“La ética de la comprensión es un arte de vivir que nos pide, en primer lugar, comprender de manera desinteresada. Pide un gran esfuerzo ya que no puede esperar ninguna reciprocidad: aquel que está amenazado de muerte por un fanático comprende por qué el fanático quiere matarlo, sabiendo que éste no lo comprenderá jamás. Comprender al fanático que es incapaz de comprendernos, es comprender las raíces, las formas y las manifestaciones del fanatismo humano. Es comprender por qué y cómo se odia o se desprecia. La ética de la comprensión nos pide comprender la incomprensión”.
Edgar Morin, Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, p. 50.
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Durante los pasados días 4, 5 y 6 de octubre se realizó en la Universidad de los Andes de Bogotá, Colombia, el V Congreso de enseñanza de la Ética y I Congreso de éticas aplicadas. El programa del congreso y la información de las memorias puede consultarse en esta liga.
Por tratarse de mi línea central de investigación envié una propuesta de simposio sobre Formación ética y ciudadana desde la perspectiva de cuatro universidades mexicanas que fue aceptado y se presentó el tercer día del congreso con muy buena asistencia y participación de los ponentes y asistentes.
Dado que la universidad sede de estos congresos se encuentra en Colombia que está viviendo una etapa muy interesante después de años de una lacerante violencia desde las trincheras del narcotráfico y la guerrilla por todo el trabajo realizado para abatir el problema del narco y los acuerdos de paz con la guerrilla recientemente firmados, un tema recurrente en muchas de las mesas y paneles fue el del post-conflicto, la paz, la reconciliación y el perdón.
En el marco de estas reflexiones recibí como regalo de una buena amiga y colega mexicana un libro que estaba a la venta en las mesas de la UNIANDES. Se trata de El perdón: difícil posibilidad, coordinado por Angela Milena Niño Castro, Andrea Paola Buitrago Rojas, Claudia Giraldo Agudelo y Edgar Antonio López López y editado por la Universidad Santo Tomás.
Se trata de una serie de textos de distintos académicos que analizan desde varias perspectivas el tema del perdón, en el marco de los recientes acuerdos de paz logrados en su país.
“El perdón ha sido un elemento fundamental del paisaje moral y religioso en la tradición judeocristiana. En nuestro contexto el perdón recientemente ha ganado protagonismo por su importancia en los acuerdos de paz, en los procesos de reconciliación y en las políticas de justicia transicional con los que se ha buscado poner fin a períodos prolongados de violencia…” dicen los coordinadores.
Se trata de un libro que aborda el tema del perdón desde una perspectiva decididamente interdisciplinaria puesto que “aborda la dimensión filosófica del perdón e incursiona luego en el terreno empírico a través de tres objetos específicos. Desde un enfoque jurídico, presenta una interpretación de los textos legales con los cuales el gobierno colombiano le ha dado un puesto destacado en la vida nacional. Con los recursos de la Antropología, hace una lectura crítica de las declaraciones y demandas de perdón de uno de los más reconocidos victiamarios paramilitares. Por último, desde la iluminación bíblica y teológica, describe un trabajo de campo con dos comunidades golpeadas por la violencia…”
Se trata de un trabajo muy rico e iluminador para entender el proceso de paz colombiano pero también para tener elementos de análisis del valor del perdón para lograr la paz y el bien común de cualquier sociedad.
A nivel de calle uno puede constatar la profunda división que ha generado este proceso de paz. Existen dos mitades en las que se puede dividir la opinión pública del país en estos momentos –que desafortunadamente coinciden con dos posturas y grupos políticos claramente identificables que sin duda influyen en esta polarización-, puesto que a pesar de que parece que la totalidad de la población se alegra por la superación de la etapa de violencia, la mitad está a favor de los acuerdos firmados y la otra mitad considera que hubo demasiadas concesiones a la guerrilla y que se les perdonaron crímenes terribles lo que constituye una afrenta para miles de familias afectadas por la guerra.
Resulta comprensible que mucha gente no concuerde con unos acuerdos en los que se perdonan crímenes a personas que los cometieron cuando hubo muchísimas víctimas del conflicto a las que “no se les hará justicia”. Sin embargo resulta también claro que para lograr la paz es necesario que por algún lado se rompa la dinámica de la violencia y la venganza y en esto consiste precisamente el perdón.
Como dice bien Edgar Morin, resulta indispensable una ética de la comprensión para resolver los problemas del mundo actual y esta ética requiere de una visión desinteresada que no busque ningún tipo de reciprocidad. Esta ética nos pide “comprender la incomprensión” y actuar desde esta comprensión de las raíces y las manifestaciones del fanatismo humano.
Para romper la polarización social que vive actualmente Colombia respecto a los acuerdos de paz resulta indispensable desarrollar una ética de la comprensión que tiene como eje central el perdón que no espera una respuesta recíproca.
Si queremos empezar a buscar una dinámica de construcción de la paz y la reconstrucción del tejido social en México es necesario también educar a los futuros ciudadanos en esta ética de la comprensión que mueve hacia el perdón que no significa de ninguna manera excusar lo que jurídicamente tenga que sancionarse pero tampoco acusar al otro desde una actitud de superioridad moral que resulta muchas veces cuestionada por nuestros hechos cotidianos.
Educar para comprender cómo se odia o desprecia y para actuar de manera compasiva y perdonar desde esta comprensión es un desafío del educador mexicano en estos tiempos de violencia.