Profesor-Investigador, Universidad de las Américas-Puebla.
Desde que Donald Trump se convirtió candidato del Partido Republicano hemos escuchado todo tipo de noticias alarmantes sobre cómo su gobierno afectaría a México. Su discurso asustaba a muchos. ¿Cuántas veces soltó la bravata de que construiría un muro que México pagaría? ¿Cómo temblamos cuando amenazó con deportar a millones de indocumentados mexicanos? ¿Cómo nos indignamos cuando estuvo a un paso de repatriar a los estudiantes descendientes de indocumentados, conocidos como dreamers? ¿Qué me dice de su reiterada cantaleta de salirse del TLCAN, una posibilidad que nos heló la sangre? Pues bien, tanto los que decíamos que nada ocurriría como los que tenían visiones apocalípticas pecamos de ingenuos al no advertir por dónde venía el vendaval. Pocos fueron quienes analizaron con la debida anticipación la amenaza que para México representaba la reforma fiscal de Trump. Ahora que ésta ha sido aprobada, podemos afirmar sin la menor duda que Trump nos ha dado el primer gran golpe seco. Y qué golpe.
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A grandes rasgos, la reforma fiscal es la mayor rebaja de impuestos desde la Era Reagan en la década de 1980. Hay opiniones encontradas sobre qué beneficios obtendrá cada grupo social, pero en lo que no existe la menor duda es en que se trata de una reforma que consiente a las empresas. El impuesto a las corporaciones (equivalente al ISR en México) baja de 35% al 21%. Además, se incorpora una serie exenciones para el sector privado. La idea detrás de la reforma es que pagar menos impuestos incentiva las inversiones, potencia la economía y ocasiona que la riqueza se derrame a los de abajo. Si bien hay un gran debate sobre qué tanto se benefician los pobres y la clase media con estos recortes, un hecho indiscutible es que los bajos impuestos atraen capitales.
La reforma de Trump es un golpe a varios países, en particular a México. ¿Por qué? Por obvias razones. Los capitales siempre buscarán un clima más favorable. Uno de los elementos que más aprecian son los bajos impuestos. Dado que México ha quedado en clara desventaja frente a Estados Unidos en su capacidad para retener capitales, el gobierno mexicano se verá forzado a desarrollar incentivos para que éstos no se vayan. Pero no se ve claro cómo le hará. Por eso la reforma fiscal de Trump ha golpeado al peso. Se prevé que México pierda inversiones.
Yo siempre he sido un partidario de la libre empresa y veo con buenos ojos las reducciones de impuestos. ¿Quién no desea pagar menos, máxime cuando un Estado corrupto se come los ingresos de la sociedad? Aunque el principio de la reforma fiscal de Trump es bueno, en el contexto en el que ocurre resulta una locura. Estados Unidos ya arrastra un déficit enorme, que se incrementará debido a la reducción de ingresos fiscales. En aras de ser competitivo en atracción de capitales, Trump está jugando con fuego. Los recortes de impuestos sólo son aconsejables cuando se cuenta con balances sanos y Estados Unidos no los tiene. México no podrá responder con reducciones de impuestos, porque su economía no cuenta con la misma capacidad para soportar los déficits. En pocas palabras, Trump nos ha dado un golpe terrible. Está por verse si también ha dado un golpe brutal a las finanzas estadounidenses. Por lo pronto, ya nos puso en aprietos.