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OPINIÓN

Representaciones de la muerte en la cultura prehispánica

Vida y muerte en la dinámica de la existencia. Los elementos del viaje. Cosmovisiones.

Jueves, Octubre 26, 2017

En México ya desde la época prehispánica los nativos rendían culto a la muerte, concibiéndola dualmente y que formaba parte de la vida y del ciclo de la naturaleza. Al llegar los conquistadores este culto a la muerte se fusionó con la nueva religión (Católica), dando lugar a lo que en la actualidad conocemos como día de Muertos de 1 a 2 de noviembre. Sin embargo se inicia los preparativos para la llegada de los difuntos desde días antes (31 octubre). Para celebrar estas fechas los mexicanos acudimos a los panteones para adornar con flores y en nuestros hogares colocamos ofrendas (en algunos y no en todos los hogares).

Dentro de esta hermosa tradición entran en juego varios factores uno de ellos es la económica: puesto que el gasto es significativo aunque no entre en competencias con los gastos como de diciembre y año nuevo. La sociedad mexicana es participativa para recibir a los muertos, puesto que también participan las escuelas en la colocación de las ofrendas con diversos elementos. Tales elementos son alimentos, veladoras, incienso, licor, flores, fotografías, música que no debe faltar por ser una fiesta (corridos, infantiles etc.) e incluso se colocan objetos personales del difunto, todo ello se prepara de forma respetuosa por los familiares del difunto. También en el altar se colocan calaveras de dulce, pan de muerto, dibujos que se mofan de la muerte, etc.

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En los pueblos indígenas de México esta tradición y práctica prevalece muy arraigadas en diferentes comunidades, es la fiesta que celebra a los espíritus de sus antepasados; es profunda y dinámica y es uno de los hechos sociales más representativos y trascendentales de la vida comunitaria. Las ceremonias que realizan los grupos indígenas representan el encuentro con sus antepasados y con la misma comunidad, propicia la interacción de las familias y las comunidades. Esta tradición es una de las hermosas y representativas que tiene México, por lo que sin duda es parte fundamental de nuestra vida y es importante seguirlas manteniendo puesto que nos da una identidad. Pero fuera del romanticismo, ¿qué es la muerte? ¿Cómo veían las culturas prehispánicas a la muerte y a su proceso?

El ser humano es un ser curioso que se explica y se explicaba las fuerzas de la naturaleza por medio de mitos, leyendas y religiones, etc. Así mismo de la vida y la muerte. La muerte es parte del ciclo de la vida, pero al pensar en ella nos trae angustia y negación de nuestro final. Es por ello, que el ser humano a lo largo de la historia ha creado lugares imaginarios; este lugar sería a donde iría el alma después de fallecer. Así el ser humano crea un significado, un por qué y un para qué de la vida y de la muerte. En la cultura maya existen diversos nombres para referirse al dios de la muerte e incluso la iconografía que lo representa hace referencia a un registro de fenómenos cadavéricos, tal descripción de los fenómenos cadavéricos y el proceso de descomposición es una imagen única en esta cultura. El dios de la muerte maya es conocido por varios nombres entre los que se denotan Ah Puch o Ah Púuch (“uno señor”), aunque con menos frecuencia también se le conoce como Kisín, Yum Cimil, en la mitología maya es una de las divinidades más importantes: “es el señor Minal, noveno estrato del inframundo” (De las Mercedes Rodríguez L., 2014). Se han encontrado dibujos en cuevas de la deidad, dicha deidad se asociaba con la oscuridad y los desastres; residían en un lugar donde llegaban los espíritus de los hombres que morían.

 

En la mayoría de las ocasiones en la iconografía aparece representado como un esqueleto o cadáver putrefacto en una posición sedente con las piernas flexionadas. En otras de las imágenes lo podemos encontrar de pie, de perfil, con la mandíbula descendida; así mismo se le dibuja con dos huesos a los lados o con cascabeles en manos y pies. En otras de sus representaciones se observa más estilizado pero acompañado de algún animal como el búho o un perro, ambos animales están relacionados con la premonición, malos augurios, enfermedades y muerte. Así pues podemos observar en el mundo maya las diversas representaciones del dios. Generalmente en los códices es identificado por la coloración amarilla de su piel, que es una de las características de los cadáveres cuando inicia el proceso de descomposición en la fase cromática.

Otras de las grandes culturas prehispánicas que se desarrolló en Mesoamérica, es la aztecas o mexicas quienes integraron a su sociedad prácticas religiosas y las mismas creencias sobre la muerte. “Sabían que la muerte era parte de una continuidad y la finalidad última” (Haase Martínez, C. I, 2013). Para la civilización la muerte mantenía el orden cósmico vital, su dios era Mictlantecuhtli (Dios de la muerte) y Tezcatlipoca (Dios de la vida). Para las culturas prehispánicas existían nueve casas y cuatro mundos de los muertos, dentro de sus creencias se contemplaban una continuación después de la muerte; al morir se contribuía en el equilibrio del universo y dependiendo de la forma en que uno moría se determinaba el lugar a donde iría dependiendo de los dioses. TONÁTIUH ILHUÍCAC (Omeyocan), lugar donde habitaba el sol. TLALOCAN, (paraíso terrenal de los aztecas) espacio de los tlaloques o ayudantes de Tlaloc (dios de la lluvia), lugar lleno de alegrías, con un campo de mazorcas, calabazas, chiles verdes, jitomates, frijoles y flores.

CHICHIHUACUAUHCO, era un lugar para los niños muertos quienes no habían vivido una existencia entera, es decir, a su primer año de vida. En este lugar nacían árboles nodrizas, con senos maternos como frutos, de los que brota leche. MICTLAN (inframundo de los aztecas) en este lugar llegaban todas aquellas personas que habían muerto de diversas formas, por ejemplo aquellos que fallecían de forma común o accidentadas, esto indicaba que no habían sido elegidos especialmente por los dioses. Éste un lugar era oscuro, denso, bajo, las almas debían realizar pruebas para poder resurgir.

 

Existían nueve dimensiones: “1.Apanohuaia o Itzcuintlan: En esta zona del Mictlan hay un río caudaloso (símbolo de las pasiones humanas) de agua negra, y para pasar esta prueba se requería de la ayuda de Xólotl (perro), el difunto reconocía al perro que había sido sacrificado por sus familiares.

2. Tepectli Monamictlan: Lugar donde Las almas deben pasar entre dos cerros, que chocan repetidamente entre sí, y desde donde el fallecido debe despojarse de toda su ropa.

3. Iztepetl: El alma debe caminar por ocho cerros de obsidiana, azotados eternamente por la nieve.

4. Izteecayan: Lugar en el que sopla el viento de navajas. El alma debe seguir su camino por la región en donde aúlla un viento muy helado.

5. Paniecatacoyan: Lugar donde los cuerpos flotan como banderas.

6. Timiminaloayan: El lugar donde flechan.

7. Teocoyocualloa: Lugar donde las fieras se alimentan de los corazones.

8. Izmictlan Apochcalolca: El camino de niebla que enceguece. Se debe caminar por un paso estrecho y entre piedras.

9. Chicunamictlan: Aquí las almas encontraban el descanso anhelado. Es el interior de la tierra.” (Haase, op cit.: 15).

 

Podemos finalmente entender e interpretar que la muerte es un asunto importante para las culturas prehispánicas, puesto que no se podía concebir la vida sin la muerte uno y otro se entrelazaba, claro en este aspecto hablamos de la dualidad. No podemos tampoco en nuestra actualidad concebir  la vida sin  la muerte puesto que hemos tenido convivencia con las dos. Y esta convivencia es parte de la naturaleza humana. Por otro lado hablando sobre tradiciones  y costumbres heredadas de los  nuestros antepasados debemos de seguir preservándolo y enseñar a la siguiente generación para  que sigan manteniendo las tradiciones que nos identifican y caracterizan.

 

 

REFERENCIAS

Haase Martínez, C. I. (2013). La Muerte y los Mexicas. Tesis de diplomado. Asociación Mexicana de Tanatología, A.C. D.F. México. Disponible en: . Consultado. 25 octubre 2017.

De las Mercedes Rodríguez L. (2014). El singular dios maya de la muerte bajo la mirada actual de las ciencias biológicas forenses. PGR. Campeche: México. Pp. 41-58

Mendoza V. T. “El plano o mundo inferior”. pp. 75-99. Disponible en: . Consultado. 25 octubre 2017.

Mitología Griega. Pp. 1-29. Disponible en:              Consultado. 25 octubre 2017.

Román López, M.T. (2006-2007). La muerte en el mundo clásico. Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, Historia Antigua, t. 19-20. págs. 331-355.

Diccionario Etimológico de la Mitología Griega. Disponible en: Consultado. 25 octubre 2017.

Mitología Universal. Disponible en: Consultado. 25 octubre 2017.

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