicitaron su registro al Padrón Electoral ya tienen su credencial para votar. (Fuente: INE). Nadie “es monedita de oro pa’ caerle bien a todos”, pero los partidos harán todo lo posible para obtener los votos de los más de 87 millones de ciudadanos que tienen en sus manos la posibilidad de comprar su producto y votar por sus candidatos. Y no es para menos, ya que están en juego ni más ni menos que: la Presidencia de la República, Senadurías y Diputaciones Federales, 8 Gobernaturas, la Jefatura de Gobierno de la CDMX, 972 Diputaciones Locales, 1596 Ayuntamientos, 184 Juntas Municipales y 16 Alcaldías (Fuente: INE). Es decir, más de 3 mil 400 cargos de elección popular en la elección más grande de nuestra historia. El mercado del voto este año va a estar muy competido, pues todos los partidos querrán su rebanada del mega pastel y lucharán encarnizadamente por quedarse con la rebanada más grande y por no dejar caer ni una migaja. Ganar unas elecciones da a los partidos tres o seis años de dinero y poder, así como la posibilidad de continuar consiguiendo votantes para el siguiente proceso electoral. Estas empresas nunca bajan la guardia.
Así que, de aquí al 1° de julio de 2018 seremos bombardeados por armas publicitarias que nos ofrecerán “El buen gobierno” una y otra vez, veremos a los candidatos hasta “en la sopa”, escucharemos spots de los partidos hasta decir ¡basta!, oiremos promesas huecas a más no poder, nuestro país será cubierto de “basura electoral” y no me refiero solamente a volantes, carteles, mantas, anuncios espectaculares y artículos promocionales, sino a una avalancha de palabritas, palabrotas y palabrejas. Este año los partidos sacarán a la luz los más oscuros secretos de sus contrincantes para quitarle el voto a la competencia y utilizarán los más bajos golpes para hundirla. Y si no logran conseguir los votos, generarán la apatía electoral para que los ciudadanos no salgan a votar y así ganar sólo con los votantes leales al partido y uno que otro despistado.
Finalmente, la compra del voto ha sido una práctica común en nuestra historia electoral, pero este año será más cínica que nunca, con la complicidad de las instituciones, el silencio de las autoridades y la corrupción de ciudadanos y candidatos.
¿Y el voto razonado? Sólo unos cuantos lo ejerceremos, con dudas y reservas, con convicción política y deseo de cambio, con esperanza y responsabilidad. Pero, ¿marcaremos la diferencia? No lo creo.
Cibergrafía.
INE. Estadísticas. Lista Nominal y Padrón Electoral. Corte al 05 de enero de 2018. Consultado el 14 de enero de 2018.
INE. Voto y Elecciones. Consultado el 14 de enero de 2018.